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25 de agosto de 2026

Mendoza se prepara para un Super Niño : cuándo llegaría el pico de riesgo y qué zonas están bajo vigilancia

El fenómeno ya está instalado en el Pacífico y los principales centros meteorológicos internacionales anticipan que seguirá fortaleciéndose. En Mendoza, los modelos provinciales ubican entre octubre y diciembre el período de mayor impacto y advierten por tormentas severas, granizo, crecidas, aluviones y anegamientos. La Provincia activó un plan con los 18 municipios, prepara un sistema de alerta hidrológica y trasladará un radar hacia la Cordillera. Pero hay una diferencia clave entre el escenario extremo y el que hoy se considera más probable.

Mendoza comenzó a prepararse para una temporada primavera-verano que podría ser mucho más complicada de lo habitual. El fenómeno El Niño ya se encuentra activo y continúa fortaleciéndose, mientras distintos modelos internacionales proyectan un episodio de intensidad excepcional.


La preocupación no se concentra solamente en cuánto va a llover. Para Mendoza, el riesgo está en cómo pueden combinarse las lluvias intensas, las tormentas convectivas, el granizo, la nieve acumulada en la Cordillera, el posterior deshielo, las crecidas de los ríos y los aluviones.

Por eso, el Gobierno provincial reunió a los 18 municipios y puso en marcha un esquema de prevención que involucra a Defensa Civil, Hidráulica, Irrigación, AEMSA, Aysam, Policía, Bomberos, Contingencias Climáticas y otros organismos.

Octubre, noviembre y diciembre: la ventana que concentra la preocupación

La principal pregunta es cuándo podría sentirse con mayor intensidad.

De acuerdo con los análisis presentados por el Gobierno de Mendoza, octubre, noviembre y diciembre aparecen como los meses de mayor impacto esperado. La meteoróloga Elizabeth Naranjo Tamayo explicó que para ese trimestre se proyecta una probabilidad del 95% de alcanzar la máxima intensidad del fenómeno.

Esto no significa que Mendoza vaya a atravesar tres meses de tormentas permanentes ni que pueda anticiparse hoy una inundación determinada.

Los pronósticos climáticos de largo plazo trabajan sobre probabilidades y tendencias. Una tormenta concreta depende de condiciones atmosféricas que recién pueden determinarse con pronósticos de menor plazo.

El dato, entonces, no es que “va a llover durante tres meses”, sino que la atmósfera podría encontrarse durante ese período en una configuración más favorable para eventos meteorológicos intensos. El efecto podría prolongarse, según los especialistas consultados por la Provincia, hasta el otoño de 2027.

El dato que obliga a bajar el alarmismo: ¿qué tan “Súper” será?

Hay una diferencia importante entre la forma en que se está comunicando el fenómeno y los escenarios técnicos que se utilizan para planificar. “Súper Niño” es una expresión utilizada para describir un episodio particularmente intenso de El Niño, pero no constituye una categoría científica oficial.

El Plan Interinstitucional de Prevención elaborado por AEMSA contempla distintos escenarios. El escenario central utilizado para dimensionar la respuesta corresponde a un Niño fuerte, con una anomalía proyectada de 1,76 °C. En cambio, el escenario denominado “Súper Niño” contempla un pico de 2,49 °C, pero su probabilidad estimada actualmente es del 25%.

Esto significa que Mendoza no está planificando sobre la hipótesis de que necesariamente ocurrirá el escenario más extremo. Está trabajando sobre un escenario fuerte y, al mismo tiempo, preparando mecanismos que permitan aumentar la respuesta si el fenómeno escala.

La diferencia no es menor. Porque mientras algunos titulares hablan de un fenómeno “sin precedentes”, los organismos técnicos trabajan con escenarios probabilísticos y no con certezas.

Pero los modelos internacionales sí encendieron las alarmas

Aunque el escenario más extremo todavía no es el más probable para Mendoza, las previsiones internacionales muestran que El Niño está adquiriendo una fuerza poco habitual.

El Centro de Predicción Climática de la NOAA informó el 13 de agosto que El Niño se está fortaleciendo y estimó más de 90% de probabilidad de un evento muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-2027. Además, calculó un 69% de probabilidad de que entre octubre y diciembre se alcance un evento de magnitud histórica, superando los valores de referencia utilizados desde 1950.

Los registros de julio ya mostraban anomalías importantes: +1,4 °C en Niño 3.4, +1,7 °C en Niño 3 y +2,9 °C en Niño 1+2. En el Pacífico ecuatorial oriental las anomalías de temperatura superficial superaron los 2 °C.

