La Supercopa Internacional que Rosario Central ganó ante Estudiantes en Santiago del Estero todavía no terminó. El resultado está escrito: el Canalla se impuso 3-1, levantó el trofeo y tuvo en Ángel Di María a la gran figura de la tarde. Pero el partido dejó un tercer tiempo que ahora se juega en los escritorios de la AFA, con el informe arbitral, posibles sanciones y una discusión que volvió a poner bajo la lupa la relación entre Estudiantes, Rosario Central y la conducción del fútbol argentino.
El partido, disputado el sábado 26 de septiembre en el Estadio Único Madre de Ciudades, tuvo todos los ingredientes para una final caliente. Estudiantes llegaba como campeón del Trofeo de Campeones 2025 y Central como el equipo que había encabezado la tabla general de aquella temporada. La propia AFA había designado a Darío Herrera como árbitro y a Jorge Baliño como responsable del VAR.
Y la historia reciente entre ambos clubes no ayudaba precisamente a bajar la temperatura.
El antecedente que convirtió la final en una olla a presión
La tensión venía desde finales de 2025, cuando Estudiantes realizó el denominado “pasillo de espaldas” durante el reconocimiento a Rosario Central como campeón anual. Aquella escena derivó en sanciones disciplinarias contra futbolistas y dirigentes del Pincha, incluida una suspensión para Juan Sebastián Verón. Posteriormente, la AFA otorgó una amnistía general que dejó sin efecto las sanciones pendientes de los jugadores involucrados.
El episodio no quedó olvidado. Durante la conferencia previa a la final, Ignacio Ovando, defensor de Central, calificó aquel gesto como una falta de respeto. Del lado de Estudiantes, Leandro González Pírez buscó bajar el tono y sostuvo que aquella acción no había tenido como destinatario directo al club rosarino.
La final, entonces, empezó a jugarse antes de que Herrera hiciera sonar el silbato.
Di María apareció y cambió la historia
Estudiantes golpeó primero. Alexis Castro convirtió apenas iniciado el encuentro y puso al Pincha arriba. Central reaccionó con la jerarquía de su capitán: Di María igualó con un tiro libre y luego convirtió el penal que puso el 2-1. En el cierre, Julián Fernández aprovechó que Fernando Muslera había abandonado su arco en busca del empate y marcó desde lejos el 3-1 definitivo.
El partido tuvo, por lo tanto, un protagonista deportivo evidente. Di María terminó con dos goles y fue determinante para la consagración del equipo dirigido por Jorge Almirón.
Pero precisamente el segundo gol del rosarino abrió la primera gran discusión.
El penal que encendió todo
Sobre el final del primer tiempo, Enzo Copetti cayó dentro del área después de un contacto con Leandro González Pírez. Herrera dejó continuar inicialmente, pero Baliño intervino desde el VAR y pidió la revisión. Después de observar las imágenes, el árbitro sancionó penal.
Di María lo convirtió y Central pasó al frente.
Para Estudiantes, la decisión fue el comienzo de una sucesión de reclamos. La jugada fue discutida porque el contacto fue considerado insuficiente por el equipo platense, mientras que desde Central sostuvieron que existió una infracción dentro del área.
La novedad más importante apareció este lunes: Baliño salió públicamente a explicar la decisión. El responsable del VAR contó que Herrera inicialmente había entendido que Copetti se había dejado caer y que, después de revisar las imágenes, interpretó que existía un contacto que provocaba la caída del delantero. Para Baliño, ese toque podía encuadrarse como una acción imprudente.
La explicación no cerró la discusión, pero sí permite establecer algo con precisión: la intervención del VAR no fue producto de una decisión automática ni de una revisión ordenada después de una protesta de los jugadores. Baliño explicó que fue él quien llamó a Herrera para que revisara la acción y que ambos analizaron la jugada.
Di María, por su parte, defendió el fallo. Después del partido aseguró que había sido penal y comparó la acción con la infracción que recibió en la final del Mundial de Qatar 2022 ante Francia. “Es exactamente lo mismo”, sostuvo.
