Una fábrica que funcionó durante más de seis décadas dejará de producir. Detrás de esa decisión hay 160 trabajadores, familias que pierden su principal ingreso y una localidad que ve desaparecer una de sus fuentes más importantes de empleo privado. Papelera del Sur, ubicada en Tornquist, provincia de Buenos Aires, confirmó su cierre definitivo y se convirtió en otro caso emblemático de las dificultades que atraviesa la industria argentina bajo el programa económico de Javier Milei.
La noticia fue comunicada a los representantes sindicales durante una reunión en Bahía Blanca con autoridades de Interpack, empresa vinculada al Grupo HZ. Según informó el Ministerio de Trabajo bonaerense, la decisión alcanza a aproximadamente 160 personas: 110 trabajadores comprendidos en el convenio colectivo de la actividad papelera y otros 50 que se desempeñaban fuera de convenio. La firma atribuyó el desenlace a la falta de rentabilidad y a las dificultades para competir con productos importados.
La planta llevaba alrededor de siete meses sin actividad productiva. Pero el cierre no fue el resultado de una interrupción repentina: la situación se había deteriorado durante un período prolongado, con suspensiones, reducción de jornadas y una disminución progresiva de la plantilla. En 2025, según los antecedentes difundidos por medios de la región, la fábrica llegó a trabajar apenas 15 días por mes y aplicó suspensiones con recortes salariales del 30%. De una dotación que rondaba los 200 empleados, ahora se pasó a un escenario de cierre definitivo y 160 desvinculaciones anunciadas.
La explicación empresarial apunta a la rentabilidad y a la competencia externa. Sin embargo, el resultado concreto es mucho más sencillo de dimensionar que cualquier argumento contable: una industria que fabricaba en el país dejará de hacerlo y la materia prima que producía será reemplazada por abastecimiento importado. Para Tornquist, no se trata solamente de una empresa que baja sus persianas, sino de la pérdida de una parte importante de su estructura productiva.
Otra fábrica que cae mientras el Gobierno habla de recuperación
El caso de Papelera del Sur vuelve a poner en discusión la distancia entre los indicadores que destaca el Gobierno nacional y la realidad que atraviesan numerosas actividades manufactureras. Javier Milei reivindica el ordenamiento macroeconómico, la desaceleración de la inflación y el equilibrio fiscal como los pilares de una recuperación que, según la visión oficial, debería consolidarse con el paso del tiempo. Pero los datos de la actividad industrial muestran que ese proceso está lejos de traducirse en una recuperación generalizada.
El último informe disponible del INDEC sobre producción industrial manufacturera registró una caída interanual del 1,8% en septiembre de 2026. El acumulado de los primeros nueve meses del año también refleja el retroceso de distintos segmentos de la actividad fabril. En agosto, la utilización de la capacidad instalada industrial había sido del 58,5%, por debajo del 59,6% registrado en el mismo mes de 2025. Es decir, una parte importante de la capacidad productiva disponible continúa sin utilizarse.
La evolución del empleo tampoco permite observar una recuperación extendida. Los indicadores oficiales del SIPA correspondientes a julio de 2026 registraron una reducción mensual del 1,1% en el total de trabajadores registrados, mientras que los asalariados privados alcanzaron los 6,08 millones, con una variación mensual negativa del 0,2%. Son cifras que muestran que la debilidad del mercado laboral no constituye un problema aislado de una localidad o de una empresa.
En ese escenario, Papelera del Sur se suma a una secuencia de establecimientos que redujeron su actividad, suspendieron personal o directamente cerraron sus puertas. La situación no responde necesariamente a una única causa: intervienen la caída de determinados consumos, los costos financieros y operativos, la competencia importada y las dificultades para trasladar los aumentos de costos a los precios. Pero el resultado se repite en distintos puntos del país: menos producción local y menos puestos de trabajo.
La contradicción que atraviesa el debate económico está a la vista. La estabilidad de algunas variables macroeconómicas puede representar un avance para las cuentas públicas, pero no garantiza por sí misma que una fábrica pueda sostener su actividad, que una pyme encuentre compradores o que un trabajador conserve su empleo. El cierre de Tornquist es una expresión concreta de esa brecha entre la recuperación que se anuncia desde el poder y las dificultades que todavía atraviesan sectores enteros de la economía.
