Miércoles 12 de Agosto de 2026

Hoy es Miércoles 12 de Agosto de 2026 y son las 22:34 - Hola

POLÍTICA

12 de agosto de 2026

El Gobierno admite que usa fondos destinados a las rutas para sostener el equilibrio fiscal: más de $1 billón quedó fuera del asfalto

El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el Ministerio de Economía administra parte de los recursos del Sistema Vial Integrado (SisVial) para contribuir al equilibrio de las cuentas públicas. La admisión se conoce mientras un relevamiento basado en documentación oficial revela que, entre 2024 y mayo de 2026, se recaudaron $1,5 billones para infraestructura vial y apenas $394.406 millones fueron ejecutados en obras.

El Gobierno nacional quedó en el centro de una nueva controversia por el destino de los recursos que los argentinos pagan a través de los impuestos vinculados a los combustibles. El propio vocero presidencial, Adrián Ravier, reconoció que una parte del dinero destinado al sistema vial es administrada por el Ministerio de Economía con el objetivo de contribuir al equilibrio fiscal.


La explicación oficial agrega un elemento particularmente sensible a una discusión que ya venía creciendo: mientras las rutas nacionales acumulan reclamos por su deterioro y varias provincias exigen respuestas a la Nación, los fondos afectados al sistema vial permanecen parcialmente sin convertirse en obras.

La admisión de Ravier fue publicada inicialmente por LA NACIÓN, que reconstruyó el movimiento de los recursos a partir de balances, informes mensuales y documentación oficial obtenida mediante pedidos de acceso a la información pública. Según ese relevamiento, el fideicomiso que contiene al Sistema Vial Integrado (SisVial) recaudó aproximadamente $1,503 billones entre 2024 y mayo de 2026, pero sólo destinó $394.406 millones a obras viales.

La diferencia supera el billón de pesos.

Un fondo creado con un destino específico

El punto central de la discusión no está solamente en cuánto dinero se gastó, sino en qué destino establece la normativa para esos recursos.

El fideicomiso de infraestructura de transporte fue creado originalmente mediante el Decreto 976/2001, que estableció un esquema de afectación específica de recursos y dispuso que los bienes incorporados al fideicomiso tuvieran un destino determinado. La propia norma establece el carácter extrapresupuestario de esos fondos y contempla su utilización para infraestructura vial y otros componentes del sistema de transporte.

Posteriormente, la legislación modificó la distribución de los recursos. El Decreto 301/2018, por ejemplo, estableció que una parte de los fondos ingresados al fideicomiso debía distribuirse entre el Sistema Vial Integrado, el sistema de transporte automotor y el sistema ferroviario. En su esquema vigente, el 50% correspondiente a determinadas fuentes se asigna al SisVial.

Además, la normativa vinculada al impuesto a los combustibles determinó porcentajes de afectación específica al fideicomiso de infraestructura de transporte. La propia documentación oficial recuerda que la Ley 27.430 estableció una asignación del 28,58% del producido de determinados impuestos sobre los combustibles al fideicomiso creado por el Decreto 976/2001.

Por eso, el debate no puede reducirse a la afirmación de que el Estado "tiene plata y decide dónde ponerla". Se trata de recursos cuya recaudación está vinculada legalmente a un sistema de infraestructura determinado.

La explicación de Ravier: "se cumple con la ley"

Frente a las críticas, Ravier sostuvo que no existe una violación de la legislación y defendió la utilización de los recursos por parte del Ministerio de Economía.

Según publicó MDZ, el vocero presidencial ratificó que existe un direccionamiento de fondos del fideicomiso y sostuvo que, pese a ello, "se cumple con la ley".

La posición oficial introduce una diferencia importante: el Gobierno no reconoce estar utilizando esos fondos para un destino completamente ajeno al sistema, sino que sostiene que la administración financiera del fideicomiso permite mantener recursos sin ejecutarlos inmediatamente en rutas.

Es decir, la discusión jurídica no pasa simplemente por si el dinero "desapareció", sino por si el Poder Ejecutivo puede mantener, invertir o administrar recursos afectados a una finalidad específica mientras las obras para las cuales fueron recaudados permanecen sin ejecución.