La segunda polémica: Elías Verón quedó al límite
El penal no fue la única jugada que hizo estallar a Estudiantes.
En el segundo tiempo, Elías Verón, que ya tenía una tarjeta amarilla, cometió una infracción sobre Adolfo Gaich. Desde el lado platense reclamaron que correspondía una segunda amonestación y, por lo tanto, la expulsión del defensor de Central.
Herrera no mostró la segunda amarilla.
La particularidad fue que Jorge Almirón decidió retirar a Verón poco después. El entrenador del Canalla evitó así que el jugador continuara expuesto a una posible expulsión. La jugada quedó incorporada al listado de decisiones que Estudiantes considera perjudiciales.
Y llegó la mano que volvió a abrir la discusión
Sobre el cierre apareció otra acción polémica. Gaich intentó controlar una pelota y el balón terminó impactando en el brazo de Ignacio Ovando dentro del área.
Estudiantes reclamó penal.
Herrera consultó con el VAR y la decisión fue continuar el juego. La interpretación arbitral fue que la posición del brazo podía considerarse natural para la acción y que la distancia entre el cabezazo y el contacto no permitía considerar la acción como sancionable. Baliño volvió a explicar este lunes que esa fue la lectura que hicieron desde la cabina.
La discusión se volvió todavía más compleja porque también hubo reclamos de Estudiantes por una posible infracción sobre Tomás Palacios. Baliño explicó igualmente esa jugada y sostuvo el criterio adoptado por el equipo arbitral.
Así, al final del partido habían quedado concentradas varias jugadas discutidas: el penal a Copetti, la posible segunda amarilla a Elías Verón, la mano de Ovando y el reclamo por la acción sobre Palacios.
Verón explotó y llevó la protesta hasta el campo
La reacción del presidente de Estudiantes fue uno de los principales focos del escándalo.
Durante el partido, Verón utilizó sus redes sociales para cuestionar el arbitraje y denunció que los hinchas de Estudiantes habían recibido un trato que consideró inadecuado en los accesos al estadio. En una publicación habló de “impunidad” y calificó la situación como una “puesta en escena ridícula”.
También publicó una imagen relacionada con el penal y cuestionó si había existido invasión durante la ejecución.
Pero la escena más fuerte llegó después del tercer gol de Central.
Tras el tanto de Julián Fernández, se produjo una discusión generalizada entre jugadores. Verón ingresó al campo de juego y fue directamente hacia Herrera. Las imágenes registraron un fuerte intercambio entre ambos. El presidente de Estudiantes utilizó expresiones como “ladrón” y responsabilizó al árbitro por lo sucedido.
El episodio puede tener consecuencias disciplinarias. Verón ya había sido sancionado en 2025 y el Tribunal deberá determinar ahora si corresponde una nueva pena y si sus antecedentes tienen incidencia en la decisión.
El festejo de Central también terminó en pelea
El tercer gol no solamente selló el campeonato. Fue la chispa que terminó haciendo explotar todo.
Después del tanto de Julián Fernández se produjeron empujones y golpes entre integrantes de ambos equipos. El conflicto continuó en el sector que conduce a los vestuarios y obligó a la intervención de distintos protagonistas para separar a los futbolistas.
Las imágenes del final recorrieron rápidamente las redes sociales y transformaron la celebración del título en un nuevo capítulo de la disputa entre ambos clubes.
Desde Central sostuvieron que el equipo no había provocado el enfrentamiento. Di María fue contundente después del partido: calificó el desenlace como “lamentable” y aseguró que su equipo no había hecho nada para que se produjera la pelea.
El delantero también reconoció que el antecedente del pasillo de espaldas había quedado en la memoria del plantel. Según explicó, los jugadores de Central sintieron aquel gesto como algo personal, aunque sostuvo que consideraba que el conflicto estaba superado.
Belloso y Verón trasladaron la pelea a los escritorios
El fuego cruzado no terminó con los jugadores.
