Domingo 6 de Septiembre de 2026

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POLÍTICA

6 de septiembre de 2026

Milei se abraza a Malvinas mientras las encuestas le dan la espalda y el Wall Street Journal lo retrató

El Wall Street Journal interpretó el giro soberanista como una maniobra para recuperar aire político frente a la caída de la aprobación presidencial, el malestar económico y la cercanía de las elecciones de 2027.

La decisión de Javier Milei de volver a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la agenda política no pasó inadvertida fuera de la Argentina. The Wall Street Journal publicó un análisis particularmente incómodo para la Casa Rosada: sostuvo que, ante la caída de su popularidad y las dificultades de su programa económico, el Presidente está recurriendo a una causa nacionalista históricamente utilizada por dirigentes argentinos cuando enfrentan problemas políticos.


El planteo del periódico estadounidense no es una afirmación judicial ni una prueba sobre las intenciones privadas del Presidente. Es una interpretación política. Pero adquiere relevancia porque aparece acompañada por una serie de datos que muestran que el Gobierno llega a septiembre de 2026 con un escenario bastante más complejo que el que enfrentaba durante sus primeros meses de gestión.

El propio Wall Street Journal describe una combinación de factores: aprobación en descenso, malestar económico, pérdida de empleos y un programa de reformas que enfrenta dificultades mientras se aproxima un nuevo ciclo electoral. En ese contexto, el medio interpreta la recuperación del discurso sobre Malvinas como una búsqueda de apoyo a través de un tema capaz de atravesar las divisiones partidarias.

Una lectura que ahora también aparece desde el exterior

La observación del WSJ adquiere mayor peso porque no es el único medio internacional que detectó una relación entre el giro sobre Malvinas y la situación política doméstica.

Reuters también puso el foco sobre el bajo nivel de aprobación de Milei. En su cobertura del 5 de septiembre señaló que el Presidente cuenta con una aprobación de 36,8%, de acuerdo con una encuesta de Zuban Córdoba, y citó a Benjamin Gedan, director del programa para América Latina del Stimson Center, quien consideró que, teniendo en cuenta los números de las encuestas y las señales provenientes de Donald Trump sobre una eventual revisión de la posición estadounidense, resulta comprensible que Milei haya adoptado una postura más dura.

The Guardian también presentó el giro como un cambio significativo respecto de la postura que Milei había mostrado anteriormente sobre la cuestión. El diario británico destacó que el Presidente utilizó los comentarios de Trump como argumento para hablar de un eventual cambio en el escenario internacional y, al mismo tiempo, vinculó el nuevo discurso con las dificultades económicas y políticas internas.

Desde España, El País describió la utilización del renovado fervor por Malvinas en un contexto de creciente tensión política y económica, aunque también señaló un dato que complejiza cualquier lectura puramente electoral: la causa tiene un fuerte arraigo social y constituye uno de los pocos asuntos capaces de generar un consenso nacional que atraviesa buena parte de las divisiones políticas.

La lectura internacional, por lo tanto, no es que Malvinas sea un invento coyuntural de Milei. La causa existe, tiene respaldo social y forma parte de la política de Estado argentina. Lo que los observadores externos ponen bajo la lupa es el momento elegido por el Presidente para convertirla nuevamente en una de las principales banderas de su Gobierno.

Las encuestas explican por qué la lectura del WSJ encontró terreno fértil

Los números de opinión pública muestran un deterioro que ya no puede ser reducido a una única encuesta.

Un relevamiento de AtlasIntel y Bloomberg difundido en julio había registrado una desaprobación del 58,2% y una aprobación del 39,7% para Milei. La serie mostraba además que la desaprobación había llegado al 63% en marzo, mientras que la evaluación negativa del Gobierno había alcanzado un máximo del 59% en abril.

Pero durante agosto aparecieron mediciones todavía más incómodas para la Casa Rosada. La encuesta de Zuban Córdoba citada por Reuters ubicó la aprobación en 36,8%. Otra medición de la misma consultora registró que el 65,3% desaprobaba la gestión y que el 61,9% preferiría votar por otra alternativa en 2027.