Tornquist pierde mucho más que 160 salarios
La dimensión social del cierre excede la cantidad de trabajadores que serán desvinculados. Una fábrica de estas características moviliza proveedores, transportistas, servicios técnicos, contratistas y comercios que dependen, directa o indirectamente, de su funcionamiento. Cada salario que deja de ingresar al circuito local representa también menos consumo en supermercados, almacenes, estaciones de servicio, talleres y otros establecimientos de la comunidad.
El secretario general del sindicato papelero, Gustavo Lanaro, manifestó que la noticia llegó sin aviso previo y que los trabajadores todavía mantenían expectativas de continuidad. Según relató, los representantes de la empresa les comunicaron que el negocio había dejado de ser viable y que se comprometían a afrontar las indemnizaciones y liquidaciones correspondientes. Sin embargo, el dirigente advirtió que el pago de las indemnizaciones no resuelve el problema de quienes pierden su fuente de ingresos.
La preocupación también alcanzó al municipio y al gobierno provincial. El Ministerio de Trabajo bonaerense intervino de oficio y convocó a las partes para intentar encontrar una alternativa. En la audiencia del viernes 6 de noviembre, las autoridades provinciales y municipales plantearon distintas posibilidades para sostener la actividad, pero los representantes empresariales mantuvieron su postura de avanzar con el cierre.
La negociación pasó a un cuarto intermedio hasta el jueves 12 de noviembre. El sindicato solicitó que participen directamente los propietarios del Grupo HZ y los máximos responsables de Interpack, con la expectativa de que exista una instancia de discusión con quienes tienen la decisión final sobre el futuro de la planta.
Mientras tanto, el impacto ya se hizo visible en las calles de Tornquist. El sábado 7 de noviembre, trabajadores, familiares y vecinos se movilizaron frente a la fábrica para expresar su rechazo al cierre. La protesta tuvo una dimensión que excedió el conflicto gremial: la comunidad salió a defender una fuente de producción que durante décadas formó parte de su estructura económica.
El otro efecto: qué pasa con el packaging del comercio electrónico
La desaparición de Papelera del Sur también tiene una consecuencia industrial que merece atención y que va más allá de los empleos perdidos. La empresa no fabricaba simplemente papel de uso general: producía cartulinas encapadas recicladas utilizadas como materia prima para envases, bandejas, displays y estructuras de microcorrugado.
Según la propia descripción comercial de la compañía, sus productos se utilizaban en envases de alimentos, indumentaria, productos de limpieza, artículos de cuidado personal y otros bienes de consumo masivo. Algunos materiales, como su línea Duplexpack, estaban especialmente diseñados para estructuras de microcorrugado, una solución utilizada en diferentes tipos de embalajes.
La relevancia de esta producción se entiende mejor al observar el crecimiento del comercio electrónico argentino. De acuerdo con el estudio Mid Term 2026 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), elaborado junto con Kantar, durante el primer semestre se concretaron 181,5 millones de órdenes de compra, un crecimiento del 21% respecto del mismo período del año anterior. En ese lapso también se comercializaron 248 millones de artículos, con un incremento interanual del 22%.
Es un mercado que necesita una infraestructura material para funcionar. Cada producto que debe trasladarse requiere algún sistema de protección, acondicionamiento o presentación. Allí aparecen las cajas, los envases, las bandejas, los separadores y distintos materiales de packaging. Aunque no todos los pedidos se despachan en cajas de cartón ni todos utilizan cartulina producida por Papelera del Sur, la industria papelera forma parte de esa cadena de abastecimiento.
Por eso, el cierre introduce un problema que merece seguirse: el mercado argentino pierde un fabricante local de una materia prima específica y parte de esa demanda deberá cubrirse mediante importaciones. El propio Ministerio de Trabajo bonaerense señaló que la cartulina que se producía en Tornquist comenzó a importarse desde Brasil. La decisión empresarial implica así un cambio concreto en la procedencia de un insumo industrial.
El impacto sobre el comercio electrónico no debe confundirse con un faltante automático de cajas ni con un aumento inmediato de las tarifas de envío. No existen datos públicos que permitan calcular cuánto del packaging utilizado por el e-commerce dependía exclusivamente de esta planta. Tampoco puede atribuirse a este cierre, por sí solo, una variación determinada en los costos de la última milla. Pero sí hay una consecuencia verificable: se reduce la producción nacional de una materia prima utilizada en la fabricación de envases y aumenta la necesidad de abastecerse en el exterior.