Gonzalo Belloso, presidente de Rosario Central, salió a defender a su institución y cuestionó el comportamiento de Estudiantes durante la definición. El dirigente sostuvo que Central había vuelto a recibir una falta de respeto y vinculó el episodio con la historia reciente entre ambos clubes.
Del otro lado, Verón mantuvo su denuncia contra el arbitraje y apuntó contra la conducción del fútbol argentino.
El resultado fue una final que terminó generando dos relatos completamente diferentes.
Para Central, el equipo ganó un título después de dar vuelta el partido, tuvo a Di María como figura y fue un justo campeón. Jorge Almirón sostuvo después del encuentro que su equipo había sido “justo ganador” y defendió el desempeño de sus jugadores.
Para Estudiantes, el resultado deportivo quedó atravesado por una serie de decisiones arbitrales que, según su interpretación, incidieron directamente en el desarrollo del partido.
Una cosa es el hecho y otra la interpretación: Central fue campeón 3-1; las jugadas arbitrales fueron revisadas por VAR; y Estudiantes expresó públicamente su disconformidad. Lo que no puede afirmarse como un hecho probado es que haya existido una manipulación deliberada del resultado.
El gesto de Tapia que agregó otra capa al escándalo
La premiación también tuvo su propio capítulo.
Claudio “Chiqui” Tapia estuvo presente en el estadio y participó de la ceremonia vinculada con Rosario Central. Estudiantes, mientras tanto, protagonizó una escena cargada de ironía cuando sus futbolistas aplaudieron durante la aparición de la terna arbitral y expresaron así su disconformidad.
La presencia de Tapia añadió una dimensión institucional a una final que ya estaba atravesada por la disputa entre Verón y la conducción de la AFA.
No es un detalle menor. Verón ha mantenido durante los últimos años una relación conflictiva con determinados sectores de la estructura dirigencial del fútbol argentino y el enfrentamiento con Central se fue superponiendo con esa discusión.
Ahora viene el tercer tiempo: las sanciones
Al 28 de septiembre, no hay todavía una resolución definitiva sobre las sanciones derivadas de los incidentes.
El árbitro Darío Herrera debe elevar su informe y el Tribunal de Disciplina de la AFA deberá analizar las conductas de los jugadores y dirigentes involucrados. Entre los posibles alcanzados aparece Verón por su ingreso al campo y sus expresiones contra el árbitro, además de los futbolistas que participaron de la pelea.
El problema no es solamente determinar quién será sancionado, sino también dónde se cumplirán las eventuales penas.
La Supercopa Internacional es una competencia de una sola fecha anual. Por eso, una sanción por partidos podría generar un problema reglamentario si se pretendiera cumplir exclusivamente en futuras ediciones del mismo torneo. El antecedente del Trofeo de Campeones 2022 y las posteriores amnistías de AFA agregan otro elemento a la discusión.
El Tribunal tendrá que establecer un criterio y, según distintos reportes, la intención es que el caso permita fijar un precedente para situaciones similares.
Una final que terminó mostrando mucho más que fútbol
Rosario Central tiene el trofeo. Di María tiene dos goles y una noche que quedará en la historia del club. Almirón tiene un nuevo título. Pero la Supercopa Internacional también dejó expuestas las tensiones que atraviesan al fútbol argentino: la discusión sobre el arbitraje, el poder dirigencial, los antecedentes entre clubes y una relación cada vez más áspera entre quienes protagonizan esas disputas.
El problema es que el partido terminó siendo casi secundario frente a todo lo que ocurrió alrededor.
La designación de Herrera ya había generado discusión antes del encuentro. El penal de Copetti abrió el conflicto. La segunda amarilla que no llegó para Elías Verón mantuvo la tensión. La mano de Ovando volvió a encender los reclamos. El tercer gol disparó la pelea. Verón fue a buscar al árbitro. Los jugadores terminaron enfrentados. Belloso respondió. Di María tomó partido por la interpretación de Central. Y ahora la AFA deberá decidir las consecuencias disciplinarias.
La pelota terminó en manos de Rosario Central.
La polémica, en cambio, quedó instalada en la AFA.