Patricia Bullrich volvió a poner una palabra que incomoda en el centro de la escena libertaria: 2027. La senadora nacional y titular del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara alta dejó de cerrar completamente la puerta a una candidatura presidencial y, según versiones recogidas en su entorno, marzo del año próximo aparece como el momento en el que definirá qué lugar pretende ocupar. El dato no equivale todavía a una candidatura confirmada, pero cambia el escenario porque abre la posibilidad de que una dirigente central del oficialismo termine disputando dentro del propio espacio la conducción electoral que Javier Milei da por encaminada hacia su reelección.
La propia Bullrich viene utilizando durante los últimos meses una fórmula deliberadamente abierta. En agosto sostuvo que quería “jugar” para que la Argentina no retrocediera y evitó precisar si competiría por la Presidencia o por la Ciudad de Buenos Aires. En septiembre volvió a decir que estaría “donde sirva” y que lo que debe reelegirse es “el proyecto”. Después de la última votación importante en el Senado, incluso afirmó que una reelección del proyecto libertario era importante para el país, aunque evitó responder si podía enfrentarse al propio Milei. Esa combinación es precisamente la que alimenta las especulaciones: respalda la continuidad del oficialismo, pero no se compromete públicamente con un único nombre para encabezarla.
El escenario se vuelve más delicado por las PASO. El Gobierno impulsa modificar las reglas electorales para 2027 y la eliminación de las primarias es uno de los asuntos que atraviesa las negociaciones políticas. Según versiones recogidas por El Observador, si las PASO permanecieran vigentes, Bullrich podría eventualmente utilizar ese mecanismo para competir dentro de La Libertad Avanza. En el entorno de la senadora ubican marzo como una fecha de definición. No se trata de una candidatura oficializada ni de una decisión irrevocable: es, por ahora, una posibilidad política que depende también de cómo quede diseñado el sistema electoral y de las negociaciones internas.
La reacción de Karina Milei explica buena parte del ruido. La secretaria general de la Presidencia y titular de La Libertad Avanza viene intentando ordenar la estructura partidaria y construir las listas de cara al próximo turno electoral. En los últimos días, diferentes fuentes periodísticas describieron un escenario de creciente malestar frente a los desmarques de Bullrich. El punto de conflicto más reciente fue el Presupuesto 2027 y, particularmente, las modificaciones vinculadas al área de Discapacidad. Bullrich cuestionó públicamente que esos cambios no hubieran sido anticipados dentro de la mesa política. La respuesta que recibió fue un pedido para que ese tipo de diferencias se discutan puertas adentro.
El episodio de Discapacidad no fue aislado. Durante los últimos meses hubo otros cortocircuitos alrededor de Manuel Adorni, la estrategia parlamentaria, las alianzas electorales y el armado territorial de La Libertad Avanza. Infobae describió a Bullrich como una dirigente con agenda propia y con capacidad para diferenciarse públicamente sin romper con el Gobierno. En paralelo, distintos informes periodísticos señalaron que mantiene una relación política fluida con Santiago Caputo, integrante de la mesa política oficialista, y que existen coincidencias entre ambos en algunas discusiones internas. Esa cercanía es relevante porque la disputa no pasa únicamente por Bullrich y Karina: también involucra diferentes concepciones sobre cómo construir el poder libertario hacia 2027.
El Gobierno, mientras tanto, intenta bajar el volumen de la pelea. El 28 de septiembre, Javier Milei calificó como “excelente” su relación con Bullrich y negó que las diferencias públicas representen una crisis. El Presidente sostuvo que las distintas opiniones pueden mejorar la estrategia y remarcó que Bullrich forma parte de la mesa política junto con Karina Milei, Santiago Caputo, Diego Santilli y Martín Menem. También evitó anticipar una eventual fórmula presidencial y pidió dejar trabajar a quienes están negociando el armado electoral.
Ese discurso oficial contrasta con la cantidad de reuniones, reclamos y operaciones políticas que rodearon a la senadora durante las últimas semanas. El 24 de septiembre, Karina Milei reunió a los senadores libertarios y les pidió trabajar por la reelección de Javier Milei. La cena incluyó a Bullrich, que preside el bloque. El encuentro buscó mostrar unidad y desactivar las versiones de una ruptura, pero también dejó expuesta una cuestión política de fondo: Karina está organizando el partido alrededor de la reelección de su hermano mientras Bullrich conserva una autonomía suficiente como para no cerrar ninguna puerta electoral.
En ese tablero aparece también la comparación con Santiago Caputo. No porque exista una alianza formal entre ambos, sino porque sectores del Gobierno observan que Bullrich y el asesor presidencial tienen peso propio dentro de la mesa política y, en determinadas discusiones, posiciones coincidentes. La diferencia es que Bullrich posee un capital político propio, una banca en el Senado y una estructura parlamentaria, mientras Caputo ocupa otro tipo de lugar dentro del esquema presidencial. La comparación que circula en el oficialismo es, por lo tanto, política y no institucional.
El antecedente más reciente ayuda a entender por qué Bullrich recuperó margen para marcar diferencias. En agosto, el Gobierno reconoció públicamente su papel en la aprobación de 67 pliegos judiciales enviados por el Ejecutivo. La Oficina del Presidente destacó específicamente su capacidad para construir consensos en el Senado. Ese reconocimiento oficial muestra que la senadora conserva un peso parlamentario que el Gobierno necesita, incluso cuando existen diferencias políticas.
El problema para la conducción libertaria es que ese poder parlamentario puede transformarse también en poder electoral. Mientras el oficialismo intenta construir una estructura partidaria más centralizada alrededor de Karina Milei y preparar la reelección presidencial, Bullrich tiene otra posibilidad: mantenerse dentro del espacio, acompañar el rumbo general, pero reservarse la capacidad de discutir candidaturas, reglas y decisiones. En ese sentido, marzo de 2027 aparece como una fecha políticamente significativa porque coincide con el momento en que el escenario electoral debería estar mucho más definido.
La disputa tampoco puede separarse del contexto económico y social que enfrenta el Gobierno. Los informes periodísticos de las últimas semanas describen a la Casa Rosada concentrada simultáneamente en el Presupuesto 2027, las reformas electorales, el armado de candidaturas y las negociaciones parlamentarias, mientras distintos indicadores económicos continúan condicionando la gestión. La interna libertaria no ocurre en un vacío: ocurre mientras el Gobierno busca sostener su programa económico y preparar una elección presidencial en la que Milei pretende renovar su mandato.
Así, la pregunta que deja abierta el movimiento de Bullrich no es solamente si será candidata. La discusión de fondo es quién tendrá la capacidad de decidir dentro de La Libertad Avanza cuando llegue el momento de armar la sucesión de 2027. Karina Milei trabaja sobre la estructura partidaria; Javier Milei concentra la conducción presidencial; Santiago Caputo participa de la mesa política; y Bullrich, desde el Senado, conserva una cuota propia de autonomía y todavía no cierra ninguna alternativa. Por ahora, nadie rompió. Pero las posiciones empiezan a quedar demasiado definidas como para considerar que se trata simplemente de diferencias de estilo.
Marzo será, si se mantiene el calendario que mencionan cerca de Bullrich, el momento en que esa ambigüedad tendrá que transformarse en una decisión. Hasta entonces, la senadora puede seguir respaldando al proyecto libertario y, al mismo tiempo, conservar abierta la puerta para disputar su conducción electoral. La interna todavía no tiene candidato definido, pero ya tiene algo más importante: jugadores que comenzaron a mover sus fichas.