El Gobierno de Javier Milei insiste en mostrar el superávit primario como su mayor logro económico. Sin embargo, el dato de julio reveló la cara menos visible de las cuentas públicas: el resultado financiero fue deficitario en $168.515 millones, lo que implica un salto del 41% en términos reales frente a 2024.
La explicación está en la deuda. Los vencimientos de intereses de los bonos Bonares y Globales, junto con el pago del medio aguinaldo, dispararon las erogaciones en un mes que suele ser complejo. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que en enero y julio se concentran los mayores pagos de intereses, lo que erosiona el resultado general.
Ingresos récord, gastos contenidos
Lo paradójico es que el rojo se produjo a pesar de una fuerte recuperación de los ingresos: las retenciones crecieron 106% interanual, los derechos de importación 80% y los aportes a la seguridad social 54%. En total, los recursos del Estado aumentaron 40%, muy por encima del gasto primario, que avanzó 35%.
Entre los gastos, lo más llamativo fue el aumento del 44% en prestaciones sociales, producto de la fórmula de movilidad vigente. En contraste, las remuneraciones del sector público crecieron apenas 23%.
La “emisión silenciosa”
El talón de Aquiles vuelve a ser la deuda. Aunque Milei insiste con la meta de “emisión cero”, la base monetaria creció 97% en un año y la deuda flotante —pagos postergados— saltó a $3,8 billones en junio, más del triple que en mayo. En el mercado lo llaman la “emisión silenciosa”: un mecanismo menos visible, pero con impacto real sobre la economía.
En definitiva, el déficit de julio expone la fragilidad del programa oficial: sin deuda, el superávit brilla; con deuda, la foto cambia de color.