Martes 22 de Septiembre de 2026

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POLÍTICA

22 de septiembre de 2026

Olivos bajo sospecha de corrupción: compras millonarias, un catering privado y la salida de Agudiez

Belén Agudiez dejó la Subsecretaría de Planificación General tras casi tres años dentro de la estructura presidencial y en medio de una creciente polémica por el funcionamiento de la Quinta de Olivos. La salida fue oficializada como una renuncia por “motivos personales”, pero llega después de despidos en la residencia, denuncias de Marcela Pagano sobre compras de alimentos, vínculos familiares y un supuesto uso de recursos públicos para un catering privado. La Justicia ya investiga otra licitación millonaria vinculada a Olivos y la Casa Rosada.

La salida de María Belén Agudiez dejó de ser un movimiento administrativo más dentro del Gobierno y pasó a convertirse en una pieza de un rompecabezas mucho más grande. El 21 de septiembre, el Boletín Oficial publicó el Decreto 1055/2026, firmado por Javier Milei y Diego Santilli, mediante el cual se aceptó, con efecto desde el día anterior, la renuncia de la funcionaria a la Subsecretaría de Planificación General de la Secretaría General de la Presidencia. El decreto no menciona ningún escándalo ni investigación y se limita a agradecerle los servicios prestados.


La versión oficial, entonces, es simple: Agudiez renunció por motivos personales. El problema es que la salida ocurrió inmediatamente después de una semana de movimientos extraordinarios en la Quinta de Olivos y de la difusión de acusaciones que apuntan directamente al funcionamiento de esa residencia. Medios como La Nación, Infobae y Noticias Argentinas recogieron, además, versiones internas que hablan de un creciente clima de desconfianza, filtraciones y malestar alrededor del manejo del lugar.

Agudiez no era una funcionaria periférica. Milei la había designado subsecretaria de Planificación General mediante el Decreto 17/2024, con vigencia desde el 2 de enero de 2024. Desde esa estructura dependían áreas vinculadas con la planificación de servicios, mantenimiento, infraestructura y funcionamiento de dependencias presidenciales, incluida la Residencia de Olivos. El organigrama oficial de la Presidencia la ubicaba por encima de la Administración General de la residencia.

Por debajo de esa estructura estaba Osvaldo Javier Sosa, quien ejercía como Administrador General de la Residencia Presidencial de Olivos. Su designación transitoria fue prorrogada por Karina Milei en junio de 2026. Sosa es, además, pareja de Analía Agudiez y, según las denuncias y coberturas periodísticas, cuñado de Belén. Esos vínculos familiares se volvieron centrales cuando el Gobierno decidió desplazarlo junto con otros trabajadores civiles de la Quinta.

La primera explicación oficial para aquella purga tampoco estuvo relacionada con compras ni contrataciones. El Gobierno confirmó el 17 de septiembre que había despedido a 12 trabajadores civiles de Olivos y que Casa Militar pasaría a concentrar la seguridad y progresivamente otras funciones de la residencia. La explicación entregada por fuentes oficiales fue la existencia de “filtraciones” sobre actividades del Presidente y de su círculo cercano.

La Casa Militar tiene formalmente entre sus atribuciones la seguridad del Presidente, su familia y la propia Residencia de Olivos, de modo que el traspaso de funciones no es incompatible con la normativa vigente. Pero la dimensión de la reestructuración fue significativa: se redujo el personal civil, se apartó a Sosa y se modificó la forma en que se administraba una residencia que hasta entonces dependía de una estructura civil dentro de la Secretaría General.

Y fue justamente en ese escenario cuando apareció Marcela Pagano con una denuncia que cambió el eje de la discusión. La diputada presentó documentación y amplió sus acusaciones sobre el funcionamiento de Olivos, apuntando a posibles maniobras de peculado, fraude contra la administración pública, negociaciones incompatibles y otras irregularidades. Es importante aclarar que se trata de acusaciones formuladas por la legisladora y que no equivalen a delitos probados. La presentación fue llevada a la Justicia para que esos hechos sean investigados.

