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POLÍTICA

1 de septiembre de 2026

Los Milei y la paradoja patrimonial creciente: Karina creció cinco veces más que Javier

Las nuevas declaraciones juradas muestran que el patrimonio de Javier Milei aumentó 43,3% durante 2025, mientras que el de Karina Milei se disparó 209,7%. El salto de la secretaria General de la Presidencia fue impulsado principalmente por la revaluación de un departamento, pero los números vuelven a poner bajo la lupa el contraste entre la evolución de los bienes de los hermanos, los ingresos de los trabajadores y una frase que el propio Presidente pronunció este año: “al que peor le fue en esta economía, a mí”.

Las declaraciones juradas de Javier y Karina Milei correspondientes al ejercicio 2025 dejaron una fotografía incómoda para el discurso económico del Gobierno: mientras el Presidente asegura que el ajuste cayó sobre la “casta” y llegó a afirmar que él fue quien más perdió en términos reales, los bienes declarados por ambos hermanos terminaron el año por encima de los valores con los que lo habían comenzado. En el caso de Javier Milei, el patrimonio pasó de $206.046.375 a $295.182.652, un incremento nominal del 43,3%. En el de Karina, el salto fue mucho más pronunciado: de $11.401.021 a $35.312.784, equivalente a una expansión del 209,7%.


La comparación tiene una particularidad que no puede ser ignorada: Karina Milei multiplicó por más de tres su patrimonio declarado durante 2025, mientras que Javier lo incrementó poco más de 1,4 veces. En términos porcentuales, el crecimiento de la secretaria General de la Presidencia fue casi cinco veces superior al del Presidente. Pero eso no significa que Karina haya generado durante ese año una riqueza equivalente a ese porcentaje: la mayor parte de la diferencia se explica por la actualización del valor fiscal de un inmueble que ya poseía.

Y ahí aparece el dato que hace todavía más llamativa la comparación. El departamento de 150 metros cuadrados con cochera que Karina tiene en Vicente López pasó de una valuación declarada de $3.992.825 a $28.162.492, un incremento del 605,3%. Esa sola actualización representó unos $24,17 millones, mientras que el crecimiento total de los bienes declarados por la funcionaria fue de $23,91 millones. Es decir, prácticamente todo el salto patrimonial bruto puede explicarse por la nueva valuación del inmueble y no por una súbita multiplicación de sus ingresos o de sus ahorros.

La propia documentación obliga entonces a ponerle un asterisco a cualquier lectura triunfalista o acusatoria. Las declaraciones juradas oficiales utilizan criterios fiscales para valuar determinados bienes y no necesariamente reflejan el precio al que podrían venderse en el mercado. Por eso, afirmar que Karina “ganó” un 210% durante 2025 sería incorrecto. Lo que sí puede afirmarse es que su patrimonio declarado aumentó nominalmente 209,7%, una diferencia que surge de los propios documentos presentados ante la Oficina Anticorrupción.

La hermana que creció mucho más que el Presidente

La situación de Javier Milei también necesita una lectura más fina. El Presidente declaró bienes, depósitos y dinero por $295,18 millones al cierre de 2025, contra $206,05 millones al comienzo del período. La diferencia fue de $89,1 millones y representa una suba nominal del 43,3%. Sin embargo, Chequeado determinó que aproximadamente $73 millones de esa diferencia corresponden a cambios en la valuación de bienes que ya estaban en su patrimonio.

La casa de 100 metros cuadrados que posee en la Ciudad de Buenos Aires pasó de una valuación fiscal de $38,4 millones a $73,57 millones. Sus dos vehículos mantuvieron prácticamente la misma valuación: una Mercedes-Benz Sprinter por $20,17 millones y un Peugeot RCZ Coupé por $16,25 millones. Además, Milei declaró unos US$85.562 entre efectivo y depósitos bancarios, una cantidad que prácticamente no varió durante el año.

En otras palabras, el crecimiento patrimonial de Milei tampoco equivale automáticamente a que haya generado $89 millones adicionales de riqueza durante 2025. Una porción sustancial surge de la actualización de activos preexistentes y de la conversión a pesos de sus tenencias en moneda extranjera. De hecho, medido en dólares, el patrimonio del Presidente prácticamente no se modificó entre el comienzo y el final del ejercicio.