El dato resulta particularmente relevante porque Milei todavía conserva competitividad electoral. Una encuesta publicada por El Cronista mostró que La Libertad Avanza continuaba como primera fuerza en intención de voto con 34%, pese a que el 58% desaprobaba la gestión. Es decir, el desgaste del Presidente todavía no se tradujo automáticamente en una derrota electoral del oficialismo.

Esa paradoja es central para entender el momento político. Milei puede estar perdiendo aprobación sin haber perdido todavía la capacidad de competir. La oposición, fragmentada, tampoco consigue convertir todo el rechazo al Gobierno en una alternativa electoral consolidada.

Por eso el problema para la Casa Rosada no es simplemente cuántos puntos tiene hoy el Presidente. El interrogante es si la erosión continuará durante 2026 y llegará a 2027 convirtiendo un gobierno todavía competitivo en un oficialismo vulnerable.

El problema ya no es solamente la inflación

Otro dato que ayuda a explicar el cambio de clima social es que la discusión económica comenzó a desplazarse.

Durante buena parte de la primera etapa de Milei, la inflación ocupó el centro de las preocupaciones. La administración libertaria consiguió una reducción significativa del ritmo de aumento de precios y convirtió esa desaceleración en uno de los principales argumentos de su balance de gestión.

Pero la percepción social comenzó a incorporar otros problemas.

Un relevamiento difundido en agosto mostró que el desempleo pasó a ubicarse como la principal preocupación para el 36% de los encuestados, por encima de la corrupción, la inflación y la inseguridad. Además, el 64% manifestó temor a que algún integrante de su familia pierda el empleo en los meses siguientes.

Otro análisis de TN, basado en la conversación económica en redes sociales, encontró que el trabajo concentraba más del 44% de las preocupaciones económicas durante agosto, muy por encima de otros indicadores. El dato apunta a una transformación de la discusión: la sociedad ya no pregunta solamente cuánto suben los precios, sino si la recuperación económica llega al bolsillo y al mercado laboral.

Los datos oficiales muestran una economía que no está en recesión generalizada, pero tampoco permiten hablar de una recuperación homogénea. El INDEC informó un crecimiento interanual del EMAE de 0,8% en junio y una tasa de desocupación de 7,8% para el primer trimestre de 2026.

Esa diferencia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana es uno de los problemas políticos centrales del Gobierno. La economía puede mostrar sectores que crecen y, al mismo tiempo, una parte importante de la población puede no sentir una mejora suficiente en sus ingresos, empleo o capacidad de consumo.

Y entonces aparece Malvinas

El 3 de septiembre, Milei utilizó una cadena nacional para colocar nuevamente a Malvinas en el centro de la agenda. El Presidente reivindicó la soberanía argentina y anunció un paquete de medidas frente al avance del proyecto petrolero Sea Lion, entre ellas un decreto reglamentario, un proyecto de ley y una ofensiva contra empresas vinculadas con la explotación hidrocarburífera en las islas.

Al día siguiente, el Gobierno informó además el inicio de procedimientos sancionatorios contra 45 personas humanas y jurídicas vinculadas, según la administración nacional, con actividades hidrocarburíferas en la zona.

El Decreto 868/2026 formalizó parte de esa estrategia y estableció un procedimiento más rápido para investigar eventuales infracciones a la Ley 26.659, además de designar a la Cancillería como autoridad de aplicación y exigir declaraciones juradas a quienes busquen permisos hidrocarburíferos.

Por lo tanto, no se trata únicamente de un discurso. El Gobierno puso en marcha medidas concretas.

Pero eso no invalida la lectura política del WSJ. Una decisión puede tener contenido institucional y, al mismo tiempo, responder a una oportunidad política.

De hecho, la propia consultora Zuban Córdoba había detectado en agosto una fuerte sensibilidad social frente a las cuestiones de soberanía y recursos naturales. En un relevamiento, el 65,3% manifestó que priorizaría para 2027 una propuesta más nacionalista o soberanista en materia de tierras, recursos naturales y relaciones internacionales.

Ahí aparece una coincidencia difícil de ignorar: Milei enfrenta un desgaste en las encuestas y, simultáneamente, adopta una bandera que las propias mediciones muestran que puede resultar electoralmente atractiva.