Y allí aparece uno de los datos más incómodos para la administración de Javier Milei.

Recaudar mucho, ejecutar poco

De acuerdo con la reconstrucción publicada por LA NACIÓN, durante 2024 el SisVial recaudó unos $360.238 millones, pero sólo ejecutó $40.668 millones, equivalente al 11,3%.

En 2025, la ejecución mejoró hasta el 39%, con $270.592 millones utilizados sobre $692.514 millones recaudados.

Pero entre enero y mayo de 2026 volvió a caer: se ejecutaron aproximadamente $83.144 millones sobre $450.500 millones, apenas el 18,5% de lo recaudado.

El resultado acumulado es el dato que más llama la atención: $1.503.252 millones recaudados contra $394.406 millones ejecutados en obras viales.

El relevamiento contable citado por el diario señala además que, a fines de mayo, más de $1 billón permanecía colocado en instrumentos financieros o inmovilizado en cuentas, en lugar de transformarse en infraestructura vial.

El dinero, por lo tanto, no necesariamente está "guardado debajo del colchón": una parte permanece dentro del circuito financiero. Pero el problema político es otro: los argentinos pagan un impuesto asociado a la infraestructura y, al mismo tiempo, el Gobierno admite que esos recursos son administrados para ayudar a sostener el equilibrio fiscal.

El argumento oficial: las rutas se harán con inversión privada

La administración de Milei sostiene que su estrategia no consiste en reproducir el modelo tradicional de obra pública estatal.

Según las declaraciones atribuidas a Ravier, el Gobierno pretende avanzar hacia un esquema en el que las rutas sean financiadas mediante inversión privada y concesiones, en lugar de depender exclusivamente de recursos públicos.

Ese argumento coincide con el proceso de transformación del sistema vial que lleva adelante la Nación y con las nuevas concesiones de corredores nacionales.

El problema es que el tránsito desde un modelo estatal hacia uno privado no elimina automáticamente la obligación de mantener las rutas existentes.

La Dirección Nacional de Vialidad continúa teniendo responsabilidades sobre la red nacional. En junio de 2026, el Gobierno aprobó una nueva estructura organizativa de Vialidad Nacional y mantuvo expresamente a ese organismo como responsable de sus partidas presupuestarias específicas.

Mientras tanto, la propia Vialidad Nacional informa periódicamente tareas de conservación y mantenimiento. Esta semana, por ejemplo, comunicó trabajos de despeje y mantenimiento en rutas cordilleranas de Mendoza en el marco del Plan Integral de Mantenimiento Invernal.

Por lo tanto, tampoco sería correcto afirmar que "no se hace absolutamente nada" en las rutas. El problema que surge de los números es la enorme distancia entre los recursos recaudados y los recursos efectivamente aplicados a infraestructura.

Las rutas deterioradas y una Justicia que exige reparaciones

La discusión financiera ocurre, además, en un contexto en el que el estado de numerosas rutas nacionales genera reclamos de gobernadores, empresarios, transportistas y usuarios.

El dato más reciente surgió de la Justicia Federal de Venado Tuerto, que ordenó al Estado nacional realizar la reparación integral y urgente de tramos de las rutas nacionales 7, 8 y 33 en Santa Fe debido al deterioro de esas vías.

El reclamo provincial tampoco es nuevo. Página/12 informó que Santa Fe volvió a exigir que la Nación repare las rutas nacionales o permita que la provincia se haga cargo de su mantenimiento.

En paralelo, el ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Gabriel Katopodis, salió a cuestionar públicamente el manejo de los recursos y sostuvo que el Gobierno está "timbeando" el dinero destinado a las rutas.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof también se sumó a la ofensiva política y acusó al Gobierno de apropiarse de recursos que, según su interpretación, deberían volver a la infraestructura vial.

El dato que vuelve más incómoda la explicación oficial

Hay una contradicción política difícil de esquivar.

El Gobierno construyó buena parte de su discurso económico sobre la idea de que el déficit fiscal es una de las principales causas de los problemas argentinos y que el Estado debe gastar solamente aquello que tiene disponible.

