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ECONOMÍA

15 de septiembre de 2026

Criar un hijo ya cuesta más que medio sueldo: el drama de las familias que trabajan

La Canasta de Crianza del INDEC llegó en agosto a $713.070 mensuales para un chico de 6 a 12 años. La cifra equivale a casi el 80% del ingreso que obtiene un trabajador ubicado en la mitad de la distribución salarial. Con empleo formal que vuelve a retroceder, desempleo en 7,8% y salarios que no alcanzan a acompañar el costo de sostener una familia, criar dejó de ser solamente una cuestión privada: se convirtió en uno de los principales problemas económicos de los hogares argentinos.

Criar un hijo en Argentina cuesta cada vez más y el dato oficial permite ponerle un número concreto a una realidad que millones de familias viven todos los días. En agosto de 2026, la Canasta de Crianza del INDEC alcanzó $557.303 para menores de un año, $663.900 para niños de 1 a 3 años, $567.243 para los de 4 a 5 años y $713.070 para quienes tienen entre 6 y 12 años. El cálculo no incluye solamente comida: incorpora bienes y servicios esenciales y, además, monetiza el tiempo que los adultos deben dedicar al cuidado.

El número más alto, $713.070, representa un salto particularmente fuerte cuando se lo compara con los ingresos reales de la población ocupada. El último dato disponible de la Encuesta Permanente de Hogares, correspondiente al primer trimestre de 2026, ubicó en $900.000 la mediana del ingreso de la ocupación principal: es decir, la mitad de los trabajadores ganó hasta ese monto y la otra mitad por encima. El ingreso promedio de la ocupación principal fue de $1.104.227.

La cuenta es brutalmente sencilla: la crianza de un solo hijo de entre 6 y 12 años demanda el equivalente al 79% del ingreso laboral de un trabajador ubicado en la mediana. Incluso frente al ingreso promedio de la ocupación principal, representa casi el 65%. Y frente al salario promedio de los asalariados relevados por la EPH, de $1.136.558, absorbe alrededor del 63%. No significa que una familia deba destinar todo el sueldo de un adulto exclusivamente al hijo, porque los hogares tienen más de un ingreso y otras fuentes de recursos; sí sirve para dimensionar el enorme peso que tiene un hijo sobre los ingresos laborales.

Hay una segunda comparación todavía más incómoda: la canasta de crianza de un niño de 6 a 12 años equivale a 1,86 salarios mínimos. El Salario Mínimo, Vital y Móvil quedó fijado en $383.800 desde septiembre de 2026. En otras palabras, un trabajador que cobra el piso legal necesita casi dos salarios mínimos completos para cubrir la canasta mensual de un solo hijo de esa edad.

Y la ecuación tampoco mejora demasiado para los más chicos. La canasta para un menor de un año representa cerca del 62% de la mediana del ingreso laboral; la de 1 a 3 años ronda el 74%, mientras que la de 4 a 5 años equivale aproximadamente al 63%. No existe una edad barata para las familias promedio cuando se mide el costo contra lo que efectivamente entra en un salario.

El componente del cuidado explica buena parte de esa presión. Para un bebé menor de un año, el INDEC asigna un valor de cuidado que representa una porción muy importante del total, mientras que a medida que el niño crece gana peso el gasto en bienes y servicios. En julio, por ejemplo, la canasta de 6 a 12 años alcanzó $697.268 y el monto siguió aumentando hasta los $713.070 de agosto. Esa última cifra implica una suba de alrededor del 2,3% mensual, por encima del 1,7% de inflación general registrada por el INDEC en agosto.

El problema adquiere otra dimensión cuando se observa el mercado laboral. La última medición disponible de la EPH ubicó la tasa de desocupación en 7,8%, la tasa de empleo en 44,8% y la subocupación en 11,1% durante el primer trimestre de 2026. En otras palabras, no solamente importa cuánto gana quien tiene trabajo: también existe una proporción significativa de la población que directamente no consigue una ocupación de jornada suficiente o permanece fuera del empleo.

Los registros administrativos tampoco muestran un mercado laboral particularmente expansivo. En junio de 2026 había 12,757 millones de trabajadores registrados, con una caída mensual de 0,1%; dentro de ese universo, los asalariados privados eran 6,09 millones y también retrocedieron 0,1% en el mes. La Encuesta de Indicadores Laborales, que releva empresas privadas en los principales aglomerados, registró para julio una caída interanual del empleo de 1,1%.

El dato tiene especial relevancia porque el propio mercado laboral está modificando su composición. Un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA señaló que en 2025 el sector microinformal representó 55,8% del empleo, mientras que los trabajadores por cuenta propia informales, changas y otras formas de autoempleo de subsistencia aumentaron su participación. El sector público, en cambio, pasó del 14,6% al 13,5% de los ocupados entre 2024 y 2025.

