ECONOMÃA
26 de agosto de 2026
El comercio mendocino enfrenta una ola de despidos: ya se perdieron 580 empleos
El Centro de Empleados de Comercio contabilizó unos 580 puestos formales perdidos entre enero y julio y estima que agosto llevará la cifra por encima de los 600. El dato implica casi quintuplicar la destrucción de empleo registrada durante el mismo período de 2025 y llega en medio de cierres, menor consumo, endeudamiento de las familias y una creciente precarización laboral.
El problema ya no se mide solamente en persianas bajas.
En Mendoza, la crisis del comercio comenzó a trasladarse con mayor velocidad al mercado de trabajo. El Centro de Empleados de Comercio (CEC) contabilizó alrededor de 580 empleos formales perdidos entre enero y julio de 2026 y advirtió que el número podría superar los 600 puestos cuando termine agosto. La comparación interanual muestra la profundidad del deterioro: durante el mismo período de 2025 habían desaparecido unos 120 empleos del sector.
El salto representa un incremento cercano al 383% respecto de aquel registro de 2025.
No se trata, además, de una fotografía aislada. La pérdida de puestos aparece acompañada por una sucesión de cierres, rotación de locales, menor actividad y dificultades para sostener las pequeñas empresas comerciales.
El dato más reciente del CEC llega cuando el calendario comercial que podía funcionar como salvavidas ya quedó atrás: Día del Padre, vacaciones de invierno, Mundial de fútbol y Día del Niño no alcanzaron para cambiar la tendencia.
Y eso deja una señal especialmente incómoda para la economía provincial: si el consumo no logra recuperarse ni siquiera durante períodos tradicionalmente favorables para las ventas, el problema deja de ser coyuntural.
De 120 a 580: el salto que preocupa al gremio
Fernando Ligorria, secretario general del CEC, puso números al deterioro. Según el relevamiento gremial, en los primeros siete meses de 2025 se habían perdido unos 120 empleos comerciales. Este año, en cambio, el registro llegó a 580 antes de terminar julio.
El sindicato también advirtió sobre un fuerte incremento de los despidos durante los últimos meses, que ubica en torno al 380%.
Hay que hacer una precisión importante: estos números corresponden al relevamiento del CEC y no equivalen a una medición oficial del empleo registrado provincial. El dato oficial permite observar la evolución global del mercado laboral, mientras que el sindicato aporta una fotografía específica del sector comercial y de los trabajadores que representa.
La diferencia metodológica no invalida el dato gremial, pero obliga a no presentarlo como si fuera una estadística del INDEC o de la Secretaría de Trabajo. Lo que sí aparece en distintas fuentes es un mismo escenario: el mercado interno continúa mostrando dificultades para recuperar vigor y el comercio minorista permanece bajo presión.
El consumo vuelve a quedar en el centro de la escena
La evolución de las ventas minoristas nacionales aporta contexto.
Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas pyme cayeron 3,8% interanual en julio, retrocedieron 2,1% frente a junio y acumularon una baja del 2,7% durante los primeros siete meses de 2026.
El dato resulta especialmente relevante porque junio había mostrado una recuperación interanual de 0,9%. Sin embargo, CAME explicó que ese resultado estuvo favorecido por el cobro del aguinaldo y por el movimiento comercial asociado al Mundial. En julio, agotado ese impulso extraordinario, las ventas volvieron a terreno negativo.
Seis de los siete grandes rubros relevados por CAME terminaron julio con bajas interanuales. Textil e indumentaria cayó 5,6%; bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles retrocedió 5,5%; y alimentos y bebidas, 5,4%. La única excepción fue ferretería, materiales eléctricos y construcción, con una mejora del 1%.
La conclusión es difícil de esquivar: el problema del comercio no parece estar limitado a un puñado de negocios que administraron mal sus costos. Hay una contracción de la demanda que atraviesa buena parte del mercado minorista.
El salario no alcanza y el crédito empieza a ocupar su lugar
La discusión sobre el consumo tiene además una segunda dimensión.
CAME salió recientemente al cruce del diagnóstico oficial sobre el endeudamiento de las familias y sostuvo que el mayor uso del crédito no necesariamente refleja un boom de consumo de bienes durables, sino que también responde a hogares que necesitan financiar alimentos, bebidas y medicamentos.
Ese fenómeno tiene una consecuencia directa sobre el comercio. Cuando una familia comienza a utilizar crédito para cubrir gastos corrientes, una porción creciente de sus ingresos futuros queda comprometida. Y cuando llega el momento de comprar ropa, renovar un electrodoméstico, cambiar un calzado o adquirir un producto que no sea indispensable, la decisión se posterga.