La Ley de Presupuesto 2026, de hecho, establece que la Administración Nacional debe cerrar el ejercicio con un resultado financiero equilibrado o superavitario y proyecta un superávit de más de $2,7 billones para el Sector Público Nacional.

El Gobierno consiguió convertir el equilibrio fiscal en el principal indicador de éxito de su programa económico.

Ahora bien: si para alcanzar ese resultado se mantienen sin ejecutar recursos afectados a una finalidad concreta mientras las rutas que deberían recibirlos acumulan deterioro, la pregunta inevitable es qué costo tiene ese superávit y quién termina pagando la diferencia.

Porque un peso que permanece colocado financieramente puede contribuir al resultado fiscal, pero no tapa un pozo, no repavimenta una ruta ni evita que un tramo deteriorado termine requiriendo una reparación mucho más costosa.

El problema no es sólo contable

El impuesto a los combustibles lo pagan los usuarios cada vez que cargan nafta o gasoil. El Gobierno actualizó durante 2026 los montos del impuesto mediante sucesivos decretos, incluyendo el Decreto 405/2026, que modificó el cronograma de actualización de los gravámenes.

La discusión, entonces, tiene una dimensión bastante más concreta que la pelea entre economistas.

Los automovilistas y transportistas pagan. El Estado recauda. El fideicomiso acumula recursos. Economía administra parte de ellos. Y, mientras tanto, existen rutas que necesitan reparaciones urgentes.

La pregunta que queda abierta es si el objetivo de alcanzar el equilibrio fiscal puede justificar que recursos afectados a infraestructura permanezcan fuera de las obras durante períodos prolongados.

El Gobierno dice que actúa dentro de la ley. La normativa, por su parte, establece destinos específicos y una arquitectura particular para esos fondos. Y los números muestran que una porción extraordinariamente grande de los recursos recaudados todavía no terminó convertida en rutas.

Por eso, más que una discusión semántica sobre si existe o no un "desvío", el caso plantea una pregunta política y administrativa de fondo: ¿hasta qué punto puede el Estado utilizar como herramienta financiera recursos que fueron creados y recaudados para resolver una necesidad concreta de infraestructura?

Y mientras esa discusión se desarrolla en los despachos de Economía, en las rutas la respuesta se mide de una manera bastante menos abstracta: en kilómetros reparados, kilómetros deteriorados y, finalmente, en la seguridad de quienes las transitan.

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

POLÍTICA
Milei endurece el acceso a la salud: extranjeros no residentes deberán pagar

Milei endurece el acceso a la salud: extranjeros no residentes deberán pagar

El Gobierno nacional avanzó con la implementación del régimen que obliga a los extranjeros sin residencia permanente a contar con un seguro médico o pagar las prestaciones habituales en los hospitales administrados por el Estado nacional. Las emergencias seguirán siendo atendidas sin restricciones.
POLÍTICA
La Justicia va por las cuentas de Adorni: 20 preguntas y un patrimonio sin justificar

La Justicia va por las cuentas de Adorni: 20 preguntas y un patrimonio sin justificar

El fiscal federal presentó un requerimiento de 207 fojas y le dio 15 días al exjefe de Gabinete para justificar 20 puntos de su patrimonio. La investigación detectó una diferencia de más de $43 millones entre ingresos y gastos familiares y otros US$402.578 cuyo origen, según la fiscalía, todavía no fue acreditado.
POLÍTICA
Benegas Lynch el senador que quería abrir las tierras argentinas a extranjeros y tiene una empresa que asesora esas operaciones

Benegas Lynch el senador que quería abrir las tierras argentinas a extranjeros y tiene una empresa que asesora esas operaciones

Joaquín Benegas Lynch, de La Libertad Avanza, es fundador y director de Glocal Terra, una firma que ofrece inversiones, valuaciones y administración de campos en Argentina y otros países de la región. En paralelo, era señalado como uno de los votos favorables al proyecto de Milei que buscaba flexibilizar el límite a la propiedad extranjera de tierras. El capítulo finalmente fue retirado del proyecto, pero el cruce entre su actividad privada y su rol legislativo abrió un fuerte debate por un posible conflicto de intereses.