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18 de julio de 2025

Industria en crisis: Mendoza perdió más de 13 mil empleos desde la segunda asunción de Cornejo

En apenas un año, el sector industrial mendocino achicó su planta laboral en un 36%. Tarifas descontroladas, crédito inaccesible y caída del consumo configuran el cóctel que arrastra al empleo formal e informal. Es la mayor contracción registrada en décadas.

La industria de Mendoza atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Según datos oficiales del segundo semestre de 2024, desde que Javier Milei asumió la presidencia y Alfredo Cornejo retomó el mando provincial, se eliminaron 13.064 puestos de trabajo industriales. La cifra representa un colapso del 36% en la capacidad empleadora del sector, una contracción más severa incluso que la vivida durante la cuarentena estricta por la pandemia de COVID-19.

Con esta caída, el empleo industrial pasó a representar apenas el 11,8% del total en la provincia, cinco puntos menos que su participación en 2019, antes de la emergencia sanitaria global. Esta pérdida de peso en el mapa laboral no es solo un dato numérico: implica una estructura productiva 17% más reducida que la existente durante el confinamiento obligatorio.

Retroceso sin precedentes

El derrumbe del empleo manufacturero no tiene antecedentes comparables desde que existen estadísticas sistemáticas. El escenario actual refleja una tormenta perfecta para la actividad fabril: alzas abruptas en las tarifas energéticas, insumos importados más caros por la inestabilidad cambiaria, restricciones extremas al financiamiento productivo y una demanda interna que no da señales de reactivación.

A esto se suma la creciente informalidad. Aunque el porcentaje de empleo “en negro” se redujo levemente respecto a 2019, todavía casi 3 de cada 10 trabajadores del sector no están registrados. Del total de empleos perdidos durante el último año, 9.557 eran formales, mientras que otros 3.508 correspondían a empleo no registrado.

Del repunte al derrumbe

La evolución de la industria mendocina había sido dispar desde la pandemia. Tras el golpe inicial de 2020, hubo un repunte en 2022 que llevó la cantidad de trabajadores ocupados a 39.459. Pero ese repunte fue efímero: en 2023 se perdieron casi 3.000 empleos y en 2024, el desplome fue absoluto. Actualmente, apenas 23.400 personas mantienen un empleo industrial en la provincia.

El contraste con otros sectores, como el comercio, que logró mantenerse más estable, deja en evidencia la particular fragilidad de la producción local frente a los vaivenes macroeconómicos.

Factores que explican el derrumbe

Entre los principales elementos que explican esta debacle figuran:

 

  • Tarifas en alza: Los costos energéticos subieron más de un 60% en términos interanuales, impactando de lleno en la estructura de costos de las empresas.
  • Crédito inaccesible: Con tasas de interés que superaron el 100% anual, muchas pymes no pudieron financiar inversiones mínimas para mantenerse competitivas.
  • Consumo en retroceso: La caída del salario real recortó alrededor de un 15% la demanda de productos industriales.
  • Problemas logísticos: Dificultades en puertos y subas en fletes de hasta un 25% encarecieron las exportaciones, debilitando aún más al sector.

Este panorama dejó a muchas empresas atrapadas entre una rentabilidad en picada y la obligación de reducir personal para sobrevivir. El impacto no se limita a los despedidos: la pérdida de empleo industrial incrementa la presión sobre sectores como el de servicios, que ya arrastran altos niveles de informalidad y bajos salarios.

Un modelo que golpea al empleo

La caída abrupta del empleo en el corazón productivo de Mendoza coincide con el arribo de un nuevo esquema económico a nivel nacional, impulsado por el presidente Milei y acompañado sin fisuras por el gobernador Cornejo. En la práctica, ese modelo significó un retiro del Estado del financiamiento, subsidios y protección de la industria, lo que para muchas empresas fue letal.

Mientras el Gobierno nacional promueve la liberalización de precios y la desregulación, en Mendoza el impacto se mide en despidos y fábricas que operan por debajo de su capacidad. En un contexto de recesión, inflación persistente y poder adquisitivo deteriorado, la pregunta es cuánto más podrá resistir el aparato productivo local sin un viraje de fondo en las políticas públicas.

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