POLÃTICA
6 de agosto de 2026
Caputo llamó "tarados" a quienes defienden la industria y reavivó el debate por el modelo económico
El ministro de Economía utilizó un duro calificativo para responder a las críticas sobre la situación del sector industrial. Sus declaraciones generaron una inmediata reacción de la Unión Industrial Argentina, que pidió "respeto", y volvieron a poner en discusión el impacto del programa económico sobre la producción y el empleo.
La discusión sobre el futuro de la industria argentina volvió a escalar, esta vez por el tono elegido por el ministro de Economía, Luis Caputo.
Durante una exposición ante ejecutivos de la Cámara de Agentes de Bolsa, el funcionario defendió el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei y apuntó contra quienes sostienen que la apertura económica y el nuevo esquema macroeconómico están debilitando al aparato productivo nacional.
"Para todos los tarados que hablan de la industria...", lanzó Caputo al sostener que entre 2011 y 2023 la actividad manufacturera cayó alrededor de un 10% pese a los subsidios y a la protección que, según afirmó, recibía el sector. También aseguró que los argentinos pagaban bienes "dos, tres o diez veces más caros" como consecuencia de ese modelo.
La frase, pronunciada en uno de los principales foros del sector financiero, rápidamente trascendió el debate económico para convertirse en un nuevo foco de confrontación política.
El Gobierno profundiza su defensa del modelo
En su exposición, Caputo insistió en que la competitividad de la economía argentina no depende de una devaluación sino de reformas estructurales.
El ministro volvió a señalar que el crecimiento estará impulsado por cuatro sectores que considera estratégicos: el agro, la energía, la minería y la economía del conocimiento.
Según su visión, esos sectores serán los principales generadores de divisas y permitirán consolidar la estabilidad macroeconómica, atraer inversiones y derramar crecimiento sobre el resto de la economía. También descartó que una devaluación sea la herramienta para mejorar la competitividad y sostuvo que el desafío pasa por reducir impuestos, desregular la economía y bajar el costo del financiamiento.
La respuesta de la industria
Las declaraciones no tardaron en generar respuestas.
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, evitó polemizar directamente con el ministro, pero marcó diferencias tanto en el contenido como en las formas.
"No son declaraciones felices que ayuden al diálogo que tanto se necesita", afirmó, al tiempo que sostuvo que defender la industria "no es incompatible con defender la estabilidad macroeconómica, la baja de la inflación y el equilibrio fiscal".
Rappallini agregó que el sector industrial no reclama privilegios sino condiciones para competir en igualdad, y enumeró como principales problemas la presión tributaria, los costos laborales, la infraestructura, el financiamiento, la competencia desleal de las importaciones y la caída del consumo.
El debate de fondo
Más allá del exabrupto verbal, las declaraciones de Caputo exponen dos modelos de interpretación sobre la economía argentina.
Para el Gobierno, la protección industrial aplicada durante años no logró construir un sector competitivo y terminó trasladando mayores costos a toda la economía mediante subsidios y precios elevados.
En cambio, cámaras empresarias, industriales y parte de la oposición sostienen que la apertura comercial acelerada, el elevado costo financiero y la caída del consumo están afectando especialmente a las pequeñas y medianas empresas manufactureras.
El debate también gira en torno a la velocidad de las reformas: mientras el oficialismo considera que la reasignación de recursos hacia los sectores más competitivos es parte del proceso de transformación económica, sus críticos advierten sobre el impacto que esa transición puede tener sobre el empleo industrial y las economías regionales.
Más que una discusión económica
El episodio también refleja un cambio en el tono del discurso oficial.
En lugar de limitarse a responder con indicadores económicos, el ministro eligió una descalificación directa hacia quienes cuestionan el rumbo de la política industrial.
Esa estrategia, habitual en el discurso político de Javier Milei, comienza a trasladarse también a otros integrantes del gabinete y vuelve más difícil el diálogo con sectores empresariales que, aunque respaldan el equilibrio fiscal y la baja de la inflación, reclaman políticas específicas para sostener la producción.
Mientras el Gobierno insiste en que la estabilidad macroeconómica terminará beneficiando a toda la economía, la discusión sobre el futuro de la industria continúa abierta y promete convertirse en uno de los ejes centrales del debate económico de los próximos meses.