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ECONOMÍA

19 de octubre de 2026 · 15:49

El riesgo país se dispara a 675 puntos y golpea el relato económico de Milei

El indicador de JP Morgan alcanzó este lunes su nivel más alto de 2026, en una jornada marcada por la caída de los bonos argentinos y las pérdidas en Wall Street. La suba refleja una señal incómoda para el Gobierno: el ajuste fiscal no alcanza, por sí solo, para convencer al mercado de que la Argentina puede afrontar sus compromisos en dólares y recuperar el crédito internacional.

El riesgo país se dispara a 675 puntos y golpea el relato económico de Milei

La semana financiera arrancó con una nueva señal de alarma para el Gobierno de Javier Milei. El riesgo país trepó este lunes 19 de octubre hasta los 675 puntos básicos, un salto de alrededor del 4,2% frente al cierre anterior, cuando había terminado en 648 unidades. El indicador elaborado por JP Morgan alcanzó así su máximo de 2026 y volvió a niveles que no se registraban desde fines de octubre del año pasado. La suba llegó acompañada por bajas de los bonos soberanos en dólares y un desempeño mayoritariamente negativo de las acciones argentinas que cotizan en Nueva York. 

El movimiento no es un dato aislado de una pantalla financiera. El riesgo país funciona como una referencia de la sobretasa que los inversores exigen para asumir deuda argentina frente a títulos comparables del Tesoro estadounidense. Cuando aumenta, la señal es clara: el mercado demanda una compensación mayor por el riesgo de prestarle al país. Los 675 puntos equivalen a una diferencia de rendimiento de 6,75 puntos porcentuales respecto de esos bonos de referencia, aunque eso no significa que todas las emisiones argentinas paguen automáticamente una tasa idéntica. Para una economía que necesita dólares para refinanciar vencimientos, la escalada complica la posibilidad de volver a los mercados internacionales en condiciones convenientes.

El deterioro de la jornada tuvo un motor concreto: los bonos argentinos volvieron a caer. Los títulos Globales, emitidos bajo legislación de Nueva York, registraban retrocesos cercanos al 0,5% en promedio, con bajas mayores en algunos vencimientos. También se negociaban en terreno negativo varios Bonares. Como el precio de los bonos y su rendimiento se mueven en sentido inverso, la caída de sus cotizaciones empuja hacia arriba el rendimiento exigido por el mercado y presiona sobre el indicador de riesgo soberano. No fue, por lo tanto, una suba abstracta: detrás del número hubo inversores que siguieron desprendiéndose de deuda argentina.

La tendencia preocupa especialmente por su velocidad. El indicador acumula un incremento del 11,2% durante octubre, según los reportes financieros de la jornada. Después de tocar un mínimo cercano a los 403 puntos en julio, el riesgo país volvió a subir y se alejó de la zona que el Gobierno esperaba consolidar para recuperar el financiamiento externo. La distancia entre aquel piso y los valores actuales expone que la mejora de los primeros meses del año no se convirtió en una tendencia firme. El mercado no está evaluando únicamente el resultado fiscal del presente: también observa si el programa económico puede sostenerse, generar dólares suficientes y atravesar los próximos vencimientos sin sobresaltos.

El superávit no alcanza para despejar las dudas

La administración libertaria hizo del equilibrio fiscal uno de los pilares de su política económica y lo presenta como una condición para recuperar la confianza. Sin embargo, el comportamiento de los bonos muestra que el superávit, por sí solo, no resuelve todas las preguntas de los acreedores. También importan la disponibilidad efectiva de divisas, el nivel de reservas, el perfil de vencimientos, la capacidad de refinanciar la deuda y las perspectivas de actividad. La Argentina puede exhibir disciplina presupuestaria y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para conseguir dólares a tasas razonables. El riesgo país vuelve a poner esa contradicción sobre la mesa.

La discusión se vuelve más delicada porque el Gobierno necesita convencer a los inversores de que podrá atravesar 2027 sin una nueva crisis de financiamiento. En las últimas semanas, la atención del mercado se concentró en los dólares disponibles para cubrir los compromisos de deuda del año próximo. La Nación informó que los vencimientos previstos para 2027 rondan los US$29.000 millones, mientras que el Gobierno ha difundido estimaciones muy superiores sobre los recursos potencialmente disponibles para atravesar ese período. La brecha entre las promesas oficiales y las dudas que siguen expresando los inversores es parte del problema: anunciar una “bazuca” de dólares no reemplaza la necesidad de demostrar de dónde saldrán, cuándo estarán disponibles y bajo qué condiciones podrán utilizarse.

El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció a comienzos de octubre que la economía crece a un ritmo menor y atribuyó parte de la suba del riesgo país a factores internacionales y a la incertidumbre política. Esa explicación tiene elementos atendibles: el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense influye sobre los activos emergentes y las tasas globales pueden encarecer el financiamiento. Pero el contexto externo no explica todo. Bloomberg Línea señaló que los bonos argentinos venían comportándose peor que lo que justificaría el movimiento de los mercados comparables, lo que indica que el componente específicamente argentino también pesa en la cotización. Dicho de otro modo: no todo se puede cargar a Wall Street. 

La economía real también entra en la cuenta

La preocupación de los inversores no se limita a la deuda. Los datos oficiales del INDEC muestran que la actividad económica cayó un 2,9% mensual en julio de 2026, en la serie desestacionalizada, y retrocedió un 1,4% frente al mismo mes del año anterior. Las ventas en supermercados, a precios constantes, también registraron una caída interanual del 2,1% en julio. Esos indicadores no explican por sí solos el movimiento diario de los bonos, pero ayudan a entender por qué la promesa de una estabilización duradera todavía encuentra obstáculos: la capacidad de pago del Estado también depende de la evolución de la economía que genera recursos, empleo y divisas. 

El panorama financiero de este lunes fue más amplio que la deuda pública. Entre las acciones argentinas que operan en Wall Street, varias empresas registraron pérdidas: Edenor, YPF, BBVA Argentina, Telecom y Grupo Financiero Galicia aparecieron entre los papeles afectados, aunque con variaciones diferentes según el momento de la rueda. El retroceso de esos activos no implica que todas las empresas atraviesen el mismo problema ni que el riesgo país determine automáticamente sus cotizaciones. Sí muestra que la jornada estuvo atravesada por una mayor cautela hacia los activos argentinos, en un contexto en el que las dudas macroeconómicas y políticas se combinan con condiciones financieras internacionales más exigentes. 

El Gobierno todavía tiene herramientas para intentar reducir la incertidumbre: acumular reservas, asegurar los dólares necesarios para los vencimientos, sostener reglas previsibles y mostrar que la estabilización no depende exclusivamente del recorte del gasto. Pero el mercado está exigiendo algo más que anuncios. La evolución del riesgo país funciona como una prueba permanente de credibilidad, y los 675 puntos muestran que esa confianza está lejos de consolidarse. La señal no equivale a un default inminente ni permite anticipar por sí sola una crisis; sí advierte que el costo potencial de financiarse sigue siendo elevado.

La cifra deja, además, una contradicción política difícil de esquivar. Milei sostiene que el orden fiscal es el camino para normalizar la economía y recuperar el crédito. Sin embargo, con el riesgo país en su mayor nivel del año, la Argentina continúa lejos de una vuelta cómoda al mercado internacional de deuda. El ajuste puede mejorar una parte de las cuentas públicas, pero no garantiza automáticamente dólares, crecimiento ni confianza. El Gobierno prometió estabilidad; ahora el mercado le reclama pruebas concretas de que puede sostenerla sin volver a tropezar con la deuda.

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