Para las empresas de packaging, imprentas y fabricantes de envases, la sustitución por materiales importados puede modificar las condiciones de compra, los plazos de reposición y la exposición al tipo de cambio. Para las pequeñas empresas que venden por plataformas digitales, esos movimientos pueden terminar reflejándose en el costo de los embalajes. Y en un negocio donde cada peso cuenta para calcular la rentabilidad de una venta y su envío, el precio de los insumos no es un detalle secundario.
El comercio electrónico puede seguir creciendo en cantidad de operaciones, pero ese crecimiento necesita una industria que provea los materiales, la infraestructura y los servicios que permiten que cada compra llegue a destino. Si una parte cada vez mayor de esos insumos debe conseguirse afuera, el crecimiento del canal digital también queda más expuesto a las condiciones del mercado internacional.
La papelera de Tornquist y el antecedente de Celulosa Argentina
El cierre tampoco aparece en un sector completamente ajeno a las dificultades. Celulosa Argentina, una de las principales compañías de la industria papelera nacional, continúa atravesando una situación financiera compleja. En el segundo trimestre de su ejercicio fiscal, cerrado el 31 de agosto de 2026, registró una pérdida integral de $14.196,2 millones.
La cifra representa una mejora significativa frente a los $109.432 millones de pérdida del mismo período del ejercicio anterior, pero la empresa continúa operando con resultados negativos. En su presentación ante el mercado también reconoció dificultades para trasladar a los precios el incremento de los costos operativos, además de los problemas vinculados con el abastecimiento energético.
Son situaciones empresariales diferentes y no corresponde equiparar automáticamente sus causas. Sin embargo, ambas permiten observar las dificultades que enfrenta la producción papelera argentina en un escenario de costos elevados, competencia externa y demanda que no siempre acompaña la capacidad instalada.
En el caso de Papelera del Sur, además, hay una particularidad relevante: Grupo HZ mantendrá otras actividades industriales y comerciales, pero dejará de producir localmente la cartulina que abastecía a parte de su cadena de negocios. Según la información publicada por el propio grupo, sus operaciones incluyen distribución de papeles y cartulinas, centros logísticos y fabricación de envases y soluciones de packaging en distintos países de la región. La materia prima que antes salía de Tornquist ahora podrá ingresar desde el exterior para abastecer otras unidades.
La discusión, entonces, no es solamente por una fábrica que cierra. También es por el lugar que ocupa la producción nacional dentro de una cadena industrial que continuará funcionando, pero con una mayor participación de insumos importados.
Una negociación abierta y una pregunta que queda en el aire
Los trabajadores todavía esperan que la audiencia del 12 de noviembre permita reabrir una discusión sobre la continuidad de la planta. La empresa ya ratificó su decisión, pero el sindicato y las autoridades provinciales buscan que los propietarios del grupo participen directamente de la próxima instancia. Por ahora, no existe un acuerdo que permita revertir el cierre.
La historia de Papelera del Sur comenzó en 1960 y su incorporación al Grupo HZ se produjo en 1973. Durante más de seis décadas, la fábrica fue parte de la identidad productiva de Tornquist y una pieza de la industria nacional de envases. Su desaparición deja una marca que no se limita a los 160 empleos comprometidos: también modifica la estructura de abastecimiento de una actividad que seguirá necesitando los materiales que allí se fabricaban.
Mientras el Gobierno nacional sostiene que el ordenamiento económico abrirá una etapa de crecimiento, los cierres industriales muestran que ese resultado todavía no alcanza a todos los sectores ni a todas las regiones. La pregunta ya no es únicamente cuántas fábricas pueden competir con los productos importados, sino cuántas actividades productivas están en condiciones de sobrevivir durante la transición económica que impulsa la administración de Milei.
Tornquist conoce ahora el costo concreto de esa discusión: una fábrica sin producción, 160 trabajadores ante la pérdida de su empleo y una comunidad que ve alejarse una parte de su futuro industrial. Y detrás de esa persiana que baja aparece otro interrogante para la economía argentina: si el comercio electrónico crece, pero la industria que fabrica parte de los materiales necesarios para abastecerlo retrocede, ¿quién terminará produciendo los insumos que el país necesita y bajo qué condiciones?