El Met Office británico fue incluso más contundente. Su análisis del 21 de agosto señaló que las previsiones de su modelo muestran temperaturas superiores a 3 °C de anomalía en la región Niño 3.4, un valor que, de concretarse, colocaría al episodio entre los más extraordinarios de los registros modernos.

Pero incluso allí aparece una advertencia fundamental: se trata de pronósticos y no de una certeza sobre el comportamiento climático de cada región.

¿Qué puede pasar en Mendoza?

En la provincia, el escenario de riesgo está asociado fundamentalmente a la posibilidad de que aumenten la frecuencia y la intensidad de determinados eventos.

Entre los fenómenos bajo vigilancia aparecen:

  • tormentas convectivas fuertes;
  • lluvias intensas en períodos cortos;
  • granizo;
  • vientos Zonda;
  • anegamientos urbanos;
  • crecidas de ríos cordilleranos;
  • aluviones en zonas del piedemonte;
  • mayor humedad y temperaturas elevadas;
  • tormentas secas e incendios de interfase.

La ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, señaló que los modelos utilizados por la Provincia contemplan precisamente tormentas convectivas, vientos y mayores precipitaciones.

El riesgo tampoco se distribuye de manera uniforme. El Plan Interinstitucional identifica como áreas de especial atención al piedemonte del Gran Mendoza, el área metropolitana, Valle de Uco, San Rafael, sectores de la Cordillera y zonas del Este provincial.

La nieve: el otro componente de la ecuación

En Mendoza hay un factor que obliga a mirar más allá de las tormentas de verano: la nieve acumulada en la Cordillera.

El agua que hoy permanece almacenada en forma de nieve constituye una reserva fundamental para las cuencas mendocinas, pero posteriormente se transforma en caudal cuando llega el deshielo.

Por eso, la combinación entre una temporada con buena acumulación nívea y eventuales precipitaciones intensas durante los meses cálidos obliga a seguir de cerca la evolución de los ríos y cauces.

En Cuyo, además, El Niño no tiene la misma señal histórica que presenta en el Litoral argentino. La disponibilidad hídrica mendocina continúa dependiendo en gran medida de la nieve cordillerana y de su posterior deshielo.

La propia información histórica difundida por el Gobierno de Mendoza advierte que no existe una relación simple entre El Niño y un aumento generalizado de las precipitaciones en Mendoza, aunque los años Niño pueden favorecer condiciones de mayor humedad y tormentas graniceras más intensas durante el verano.

Es justamente por eso que la prevención no puede reducirse a esperar más lluvia.

Mendoza prepara un nuevo sistema de alerta

Una de las principales medidas anunciadas por la Provincia es la creación del Sistema de Alerta Temprana Hidrológico de Mendoza.

El proyecto busca integrar en un único sistema información de AEMSA, el Departamento General de Irrigación, Hidráulica y el Instituto Nacional del Agua, entre otros organismos. La idea es ir más allá del tradicional aviso meteorológico. El sistema deberá permitir estimar cuánto escurrimiento puede generar una determinada lluvia, qué caudal puede alcanzar un cauce y cuánto tiempo podría tardar el agua en llegar a una zona determinada.

Las alertas también tendrán un componente directo para la población. El Gobierno anunció que las notificaciones georreferenciadas serán enviadas mediante la aplicación Mendoza por Mí, que ya cuenta con más de 500.000 usuarios registrados. La previsión es que el sistema comience a funcionar con información consolidada hacia mediados de septiembre.

Un radar cambiará de lugar

La estrategia también incorpora tecnología de monitoreo.

AEMSA dispone actualmente de 60 estaciones meteorológicas y tres radares. Una de las medidas anunciadas consiste en trasladar un radar que actualmente funciona en San Martín hacia la zona cordillerana para mejorar la cobertura sobre las cabeceras de las cuencas.

El movimiento tiene una lógica: mejorar la capacidad de observar los sistemas meteorológicos que pueden impactar sobre las zonas de montaña y las cuencas.

Pero también abre un interrogante que deberá seguirse durante la temporada: qué impacto tendrá esa redistribución de cobertura sobre otras zonas de la provincia, particularmente el Este, donde el granizo constituye uno de los riesgos productivos más importantes.

La prevención no consiste solamente en sumar herramientas, sino también en garantizar que la cobertura sea suficiente donde los fenómenos pueden desarrollarse.