El giro tiene una oportunidad política evidente

El contraste con la primera etapa de Milei vuelve todavía más llamativo el cambio.

El Presidente había elogiado públicamente a Margaret Thatcher y durante su gestión sostuvo una estrategia que buscó fortalecer la relación con el Reino Unido, mientras había hablado de la posibilidad de que los habitantes de las islas eventualmente eligieran vincularse con la Argentina.

Ahora, en cambio, Milei endureció el discurso, anunció sanciones contra empresas vinculadas al proyecto petrolero y presentó la recuperación de la soberanía como uno de los grandes objetivos de su Gobierno.

El giro fue observado incluso por analistas internacionales. Reuters lo calificó como un cambio respecto de la postura más diplomática que había caracterizado al Gobierno y señaló que la ofensiva se produce en un momento en que Milei busca la reelección en 2027 y registra bajos niveles de aprobación.

Pero hay un elemento que impide reducir toda la estrategia a una maniobra de distracción: la causa Malvinas tiene un respaldo social real. Incluso sectores opositores recibieron favorablemente algunas de las medidas anunciadas, aunque cuestionaron el momento y el alcance de la reacción.

En otras palabras, Milei no eligió un tema marginal. Eligió uno de los pocos asuntos capaces de producir identificación nacional por encima de las fronteras partidarias.

El problema es qué viene después

La dificultad para el Gobierno será convertir el impacto político inicial en resultados concretos.

La ofensiva contra las petroleras puede fortalecer el discurso soberanista, pero no modifica por sí misma el mercado laboral, los salarios, el consumo o las expectativas económicas. Tampoco resuelve la tensión central que muestran las encuestas: una parte significativa de los argentinos sigue sin percibir que la recuperación macroeconómica se transforme en una mejora suficiente de su situación personal.

Y existe otra cuestión: Malvinas puede reunir consenso, pero ese consenso no necesariamente se traduce en votos para quien reivindica la causa.

La propia investigación de Zuban Córdoba citada por Reuters muestra que la imagen de Milei se encuentra en niveles bajos. La consultora había señalado además que el Presidente atraviesa su momento más difícil desde que asumió y que la aprobación viene deteriorándose de manera sostenida.

Por eso el verdadero desafío de la Casa Rosada no parece ser conseguir que los argentinos vuelvan a hablar de Malvinas. Eso ya ocurrió.

El desafío será conseguir que, cuando la discusión vuelva inevitablemente al empleo, los salarios, el consumo, la inflación y las condiciones de vida, el Gobierno tenga respuestas capaces de recuperar el terreno perdido.

Una bandera histórica en un momento político incómodo

La interpretación del Wall Street Journal puede incomodar al Gobierno porque pone en palabras una sospecha que también aparece en distintos análisis nacionales: cuando la gestión económica pierde capacidad para dominar la agenda, la política busca otros terrenos donde recuperar iniciativa.

Malvinas ofrece exactamente eso: identidad nacional, historia, soberanía, un adversario externo y un tema sobre el cual existe un consenso social mucho más amplio que el que actualmente tiene el Gobierno.

Pero la causa no nació con Milei y tampoco le pertenece políticamente. Es una política de Estado reconocida por la Constitución Nacional y sostenida por gobiernos de diferentes signos políticos.

La discusión, entonces, no debería ser si Malvinas es una causa legítima. Lo es para el Estado argentino. La pregunta política es otra: ¿Milei está aprovechando una oportunidad internacional para reforzar una política de Estado o está utilizando una causa nacional para recuperar una agenda que la economía y las encuestas le están quitando?

La respuesta definitiva no la dará una cadena nacional ni un titular del Wall Street Journal. La darán los próximos meses, cuando se mida si el renovado discurso soberanista consigue transformar el desgaste de la gestión en recuperación política.

Por ahora, el dato más incómodo para la Casa Rosada es que la lectura ya no proviene solamente de sus adversarios. Un diario económico y político de referencia en Estados Unidos también observa a un Milei obligado a buscar aire en una bandera histórica mientras su gobierno enfrenta una etapa de mayor desgaste, con las elecciones de 2027 cada vez más cerca.

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