POLÃTICA
6 de agosto de 2026
El Gobierno sufre una derrota clave en el Senado y se ve obligado a retirar su principal reforma sobre tierras
La Casa Rosada tuvo que dar marcha atrás con el capítulo más importante de su proyecto de propiedad privada por falta de apoyo político. El oficialismo no logró los votos para avanzar con la flexibilización de la compra de tierras por extranjeros y debió retirarlo a último momento, en lo que se considera un revés significativo para su agenda legislativa.
El Gobierno nacional llegó al Senado con la intención de impulsar una de sus reformas más ambiciosas: la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que incluía cambios profundos en el régimen de tierras en Argentina. Sin embargo, el núcleo más sensible del proyecto —la eliminación de las restricciones a la compra de tierras rurales por parte de extranjeros— quedó fuera antes de la votación.
La decisión no fue estratégica, sino forzada por la falta de respaldo político. El oficialismo no consiguió los votos necesarios y, ante la inminencia de una derrota en el recinto, optó por retirar el capítulo más relevante de la iniciativa.
El corazón del proyecto, fuera de juego
El punto que el Gobierno consideraba central era la modificación de la Ley 26.737 de Tierras Rurales, vigente desde 2011, que establece límites a la adquisición de tierras por parte de extranjeros.
Desde la Casa Rosada defendían su eliminación como una medida clave para atraer inversiones y dinamizar el mercado inmobiliario rural. Sin embargo, ese argumento no logró convencer a una parte importante del Senado ni a varios aliados provinciales, que expresaron fuertes reparos.
Gobernadores y legisladores de distintas fuerzas políticas advirtieron sobre el impacto que podría tener una liberalización total del régimen de tierras, especialmente en zonas estratégicas del país. Esa resistencia terminó por bloquear el avance del artículo más importante del proyecto.
Un retroceso político para el oficialismo
La retirada del capítulo sobre tierras extranjeras expuso una de las primeras derrotas legislativas de peso del Gobierno en el Senado. No se trató de una modificación técnica ni de un ajuste menor, sino del corazón mismo de la reforma que el Ejecutivo había presentado como prioritaria.
La imposibilidad de reunir mayorías obligó a la Casa Rosada a recortar su propia iniciativa para evitar un rechazo explícito en el recinto, lo que en los hechos dejó en evidencia la debilidad de su construcción política en la Cámara alta.
El episodio también volvió a mostrar la dependencia del oficialismo respecto de acuerdos con bloques provinciales, que en esta ocasión no acompañaron la iniciativa en su versión original.
El resto del proyecto sigue en pie
Pese a la retirada del capítulo más conflictivo, el Gobierno decidió mantener otros puntos de la reforma. Entre ellos, el nuevo régimen de desalojos, cambios en los procesos de expropiación y modificaciones vinculadas al uso de tierras afectadas por incendios.
Sin embargo, el impacto político del recorte opacó el resto del debate legislativo. Lo que el oficialismo había presentado como una reforma integral terminó reducido a una versión parcial, tras perder la pulseada en el punto que más le interesaba.
Un Senado que marca límites
La votación frustrada dejó en claro las dificultades del Gobierno para avanzar con su agenda en el Senado, donde no cuenta con mayoría propia y depende de negociaciones permanentes.
La resistencia al capítulo de tierras extranjeras fue transversal y reunió a legisladores de distintos espacios, lo que terminó sellando el destino del artículo más ambicioso del proyecto.
En ese contexto, la Casa Rosada debió elegir entre una derrota abierta o una retirada táctica. Optó por lo segundo, pero el costo político ya estaba marcado: el núcleo de su reforma más importante no logró superar el filtro parlamentario.
Un proyecto que pierde fuerza en su paso por el Congreso
La eliminación del capítulo sobre tierras extranjeras no solo modifica el contenido de la ley, sino que también debilita su alcance original. Lo que el Gobierno había planteado como una transformación estructural del régimen de propiedad privada llega ahora al debate legislativo con un perfil más acotado.
Aunque el oficialismo insiste en que la discusión no está cerrada y que podría retomarse en el futuro, la primera gran prueba parlamentaria de la iniciativa terminó con un retroceso en el punto que más interés generaba dentro del Ejecutivo.
El resultado deja una señal política clara: sin mayorías sólidas en el Congreso, incluso las reformas consideradas prioritarias pueden quedar condicionadas o directamente recortadas antes de su aprobación.