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ECONOMÍA

8 de junio de 2026

Vivir en Mendoza cuesta más de $1,3 millones por mes, pero los salarios siguen corriendo detrás de los precios

Mientras una familia mendocina necesita más de $1,36 millones mensuales para no caer bajo la línea de pobreza, miles de trabajadores estatales y privados continúan negociando salarios que, según gremios y especialistas, no logran recuperar el terreno perdido frente al costo de vida.

La discusión salarial en Mendoza suele concentrarse en las paritarias, los porcentajes de aumento y las negociaciones entre el Gobierno provincial y los gremios. Sin embargo, detrás de cada acuerdo existe una pregunta mucho más concreta: cuánto dinero necesita realmente una familia para vivir y cuánto gana efectivamente un trabajador.


Los últimos datos oficiales muestran una realidad que preocupa tanto a especialistas como a organizaciones sindicales. Según la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), una familia tipo mendocina necesitó en abril de 2026 ingresos por $1.361.503 para no ser considerada pobre. Para no caer en la indigencia fueron necesarios al menos $569.666 mensuales.

Estas cifras representan el piso estadístico necesario para cubrir alimentación, transporte, vivienda, educación, salud y otros gastos esenciales. Sin embargo, para muchas familias el desafío cotidiano va más allá de superar esa línea y pasa por sostener una calidad de vida estable en un contexto económico cada vez más exigente.

El salario promedio no alcanza para despejar las preocupaciones

Los últimos relevamientos salariales muestran que Mendoza continúa rezagada respecto de otras provincias argentinas.

Informes económicos difundidos durante este año ubican el salario promedio provincial en torno a los $1,2 millones mensuales, posicionando a Mendoza entre las jurisdicciones con menores ingresos promedio del país y por debajo de varias provincias comparables, incluso dentro de la región de Cuyo.

La comparación deja un dato llamativo: el salario promedio formal se encuentra muy cerca de la línea de pobreza que marca la propia estadística oficial para una familia tipo.

A esto se suma un factor que suele quedar oculto detrás de los promedios generales. Las cifras incluyen salarios elevados de sectores específicos, por lo que miles de trabajadores estatales, municipales, docentes, profesionales de la salud y empleados de servicios perciben ingresos considerablemente menores.

Una pérdida que se arrastra desde hace años

La situación actual no puede analizarse sin observar lo ocurrido durante la última década. La inflación acumulada, los períodos de congelamiento salarial y las recomposiciones parciales fueron erosionando progresivamente el poder adquisitivo de los trabajadores.

El año 2020 continúa siendo uno de los puntos más recordados por los gremios estatales. En plena pandemia, amplios sectores de la administración pública provincial atravesaron largos períodos sin incrementos salariales significativos mientras los precios continuaban avanzando. Aquella pérdida nunca terminó de recuperarse completamente y sigue apareciendo como uno de los ejes centrales de los reclamos actuales.

Además, distintas organizaciones sindicales cuestionan que buena parte de los acuerdos salariales se calculan sobre bases de meses anteriores. Esto provoca que cuando los incrementos llegan efectivamente al bolsillo, una parte importante de la mejora ya haya sido absorbida por la inflación acumulada.

La inflación desacelera, pero el bolsillo no logra recuperarse

Aunque los índices inflacionarios muestran una desaceleración respecto de los años más críticos, numerosos economistas advierten que eso no implica automáticamente una recuperación del poder de compra.

Los aumentos en alimentos, servicios públicos, alquileres, transporte, medicamentos y educación continúan presionando sobre los ingresos familiares.

Por ese motivo, muchas familias perciben que, aun cuando sus salarios son nominalmente más altos que hace un año, la capacidad real para llegar a fin de mes no muestra una mejora proporcional.

¿Cuánto cuesta realmente vivir en Mendoza?

Más allá de la línea oficial de pobreza, distintos relevamientos privados coinciden en que el costo efectivo de sostener un hogar puede ubicarse bastante por encima de ese umbral cuando se incorporan gastos habituales como alquiler, cobertura médica privada, educación, movilidad, conectividad y actividades básicas de recreación.

En otras palabras, la línea de pobreza establece un parámetro mínimo, pero no necesariamente refleja el ingreso requerido para sostener un nivel de vida estable y sin sobresaltos económicos.

Una discusión que excede las paritarias

La reapertura de las negociaciones salariales vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede ampliamente los porcentajes de aumento. El debate de fondo gira alrededor de una cuestión cada vez más visible: si los ingresos de los trabajadores logran acompañar el costo real de vida de las familias mendocinas.

Con una canasta básica que supera los $1,36 millones, salarios que continúan rezagados respecto de otras provincias y un deterioro acumulado durante varios años, la pregunta empieza a repetirse en hogares, oficinas públicas y sectores productivos por igual: ¿cuánto debería ganar hoy un trabajador mendocino para vivir con tranquilidad y no simplemente para llegar a fin de mes?

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