La diferencia con Karina, sin embargo, permanece: ella pasó de $11,4 millones a $35,3 millones en bienes declarados, mientras que su hermano pasó de $206 millones a $295 millones. La secretaria General tuvo un crecimiento porcentual patrimonial casi cinco veces superior al del Presidente, aun cuando partía de una base mucho menor.

La paradoja frente al sueldo de cada uno

Hay otro dato que vuelve más interesante el contraste. Durante 2025 Karina Milei declaró ingresos brutos por trabajo personal por $46,59 millones. Después de deducciones por $13,47 millones, informó un ingreso neto de $33,12 millones y gastos personales por $33,69 millones. Su declaración, por lo tanto, no permite sostener que haya ahorrado $23,9 millones durante el año: la explicación central de ese salto está en el inmueble.

Javier Milei, por su parte, informó ingresos brutos por $93,88 millones, provenientes de renta del trabajo personal y de rentas de empresas y auxiliares de comercio. Sus ingresos netos declarados rondaron los $81,8 millones y sus gastos personales fueron de aproximadamente $66,26 millones.

Por eso, la diferencia patrimonial entre ambos no puede utilizarse como una comparación directa de quién ganó más dinero. Javier tuvo ingresos considerablemente superiores y un patrimonio final casi diez veces mayor. Karina, en cambio, registró el mayor crecimiento porcentual debido fundamentalmente a la revaluación de su vivienda.

Pero la discusión política no desaparece por esa aclaración. Al contrario: obliga a mirar qué ocurrió con el patrimonio de los funcionarios mientras el Gobierno sostenía que el sacrificio recaía sobre quienes habían vivido durante años de los privilegios del Estado.

El problema de compararlos con cualquier trabajador

La comparación con los asalariados argentinos también requiere cuidado. No es técnicamente correcto decir que “un empleado promedio aumentó su patrimonio 38,2%” porque el índice del INDEC mide salarios, no patrimonio. Pero sí existe un dato oficial que permite dimensionar la distancia entre ambos fenómenos.

Durante 2025, el índice de salarios del INDEC aumentó 38,2% en términos nominales: 28,7% para los trabajadores privados registrados, 28,9% para el sector público. En el mismo período, la inflación acumulada fue del 31,5%.

El patrimonio declarado por Javier Milei creció 43,3%, unos cinco puntos porcentuales por encima de la inflación. El de Karina Milei, en cambio, avanzó 209,7%, aunque —como quedó explicado— casi todo ese salto está asociado a la valuación de su departamento. La comparación no prueba que los Milei hayan “ganado” en términos reales lo mismo que indican esas cifras nominales, pero sí expone una diferencia brutal entre el tamaño de los movimientos patrimoniales declarados y la evolución de los ingresos laborales de millones de argentinos.

Incluso el RIPTE, indicador oficial de remuneraciones imponibles de trabajadores estables, muestra una evolución mucho más modesta: pasó de $1.234.658 en enero de 2025 a $1.633.547 en diciembre, mientras que en el transcurso del año los aumentos mensuales fueron considerablemente menores que el salto patrimonial nominal registrado por los hermanos.

Y esa diferencia adquiere otra dimensión cuando se recuerda que el Gobierno presenta la estabilidad macroeconómica y la recuperación del poder adquisitivo como parte central de su relato. La pregunta inevitable es cuánto de esa recuperación llega realmente al bolsillo y cuánto queda reflejado en las valuaciones patrimoniales de quienes ocupan los lugares más altos del poder.

“¿Saben a quién es al que peor le fue? A mí”

La frase que vuelve sobre la mesa fue pronunciada por Javier Milei en abril de 2026, durante la cena anual de la Fundación Libertad. El Presidente defendía allí su política económica y sostenía que los salarios públicos habían sido los grandes perjudicados del ajuste. Entonces lanzó una afirmación que rápidamente se convirtió en uno de los pasajes más discutidos de su discurso: “¿Saben a quién es al que peor le fue en esta economía en términos reales? A mí”.

La explicación presidencial fue que su sueldo permanecía congelado desde que asumió. Milei aseguró además que era el presidente que menos ganaba de América.

Hay una parte objetivamente cierta detrás de esa afirmación: el Decreto 931/2025 excluyó expresamente al Presidente y a la Vicepresidenta de los incrementos otorgados a otras autoridades superiores y mantuvo congeladas sus remuneraciones. Según datos oficiales recopilados por Chequeado, Milei continuaba percibiendo $4.066.018 mensuales, mientras que su remuneración había perdido 69,6% de poder adquisitivo desde diciembre de 2023 al ser comparada con la inflación acumulada.

