El mundo económico vuelve a transitar aguas turbulentas. El regreso de medidas proteccionistas por parte del gobierno de Estados Unidos, encabezado nuevamente por Donald Trump, ha encendido las alarmas en organismos internacionales y sacudido la ya frágil arquitectura del comercio global.
El anuncio de un arancel general del 10% a todas las importaciones, con penalidades extras para países con altos déficits comerciales con EE.UU., no solo apunta a China, sino que amenaza con revivir una dinámica de “guerra comercial” a gran escala. El Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio ya han advertido sobre un posible retroceso en el crecimiento económico global y una peligrosa fragmentación en bloques comerciales rivales.
Argentina, dependiente de las exportaciones de materias primas y con una economía golpeada por la inflación, la deuda y el estancamiento, podría verse doblemente afectada. Por un lado, la caída del comercio global implicaría menores precios para productos clave como la soja o el litio, restando divisas al país. Por otro, la desestabilización del orden multilateral perjudica el margen de maniobra para renegociaciones financieras, acuerdos bilaterales y posicionamiento estratégico.
Desde el gobierno argentino mantienen cautela, aunque siguen con atención los movimientos de la Reserva Federal de EE.UU. y los posibles impactos que una caída de la actividad global podría tener sobre el precio del dólar y el costo del financiamiento internacional.

“La reconfiguración del mapa comercial mundial no es neutra. Si América Latina no fortalece sus propios mecanismos de integración y planificación conjunta, volveremos a ser espectadores de decisiones que se toman a miles de kilómetros y cuyas consecuencias pagamos nosotros”, opinó un economista mendocino consultado por este medio.
En medio de una campaña electoral cruzada por la economía doméstica, estas señales globales vuelven a recordar que lo que sucede en Washington o Pekín puede impactar de lleno en los bolsillos mendocinos.