Es decir que la discusión no puede reducirse a si subió o bajó el salario promedio. La calidad y estabilidad del empleo también determinan cuánto puede sostener una familia. Un ingreso informal, fluctuante o insuficiente puede convertir una canasta de $700.000 en una barrera mucho más pesada que para un hogar con dos salarios formales estables. La informalidad, además, afecta alrededor del 40% de la población ocupada desde hace décadas, según un informe de la Secretaría de Trabajo.

Los salarios muestran una recuperación nominal, pero eso no significa que el problema haya desaparecido. El RIPTE llegó a $1.946.028 en julio de 2026, aunque ese indicador corresponde a trabajadores estables del empleo registrado y no representa al conjunto de los ocupados. En paralelo, el índice de salarios del INDEC había acumulado hasta abril un aumento interanual de 36,9%, mientras la estructura del mercado laboral mostraba desempleo, informalidad y pérdida de puestos privados.

La desigualdad también aporta una pieza central. El INDEC registró un coeficiente de Gini de 0,442 en el primer trimestre de 2026, por encima del 0,435 de un año antes. La brecha entre la mediana de los ingresos per cápita familiares del decil más rico y del más pobre fue de 15 veces. La recuperación del ingreso, por lo tanto, no se distribuye de manera uniforme.

Mientras tanto, la pobreza infantil sigue mostrando una dimensión que no puede separarse del costo de crianza. UNICEF estimó que el 42,3% de los niños, niñas y adolescentes vivía en hogares pobres durante el segundo semestre de 2025, mientras que el 9,4% se encontraba en situación de indigencia. La organización advirtió además que sus proyecciones para el primer semestre de 2026 podían mostrar un rebote de la pobreza infantil hacia niveles cercanos al 44%.

El cuadro es todavía más complejo porque el costo económico de tener hijos no termina en alimentos y pañales. Educación, salud, vivienda, transporte, vestimenta y las horas de cuidado forman parte del cálculo oficial. Y sobre ese gasto directo existe otro costo menos visible: el tiempo que los adultos dejan de destinar al trabajo para cuidar, particularmente durante los primeros años. El propio diseño metodológico del INDEC y los estudios de UNICEF incorporan esa dimensión para evitar que las tareas de cuidado queden invisibilizadas.

En la Ciudad de Buenos Aires, donde el costo de vida es todavía más elevado, la brecha es mayor. El organismo estadístico porteño registró para mayo de 2026 canastas de crianza que iban desde unos $932.573 hasta $1,48 millones, según la edad y el sexo del niño. La comparación no es directamente equivalente con la medición nacional porque utiliza una metodología propia y valores de la Ciudad, pero sirve para mostrar hasta qué punto el costo puede dispararse en los centros urbanos de mayor nivel de precios.

Este contraste golpea directamente contra una de las promesas centrales de cualquier estrategia de crecimiento: que recuperar el empleo y estabilizar la economía debería traducirse en una mejora perceptible de la vida cotidiana. Los datos actuales muestran una situación más ambigua. Hay recuperación nominal de ingresos y una inflación mucho más baja que la registrada en los peores momentos de la crisis, pero el empleo privado todavía no exhibe una expansión sólida y la distribución de los ingresos continúa mostrando una fuerte desigualdad.

La propia estructura presupuestaria agrega otra discusión. UNICEF advirtió en su análisis del Presupuesto 2026 que la inversión pública destinada a niñas, niños y adolescentes debe ser protegida porque las decisiones presupuestarias tienen impacto directo sobre educación, salud, protección social y cuidados. La organización viene siguiendo este punto desde 2020 y señaló la necesidad de sostener políticas dirigidas a la infancia frente a las restricciones fiscales.

En el fondo, los números plantean una pregunta que excede cualquier discusión partidaria: ¿cuánto de un salario puede seguir destinándose a criar cuando una parte creciente de los hogares ya tiene ingresos insuficientes, inestables o directamente carece de empleo?

La respuesta aparece en los propios datos. Para una familia con dos trabajadores que cobran exactamente la mediana de ingresos laborales, el costo de un hijo de 6 a 12 años equivaldría aproximadamente al 40% de los ingresos laborales conjuntos. Para una familia con un único salario mediano, se llevaría casi ocho de cada diez pesos. Y para quien percibe solamente el salario mínimo, ni siquiera alcanza un sueldo completo.

Argentina puede mostrar mejores números macroeconómicos en algunos indicadores, pero la macroeconomía no compra útiles escolares, alimentos, ropa, medicamentos ni horas de cuidado. Para las familias, la verdadera prueba no está solamente en las estadísticas de inflación: está en cuánto queda en el bolsillo después de pagar el costo de sostener una vida.

Y hoy, para demasiados trabajadores, la cuenta sigue sin cerrar.

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