Pero existe una diferencia fundamental entre salario real y patrimonio. Que el sueldo presidencial haya quedado congelado no significa que el patrimonio del Presidente haya quedado congelado. De hecho, la declaración jurada muestra que sus bienes, depósitos y dinero aumentaron nominalmente 43,3% durante 2025. Y en el caso de su hermana, la expansión declarada fue todavía mayor.

Ahí está la paradoja que el discurso presidencial deja abierta: Milei no puede concluir que él haya sido “el que peor estuvo” económicamente durante el año. Su propia declaración patrimonial muestra una realidad bastante más compleja.

El Presidente que dice haber perdido mientras su patrimonio aumenta

El punto políticamente sensible no es que un funcionario tenga un patrimonio que crece. Una declaración jurada existe precisamente para transparentar bienes, ingresos, deudas y movimientos patrimoniales. Tampoco hay, en los documentos conocidos, una prueba de que el crecimiento patrimonial de Javier o Karina Milei sea producto de una conducta ilícita.

El problema es otro: la distancia entre la narrativa política y la fotografía patrimonial.

El Gobierno construyó buena parte de su legitimidad sobre la idea de que el ajuste debía recaer sobre la dirigencia y no sobre la sociedad. Milei habló reiteradamente de terminar con los privilegios de la política, mientras presentó su propio congelamiento salarial como una demostración de sacrificio personal. La declaración jurada no invalida ese argumento, pero sí introduce un dato que el relato presidencial no puede esquivar: mientras su sueldo permaneció congelado, el patrimonio declarado del Presidente aumentó.

Y en el caso de Karina aparece una segunda paradoja. La funcionaria que partía de un patrimonio muchísimo menor que el de su hermano terminó registrando durante 2025 un incremento porcentual que multiplica varias veces al del jefe de Estado. Nuevamente: no porque haya multiplicado sus ingresos en esa proporción, sino porque el valor fiscal de su principal propiedad se disparó.

El dato más llamativo, entonces, no es que los Milei se hayan enriquecido en un año. Eso sería una conclusión que los documentos no permiten sostener en esos términos. Lo llamativo es que el patrimonio declarado de ambos se movió en una dirección muy diferente a la imagen de empobrecimiento que el propio Presidente utiliza cuando habla de su situación salarial.

La política también se mide en números

La declaración jurada de un funcionario no es una radiografía perfecta de su riqueza. Los valores fiscales pueden quedar muy por debajo del precio de mercado y las variaciones nominales pueden estar influidas por la inflación, el tipo de cambio y las actualizaciones contables. Esa advertencia es imprescindible para cualquier análisis serio.

Pero también sería un error mirar los números como si fueran inocuos. Las declaraciones patrimoniales son documentos públicos que permiten controlar cómo evolucionan los bienes de quienes toman decisiones sobre la economía de millones de personas.

En 2025, mientras el IPC avanzó 31,5% y los salarios subieron 38,2% en promedio, el patrimonio declarado de Javier Milei aumentó 43,3% y el de Karina Milei 209,7%. Las causas de esas variaciones son diferentes y deben ser explicadas: en ambos casos, las revaluaciones de inmuebles tienen un peso determinante.

Pero queda una imagen difícil de ignorar: el Presidente que asegura que fue quien más sufrió el ajuste terminó presentando una declaración jurada con casi $90 millones más en bienes, depósitos y dinero; su hermana, con ingresos laborales mucho menores y un patrimonio de partida mucho más chico, registró el salto porcentual más espectacular de los dos.

No demuestra corrupción. No demuestra enriquecimiento ilícito. No demuestra que los Milei hayan obtenido ganancias extraordinarias por ejercer el poder.

Pero sí demuestra algo más sencillo y políticamente incómodo: el sacrificio salarial que Milei utiliza como argumento para explicar su propia situación no es equivalente a la evolución de su patrimonio.

Y en una Argentina donde el Gobierno todavía les pide a millones de trabajadores que esperen los frutos de una transformación cuyos beneficios, según sus propios funcionarios, llegarán con el tiempo, la pregunta queda servida: ¿cuánto tarda en llegar la prosperidad al bolsillo de los argentinos y cuánto tarda en aparecer en las declaraciones patrimoniales del poder?

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