El comercio queda atrapado en el medio: menos ventas, mayores costos y clientes con menor capacidad de compra. En Mendoza, el CEC ubica al salario promedio del sector en torno a $1,2 millones, sin considerar antigüedad, aunque advierte que la informalidad hace que una parte de los trabajadores perciba ingresos considerablemente menores.
El dato que no aparece en las persianas bajas
El cierre de un local suele medirse por la superficie que queda vacía. Pero para el mercado laboral la consecuencia es otra. Es el trabajador que deja de cobrar un sueldo.
El CEC estima que entre empleo registrado y no registrado alrededor de 70.000 personas dependen del comercio en Mendoza. La cifra incluye distintas modalidades de inserción laboral y, por eso, no debe confundirse con la cantidad de asalariados registrados del sector.
La importancia del comercio dentro del entramado laboral mendocino también aparece en estudios de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE): comercio, hotelería y restaurantes constituyen una de las principales ramas de ocupación provincial.
Por eso, cada deterioro en el sector tiene un efecto que excede a los empleados directamente involucrados. Menos trabajadores significa menos ingresos familiares. Menos ingresos significan menos consumo. Menos consumo presiona nuevamente a los comercios. Y el circuito puede retroalimentarse.
La evidencia oficial muestra un mercado laboral que tampoco está cómodo
El relevamiento del Gobierno nacional tampoco describe un escenario expansivo.
La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que releva mensualmente empresas privadas en los principales aglomerados urbanos, registró para mayo de 2026 una caída mensual del empleo de 0,1% y una contracción interanual de 1,1%. En el interior, la caída interanual fue del 1%. La encuesta incluye al Gran Mendoza entre los aglomerados relevados.
La EIL no permite atribuir ese porcentaje exclusivamente al comercio mendocino, pero sí aporta un dato importante para dimensionar el contexto: el deterioro que denuncia el CEC ocurre dentro de un mercado laboral privado que tampoco está generando empleo a un ritmo suficiente.
El panorama provincial tampoco es uniforme. Un informe del Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo de la Universidad Nacional de San Martín señaló que Mendoza mostraba una situación de relativa estabilidad frente a otras provincias cuyanas, con un comportamiento sostenido principalmente por el complejo agroindustrial.
Ese dato introduce una diferencia relevante: Mendoza no atraviesa una caída homogénea de toda su economía. El problema parece concentrarse con mayor fuerza en aquellas actividades dependientes del mercado interno. Y el comercio es una de ellas.
Las persianas que bajaron en agosto
Agosto terminó convirtiéndose en una vidriera de esa crisis.
En Mendoza cerraron el hipermercado Libertad de Godoy Cruz, dos sucursales de Carrefour y locales de la tradicional zapatería Batistella, entre otros comercios mencionados en el relevamiento periodístico.
El cierre del hipermercado Libertad tuvo un impacto particularmente visible: después de 26 años de actividad, dejó 75 trabajadores despedidos según los reportes periodísticos sobre el caso.
En Carrefour, mientras tanto, continúan las negociaciones entre la empresa y el sindicato para determinar cuántos trabajadores podrán conservar sus puestos. Una nueva audiencia fue fijada para el 31 de agosto.
Estos casos no explican por sí solos los 580 puestos contabilizados por el CEC. Pero sirven para comprender qué hay detrás de la cifra. No son solamente números en una planilla: son trabajadores concretos que pierden su fuente de ingresos.
El comercio chico es el que más sufre
Según Ligorria, el impacto es especialmente fuerte entre las pymes y micropymes, que tienen estructuras pequeñas y menos margen para absorber una caída prolongada de las ventas.
Los mayoristas, de acuerdo con el dirigente, lograron sostenerse algo mejor. El problema aparece con mayor crudeza en los negocios que dependen directamente del consumidor final.
La explicación es sencilla. Un comercio pequeño tiene menos espalda financiera, menos capacidad para acumular stock, menos posibilidades de negociar condiciones con proveedores y menor margen para sostener varios meses de ventas bajas.
Cuando la caja deja de alcanzar, el último escalón suele ser el empleo. Primero se congelan contrataciones. Después se reducen horas. Luego aparecen retiros voluntarios. Y finalmente llegan los despidos o el cierre.
El trabajador queda atrapado entre el cierre y la precarización
Uno de los aspectos más delicados denunciados por el CEC es que la crisis no termina cuando una persona conserva su empleo.
Según el sindicato, comenzaron a aparecer propuestas de retiros voluntarios por debajo de las indemnizaciones habituales y con pagos en cuotas, además de situaciones en las que trabajadores serían presionados para renunciar.
