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ECONOMÍA

7 de noviembre de 2026 · 17:06

Argentina quedó entre los cinco países con mayor miseria económica del mundo

El ranking internacional de Steve Hanke ubicó al país en el quinto puesto entre 178 economías, con la inflación como principal responsable del resultado. El dato golpea directamente el discurso económico de Javier Milei: pese a la desaceleración de los precios, Argentina sigue entre las peores economías del planeta y los indicadores de pobreza, empleo y actividad muestran que la crisis está lejos de haber quedado atrás.

Argentina quedó entre los cinco países con mayor miseria económica del mundo

La Argentina volvió a quedar expuesta en una clasificación internacional que refleja el deterioro de las condiciones económicas de un país. El Índice Anual de Miseria de Hanke, elaborado por el economista Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins, ubicó al país en el quinto lugar entre 178 economías relevadas durante 2025, con 88,35 puntos. Por encima aparecen Venezuela, Sudán, Turquía e Irán. Detrás quedaron países como Esuatini, Sudáfrica, Malawi, Madagascar y Líbano.


El resultado representa mucho más que una posición desfavorable en una tabla internacional. La Argentina aparece entre las cinco economías con mayor malestar económico del mundo y comparte con Venezuela, Sudán e Irán una característica determinante: la inflación es el principal factor que empuja sus respectivos indicadores. En un país cuyo Gobierno convirtió la lucha contra los precios en el eje central de su programa económico, el dato adquiere una dimensión política inevitable.

La clasificación deja una pregunta incómoda para la Casa Rosada: ¿cómo se explica que, después de casi dos años de ajuste, reformas económicas y una política monetaria presentada como el camino para terminar con la inflación, la Argentina continúe en el grupo de las cinco economías con peor desempeño del planeta?

La inflación sigue pasando factura

El índice elaborado por Hanke no mide exclusivamente la pobreza ni pretende establecer cuáles son los países con menores ingresos. Su metodología combina cuatro variables: inflación, desempleo —con una ponderación doble—, tasas de interés de los préstamos bancarios y crecimiento real del PBI por habitante, que se resta del resultado final. Cuanto mayor es el puntaje, mayor es el nivel de malestar económico que registra el país.

En el caso argentino, la inflación aparece como el principal componente negativo. El propio informe de Hanke señala que durante 2025 la variación de los precios se ubicó en torno al 31,5%, mientras que la tasa de interés de los préstamos bancarios alcanzó el 46%. El desempleo utilizado en su cálculo fue del 7,4%. Son variables que, combinadas, muestran que el problema argentino no se limita a una cuestión monetaria: también involucra el costo del financiamiento y las dificultades del mercado laboral.

Es cierto que el puntaje argentino descendió respecto de 2024, cuando había alcanzado los 195,9 puntos y el segundo puesto mundial. Pero esa reducción no cambia el dato fundamental: después de esa mejora estadística, el país sigue ocupando el quinto lugar entre 178 economías. Presentar esa caída como una victoria definitiva sería confundir una reducción del deterioro con la superación de la crisis. La Argentina dejó atrás parte del descontrol inflacionario de años anteriores, pero todavía está lejos de una situación económica saludable.

Además, hay un aspecto que el discurso oficial suele dejar en segundo plano: bajar la velocidad a la que aumentan los precios no significa que los precios hayan vuelto atrás. Los alimentos, los alquileres, los servicios, los medicamentos y los gastos cotidianos siguen condicionando los ingresos familiares. La inflación puede desacelerarse, pero el poder adquisitivo no se recupera automáticamente ni las deudas desaparecen porque los índices mensuales sean menores.

El relato de la recuperación frente a los números del INDEC

Los datos publicados por el propio INDEC durante 2026 muestran que las dificultades siguen presentes. En septiembre, la inflación fue del 1,9% mensual, acumuló un 23,6% en los primeros nueve meses del año y llegó al 33,4% interanual. Aunque el Gobierno exhibe la desaceleración respecto de los niveles anteriores como uno de sus principales logros, el aumento de los precios continúa erosionando los ingresos y obliga a las familias a reorganizar permanentemente sus gastos.

La situación social ofrece otro dato difícil de ignorar. Durante el primer semestre de 2026, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población de los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC, frente al 28,2% registrado en el segundo semestre de 2025. Esto significa que el indicador aumentó 4,1 puntos porcentuales en apenas seis meses. La indigencia, por su parte, llegó al 7,5%. Detrás de esos porcentajes hay millones de personas que no consiguen cubrir sus necesidades básicas con los ingresos disponibles.

El mercado laboral tampoco acompaña el relato de una recuperación consolidada. La desocupación llegó al 7,9% durante el segundo trimestre de 2026, mientras que la tasa de empleo se ubicó en el 45%. No alcanza con observar cuántas personas tienen alguna ocupación: también importa qué ingresos reciben, bajo qué condiciones trabajan y si esos empleos permiten sostener un hogar. La precarización y la informalidad constituyen problemas que una reducción de la inflación no resuelve por sí sola.