El capítulo más explosivo de la denuncia tiene que ver con la cocina de la residencia. Pagano sostuvo que estaba bajo responsabilidad de Analía Agudiez, hermana de Belén y pareja de Sosa, y afirmó que los alimentos adquiridos por el Estado podían estar siendo utilizados para abastecer un emprendimiento privado de catering identificado como “Pancitos Caseros”. La hipótesis que la legisladora puso a consideración de la Justicia es que productos comprados con fondos públicos pudieron haber terminado en servicios privados de gastronomía.

La acusación ganó fuerza política porque Pagano difundió una póliza de seguros contratada en marzo de 2024 que identificaba como “personal de catering” a varias personas vinculadas con la administración de Olivos, entre ellas Sosa, Analía Agudiez y dos trabajadoras de la residencia. El documento fue publicado por la diputada y posteriormente analizado por El Disenso. Esa publicación es parte del material que Pagano pide que sea investigado y no constituye por sí misma una sentencia sobre el uso efectivo de esos trabajadores en actividades privadas.

La conexión con las compras de alimentos es el punto que más preguntas genera. A fines de agosto, la Secretaría General convocó oficialmente la Licitación Pública 0016/2026 para adquirir productos cárnicos y de pescadería destinados a Casa de Gobierno y Residencia Presidencial de Olivos. El proceso fue publicado en el Boletín Oficial y tramitado mediante COMPR.AR. La convocatoria estableció una orden de compra abierta y contempló cantidades de productos que, según el análisis difundido de su pliego, alcanzaban aproximadamente 29 toneladas entre carne, pollo, pescado y otros productos, con un volumen económico de referencia cercano a $500 millones.

Hay una precisión fundamental: una licitación con orden de compra abierta no significa que el Estado haya comprado, recibido y pagado automáticamente todo lo que figura como cantidad máxima. La propia convocatoria establece un marco para futuras órdenes de compra. Por eso, afirmar que ya se gastaron $500 millones en esos alimentos sería incorrecto. Lo que sí puede afirmarse es que la Presidencia abrió oficialmente ese procedimiento de adquisición para abastecer a Casa Rosada y Olivos, y que el volumen previsto alimentó las denuncias de Pagano.

La cuestión no aparece por primera vez en 2026. La propia Secretaría General había licitado en 2024 productos cárnicos y de pescadería para Casa de Gobierno y Olivos mediante una orden de compra abierta. También había autorizado otra licitación para frutas y verduras destinada a esas mismas dependencias. En julio de 2024, aquella contratación de frutas y verduras fue autorizada y firmada por la propia Agudiez. Es decir, la adquisición de alimentos para Olivos y Casa Rosada estaba dentro de las competencias administrativas de la estructura que ella conducía.

A esta historia se suma otro frente que ya llegó a los tribunales. En mayo, Pagano denunció una licitación de unos $700 millones para mantenimiento preventivo, correctivo y riego de los espacios verdes de Olivos y Casa de Gobierno. El procedimiento, identificado como 23-0005-LPU26, tuvo como oferentes a La Mantovana de Servicios Generales SA y Grub SA. La Comisión Nacional de Defensa de la Competencia había determinado en un dictamen de 2024 que ambas empresas formaban parte de un mismo grupo económico.

Ese antecedente dejó de ser solamente político. El fiscal federal Ramiro González pidió al juez Sebastián Ramos que requiriera el expediente completo antes de decidir si correspondía impulsar una investigación penal. La Fiscalía explicó que necesitaba conocer el estado del proceso y verificar qué había ocurrido con la contratación. Es decir, la Justicia no dio por probado un delito, pero sí consideró necesario revisar formalmente la licitación cuestionada.

