PROVINCIALES
17 de junio de 2026
Mendoza pierde empleo y profundiza su crisis laboral: más de 8.700 puestos registrados menos en un año
La provincia volvió a ubicarse entre las jurisdicciones con peor desempeño laboral del país. Los datos oficiales muestran una caída sostenida del empleo registrado mientras crecen las dudas sobre el modelo económico provincial y nacional para generar trabajo genuino.
Mientras los discursos oficiales insisten en destacar señales de recuperación económica, los números del empleo formal en Mendoza muestran una realidad mucho más compleja. Según los últimos informes elaborados por la Secretaría de Trabajo de la Nación sobre la base de datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la provincia perdió alrededor de 8.700 puestos de trabajo registrados entre marzo de 2025 y marzo de 2026, ubicándose entre las ocho jurisdicciones con peor desempeño laboral de la Argentina.
La caída representa uno de los retrocesos más importantes de la región de Cuyo y vuelve a encender las alarmas sobre la capacidad de la economía mendocina para generar empleo privado en un contexto de fuerte ajuste, caída del consumo y retracción de distintos sectores productivos.
El dato adquiere aún más relevancia porque ocurre mientras algunas provincias logran estabilizar o recuperar parte de los puestos perdidos durante los últimos años. Mendoza, en cambio, continúa acumulando meses consecutivos de deterioro laboral.
Una tendencia que no se detiene
Los informes oficiales muestran que el problema no es un fenómeno aislado ni una fotografía puntual.
Distintos relevamientos del SIPA vienen registrando caídas consecutivas del empleo privado registrado en Mendoza desde mediados de 2025. La provincia pasó de ubicarse entre los distritos con mejores indicadores laborales durante años anteriores a integrar actualmente el grupo de jurisdicciones más golpeadas por la destrucción de empleo formal.
La pérdida de puestos de trabajo se extiende sobre diversos sectores económicos, aunque la construcción, el comercio, parte de la industria manufacturera y algunos servicios vinculados al mercado interno aparecen entre los más afectados.
A nivel nacional la situación tampoco es sencilla, pero Mendoza exhibe caídas superiores al promedio del país. Mientras el empleo registrado nacional mostró cierta estabilización durante algunos meses de 2026, la provincia continuó acumulando retrocesos.
El contraste con las promesas de crecimiento
La situación genera cuestionamientos porque durante los últimos años tanto el gobierno nacional como el provincial sostuvieron que las reformas económicas terminarían impulsando inversiones y generando nuevas oportunidades laborales.
Sin embargo, los indicadores disponibles muestran que la recuperación todavía no llega al mercado laboral mendocino.
La destrucción de empleo formal no sólo implica menos puestos de trabajo. También significa menor consumo, menor recaudación, menos aportes previsionales y una creciente presión sobre los trabajadores que logran conservar sus empleos.
En paralelo, numerosos especialistas advierten que parte de la caída del empleo registrado está siendo compensada por formas laborales más precarias, trabajos independientes de bajos ingresos o crecimiento del monotributo, fenómenos que no necesariamente representan una mejora en la calidad del empleo.
Mendoza y una economía que no logra despegar
El deterioro laboral también pone en discusión el modelo económico provincial.
Durante años Mendoza apostó a sectores tradicionales como el vino, la agroindustria, el comercio y el turismo. Sin embargo, varios de esos rubros enfrentan actualmente problemas derivados de la caída del consumo interno, el aumento de costos, la apertura de importaciones y la desaceleración de la actividad económica.
A esto se suma una situación que distintos informes económicos vienen señalando desde hace tiempo: Mendoza muestra dificultades para atraer grandes inversiones industriales capaces de generar empleo masivo y sostenido.
El resultado es una economía que crece por debajo de otras provincias y que encuentra cada vez más dificultades para absorber trabajadores en el sector privado.
El impacto social detrás de los números
Detrás de cada estadística existe una realidad concreta.
Perder más de 8.700 empleos registrados en un año implica miles de familias que vieron reducidos sus ingresos o directamente quedaron fuera del mercado laboral formal.
La situación adquiere especial gravedad en una provincia donde los salarios ya vienen perdiendo poder adquisitivo frente al costo de vida y donde numerosos trabajadores públicos y privados denuncian dificultades para sostener gastos básicos como vivienda, servicios, alimentación y transporte.
El empleo formal históricamente fue uno de los principales motores de movilidad social ascendente. Cuando ese empleo se reduce, las consecuencias se extienden mucho más allá de las estadísticas.
El interrogante que enfrenta Mendoza
La provincia se encuentra frente a un desafío que trasciende las discusiones partidarias: cómo generar trabajo genuino en una economía que no logra recuperar dinamismo.
Los números oficiales muestran que la destrucción de empleo ya no puede explicarse únicamente por la herencia económica o por factores coyunturales. Después de varios meses consecutivos de caída, la pregunta que comienza a instalarse es si Mendoza cuenta con una estrategia capaz de revertir esta tendencia o si el deterioro laboral terminará consolidándose como uno de los rasgos más preocupantes de la actual gestión.
Porque mientras los indicadores macroeconómicos ofrecen señales mixtas y los gobiernos celebran algunos avances fiscales, para miles de mendocinos la verdadera medida de la economía sigue siendo mucho más simple: tener trabajo. Y hoy, según los datos oficiales, cada vez menos personas lo están consiguiendo.