Los cauces, una vulnerabilidad que no depende de El Niño

Hay un problema mucho más terrenal que cualquier modelo climático: la basura.

Durante la reunión con los intendentes, el Gobierno informó que Hidráulica retiró alrededor de 1.500 toneladas de residuos de los cauces durante 2026. La cifra muestra tanto el esfuerzo de limpieza como la magnitud del problema.

Los residuos, escombros y áridos reducen la capacidad de escurrimiento de los colectores. Cuando llega una tormenta intensa, una obstrucción puede transformar una infraestructura diseñada para evacuar agua en un punto de desborde. La Provincia también informó sobre obras hidráulicas en el piedemonte y el Sur, además de la reparación prevista del colector Tiraso.

El problema no termina en las obras

El Gobierno provincial puso el acento en la infraestructura, pero los datos sobre preparación social muestran que existe otro frente vulnerable.

Una encuesta de la consultora Demokratía difundida por Los Andes indicó que el 78,12% de los mendocinos no sabe cómo actuar o a qué organismo recurrir frente a una catástrofe natural. Solo el 5,09% afirmó conocer los procedimientos y números de contacto. El panorama doméstico tampoco es alentador.

El 49,87% de los hogares consultados no tiene ninguna medida preventiva preparada. Un 44,53% posee algunos elementos, pero de manera desorganizada, y apenas el 5,60% cuenta con un kit de emergencia y/o un plan familiar claro.

Esto introduce una dimensión que suele quedar relegada detrás de los radares y las obras: un sistema de alerta sirve si la población sabe qué hacer cuando recibe la alerta.

Qué recomiendan las autoridades

Defensa Civil de Mendoza mantiene recomendaciones básicas frente a episodios de lluvias intensas: limpiar y mantener desagües, evitar arrojar hojas y residuos en las acequias, revisar techos y mantenerse informado a través de los canales oficiales.

En una provincia atravesada por acequias, colectores aluvionales y cauces que atraviesan zonas urbanas, una obstrucción puede tener consecuencias inmediatas. Por eso, la preparación para El Niño no comienza cuando aparece una nube de tormenta.

Empieza antes: con infraestructura mantenida, cauces despejados, sistemas de alerta funcionando, organismos coordinados y una población que conozca cómo reaccionar.

Mendoza no enfrenta una certeza: enfrenta un escenario de riesgo

El fenómeno que avanza sobre el Pacífico merece atención, pero también precisión.

No existe evidencia que permita afirmar que Mendoza sufrirá necesariamente una temporada catastrófica. Tampoco es correcto trasladar automáticamente a la provincia las previsiones de lluvias extraordinarias que se observan para el Litoral argentino.

El Niño modifica probabilidades. No determina por sí solo cuándo, dónde ni cuánto va a llover. Pero hay suficientes señales como para justificar la preparación.

Los organismos internacionales coinciden en que El Niño continuará fortaleciéndose. Los modelos provinciales ubican el período de mayor impacto entre octubre y diciembre. Y Mendoza ya conoce el costo que pueden tener las tormentas severas cuando se combinan con granizo, cauces obstruidos, infraestructura exigida al límite y población poco preparada.

Por eso, la verdadera prueba para la provincia no será solamente meteorológica.

Será institucional.

Si el escenario severo finalmente se presenta, la pregunta será si las alertas llegaron a tiempo, si los municipios estuvieron coordinados, si los cauces pudieron absorber el agua y si la población sabía qué hacer. El Niño todavía es una probabilidad. La necesidad de estar preparados, no.

Para tener en cuenta

Mayor período de riesgo: octubre, noviembre y diciembre.

Escenario central utilizado por AEMSA: Niño fuerte, con anomalía proyectada de 1,76 °C.

Probabilidad estimada de escenario “Súper Niño”: 25%.

Escenario extremo contemplado: pico de 2,49 °C.

Principales riesgos: tormentas severas, granizo, lluvias intensas, crecidas, aluviones, anegamientos e incendios asociados a tormentas secas.

Zonas bajo especial vigilancia: Gran Mendoza y piedemonte, Valle de Uco, San Rafael, Cordillera y sectores del Este.

Nueva herramienta: Sistema de Alerta Temprana Hidrológico.

Canal previsto para alertas a la población: aplicación Mendoza por Mí.

Monitoreo: 60 estaciones meteorológicas y tres radares, con el traslado de uno de ellos desde San Martín hacia la Cordillera.

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