El caso de la jardinería también alimentó las sospechas alrededor del entramado familiar. Pagano afirmó que el empresario Franco Castelli, vinculado a las firmas oferentes, tendría relación con Agudiez y que el procedimiento habría presentado una competencia aparente. Esa relación personal y la eventual existencia de incompatibilidades deberán ser determinadas mediante documentación y no pueden presentarse como hechos probados solo por la denuncia de la legisladora.

El tercer elemento de la denuncia es todavía más delicado: Pagano sostiene que un jubilado de un barrio carenciado habría sido utilizado como proveedor de la Presidencia para facturar más de $600 millones y cuestiona que ese hombre haya sido el verdadero beneficiario de esas operaciones. Nuevamente, se trata de una denuncia que debe ser investigada. La existencia de una persona registrada como proveedor y los movimientos contractuales pueden comprobarse documentalmente; afirmar quién recibió finalmente el dinero requiere una reconstrucción financiera que corresponde a la Justicia.

Entonces aparece la cronología que vuelve todo más incómodo.

Primero, en enero de 2024 Milei designó a Agudiez al frente de la Subsecretaría de Planificación General.

Después, su estructura comenzó a intervenir en contrataciones y servicios vinculados con las residencias presidenciales, entre ellos alimentos, mantenimiento y funcionamiento general.

En mayo de 2026, la Justicia empezó a revisar una licitación de $700 millones impulsada por la Secretaría General de Karina Milei para jardines de Olivos y Casa Rosada.

A fines de agosto y comienzos de septiembre, el Gobierno lanzó una nueva licitación para alimentos destinada a Casa Rosada y Olivos, que contempló un volumen de productos cárnicos y de pescadería que despertó nuevas críticas.

El 17 de septiembre, el Gobierno confirmó 12 despidos y el traspaso de la gestión de seguridad de la residencia a Casa Militar, argumentando problemas vinculados con filtraciones.

El 19 y 20 de septiembre, Pagano publicó documentos y denunció públicamente el supuesto circuito entre compras estatales, funcionarios de Olivos y el catering privado “Pancitos Caseros”. La diputada anunció además una ampliación de su denuncia ante la Justicia.

El 20 de septiembre, Agudiez presentó su renuncia.

Y el 21, Milei y Santilli la oficializaron mediante el Decreto 1055/2026.

El Gobierno sostiene que la salida obedece a motivos personales. Hay medios que, citando fuentes del oficialismo, hablan de un desgaste previo, filtraciones y pérdida de confianza. Otros atribuyen el desplazamiento a cuestiones vinculadas con las actividades privadas de familiares, el uso de la Quinta y el manejo de gastos. Ninguna de esas versiones constituye hasta ahora el motivo oficial de la renuncia, por lo que corresponde diferenciarlas del acto administrativo.

Lo que sí aparece documentado es que Agudiez estaba ubicada en un lugar estratégico del entramado administrativo de la Presidencia y que su salida coincide con una acumulación de cuestionamientos sobre contrataciones, alimentos, familiares, seguridad y gestión de la Quinta. En paralelo, existe una causa judicial que ya analiza otra contratación millonaria de la Secretaría General.

La denuncia sobre el catering es, por ahora, una hipótesis judicial que deberá probarse o descartarse. Lo verdaderamente relevante es que la pregunta planteada por Pagano no puede responderse con un tuit ni con una renuncia: hay que determinar quién pedía los alimentos, quién autorizaba las compras, quién recibía la mercadería, quién administraba la cocina, qué cantidades ingresaban a Olivos y qué destino tenían.

Porque si los alimentos eran exclusivamente para abastecer la residencia presidencial, los registros de compras, remitos, inventarios y consumos deberían permitir demostrarlo.

Y si una parte de esos recursos terminó en un negocio privado, entonces habrá que saber quién lo autorizó, cuánto costó al Estado y quién se benefició. La salida de Agudiez no responde ninguna de esas preguntas. Por ahora, apenas cambia quién ocupa el despacho. La Justicia tendrá que determinar qué ocurrió detrás de las puertas de Olivos.

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