La actividad económica agrega otra señal de preocupación. El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en julio una caída interanual del 1,4%, mientras que las ventas de supermercados a precios constantes retrocedieron un 2,1% respecto del mismo mes de 2025. Son indicadores que reflejan las dificultades que todavía enfrenta el consumo interno y que ponen en discusión la profundidad de la recuperación que promete el oficialismo.

El ajuste no alcanza para sacar a la Argentina del fondo

El Gobierno de Javier Milei construyó buena parte de su legitimidad económica sobre una promesa: terminar con la inflación, ordenar las cuentas públicas y sentar las bases de una recuperación sostenida. Sin embargo, el quinto puesto del ranking de Hanke obliga a mirar los resultados desde una perspectiva bastante menos favorable para la administración nacional.

El ajuste fiscal y la desaceleración inflacionaria son elementos centrales del programa económico, pero no constituyen por sí mismos una política de desarrollo. La economía también necesita producción, inversión, empleo, crédito accesible y salarios capaces de sostener el consumo. Cuando esos componentes no acompañan, la estabilización termina teniendo un costo social que no puede ocultarse detrás de los indicadores financieros.

El crédito es otro de los puntos que expone las dificultades. En 2025, las tasas de los préstamos personales se mantuvieron alrededor del 70% nominal anual hasta agosto, aumentaron durante los meses siguientes y recién comenzaron a descender hacia el cierre del año, según el Banco Central. Para una familia endeudada o una pequeña empresa que necesita financiar su actividad, el costo del dinero representa una barrera concreta. No se trata de una discusión técnica reservada a economistas: determina cuánto puede consumir una persona y cuánto puede producir un comercio o una industria.

La propia metodología de Hanke contempla ese problema al incorporar las tasas de interés bancarias. De hecho, Turquía, que ocupa el tercer lugar mundial, tiene al costo del crédito como principal factor de su resultado. En Argentina, aunque la inflación es el componente dominante, las condiciones de financiamiento también contribuyen al malestar económico.

Una comparación regional que deja a Milei en una posición incómoda

La distancia con otros países latinoamericanos también merece atención. Brasil ocupa el puesto 19, Bolivia el 28 y Colombia el 46. Uruguay aparece en el puesto 71 y Chile en el 78. Mientras Argentina registra 88,35 puntos, Uruguay tiene 26,50 y Chile 24,01. La diferencia es demasiado amplia como para reducirla a una cuestión de posiciones dentro de una clasificación.

El ranking no explica por sí solo todas las diferencias entre esas economías, pero sí permite observar que Argentina continúa soportando una combinación de inflación, desempleo y costos financieros considerablemente más adversa que la de varios de sus vecinos. Para un Gobierno que sostiene que su programa económico representa un cambio de rumbo histórico, la comparación regional constituye otro frente incómodo.

También es necesario recordar que el indicador tiene límites: no mide directamente la distribución del ingreso, la calidad de la educación, el acceso a la salud ni las condiciones habitacionales. No es una clasificación de pobreza extrema. Sin embargo, sus cuatro variables permiten observar aspectos centrales del funcionamiento económico y, en el caso argentino, el resultado es contundente.

La pregunta que el Gobierno todavía no puede responder

El quinto lugar en el Índice Anual de Miseria no significa que Argentina sea literalmente el quinto país más pobre del mundo. Significa que, de acuerdo con una metodología que combina inflación, desempleo, tasas de interés y crecimiento por habitante, se encuentra entre las cinco economías con mayor malestar económico del planeta. Y el dato adquiere todavía más peso cuando se observa que la inflación es el principal factor que explica su posición.

La administración de Milei puede exhibir una reducción considerable del puntaje respecto de 2024, pero no puede convertir esa mejora en una explicación suficiente de la situación actual. La Argentina sigue en el grupo más comprometido del ranking, la pobreza volvió a subir durante el primer semestre de 2026 y el mercado laboral continúa mostrando dificultades. No alcanza con señalar de dónde venía el país: también hay que hacerse cargo de dónde está después de las decisiones económicas tomadas durante esta gestión.

El problema de fondo es que el sacrificio exigido a la sociedad todavía no encuentra una traducción contundente en mejores condiciones de vida. Si el ajuste era el camino para salir de la crisis, la pregunta que empieza a imponerse ya no es cuánto falta para ordenar las cuentas públicas, sino cuánto tiempo más deberán esperar los trabajadores, los jubilados, las familias y las pequeñas empresas para sentir que la economía finalmente mejora.

Argentina está entre los cinco países con mayor miseria económica del mundo. Y mientras el Gobierno celebra sus números macroeconómicos, millones de argentinos siguen esperando que la recuperación llegue a sus bolsillos.

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