Estas situaciones deben ser entendidas como denuncias del sindicato, no como hechos generalizados comprobados en todo el sector. Pero exponen una tendencia preocupante. Cuando un trabajador teme que mañana cierre el comercio donde trabaja, su capacidad de negociación se reduce.
El miedo también modifica las relaciones laborales. Ligorria describió una suerte de “psicosis” entre quienes conservan sus puestos por temor a que el próximo cierre los deje sin ingresos.
Así, la crisis produce dos efectos simultáneos:
desemplea a quienes salen y precariza las condiciones de quienes permanecen.
No todos los locales vacíos significan una economía paralizada
Hay, sin embargo, otro dato que conviene incorporar para evitar una fotografía exagerada.
Desde la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza señalaron que el aumento de cierres no necesariamente se traduce en una acumulación equivalente de locales vacíos, porque existe una fuerte rotación: algunos negocios cierran mientras otros abren, se producen cambios de razón social y aparecen bajas temporarias.
Incluso en medio de la crisis se registran nuevas aperturas. El problema es que una apertura no necesariamente compensa en términos laborales a un cierre. Un nuevo comercio puede tener menos empleados, operar con otra estructura de costos o funcionar bajo un modelo comercial diferente.
Por eso, contar persianas puede resultar engañoso. El indicador más importante es qué ocurre con el empleo, los salarios, las horas trabajadas y el volumen real de ventas.
El contrapunto: Mendoza no está igual en todos sus sectores
La economía provincial tiene motores que atraviesan una situación diferente.
El informe anual de IERAL sobre Mendoza muestra que durante 2025 el salario real privado formal de la provincia había logrado una recuperación y se encontraba a diciembre de ese año 4% por encima de noviembre de 2023, mientras que el promedio nacional estaba 1% por debajo.
Esto también obliga a poner el dato del comercio en contexto. No puede afirmarse que toda la economía mendocina esté colapsada. Hay actividades que sostienen empleo y sectores vinculados a exportaciones, agroindustria, minería, energía y turismo que presentan dinámicas diferentes.
El problema que emerge con mayor nitidez es otro: la recuperación macroeconómica que pueda mostrar una parte de la economía todavía no se traduce automáticamente en una recuperación del consumo masivo.
Y el comercio vive de esa demanda.
El Gobierno puede mostrar actividad, pero el comercio pide clientes
La Municipalidad de Ciudad de Mendoza, por ejemplo, sostiene que durante 2025 trabajó junto al sector privado para fortalecer polos comerciales, gastronómicos y turísticos. Según su balance oficial, las activaciones organizadas movilizaron más de 100.000 personas y generaron una facturación estimada en $1.200 millones, mientras que otros eventos también produjeron movimiento económico.
Son herramientas útiles. Pero tienen un límite. Un evento puede llenar una calle durante un fin de semana. Lo que necesita un comercio para sobrevivir es demanda sostenida durante todo el año. Por eso, la discusión de fondo excede la promoción comercial municipal. Tiene que ver con salarios, crédito, inflación, empleo, costos, alquileres, tarifas y expectativas.
El problema ya no es solamente vender menos
El dato de los 580 empleos perdidos muestra que la discusión económica está entrando en otra etapa. Durante una primera fase de la crisis, las empresas pueden absorber una caída de ventas reduciendo márgenes.
Después reducen inversiones. Más adelante ajustan inventarios y horas de trabajo. Cuando el deterioro continúa, empiezan a desaparecer puestos de trabajo.
Y cuando los trabajadores pierden ingresos, la demanda vuelve a caer. Ese círculo es especialmente peligroso para una provincia donde el comercio tiene un peso significativo dentro del mercado laboral.
Por eso la cifra que hoy aparece como “580” podría ser apenas el comienzo de una estadística más grande si la actividad no consigue revertir su tendencia durante los próximos meses.
La advertencia para Mendoza
El CEC espera superar los 600 empleos perdidos en agosto. La cifra definitiva deberá contrastarse con estadísticas oficiales cuando estén disponibles. Pero hay un dato que ya no necesita esperar: el comercio mendocino está destruyendo empleo a un ritmo muy superior al del año pasado.
La discusión, entonces, ya no debería limitarse a si la economía crece en términos agregados. La pregunta es mucho más concreta:
¿dónde está llegando esa recuperación y cuánto tarda en convertirse en empleo y consumo para las familias?
Porque para el trabajador despedido, para el pequeño comerciante que no puede cubrir los costos y para el negocio que baja la persiana, una recuperación que no llega a la caja registradora sigue siendo una promesa.
Y mientras tanto, Mendoza acumula puestos de trabajo perdidos. 580 hasta julio. Más de 600, según la proyección sindical, cuando termine agosto.
La cifra puede cambiar. La señal, por ahora, es difícil de ignorar.