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ECONOMÍA

23 de octubre de 2026 · 09:52

El consumo no levanta: nueve meses de caída y cada vez más familias endeudadas para comer

Las ventas de productos de consumo masivo volvieron a retroceder en septiembre y acumularon nueve meses consecutivos en baja interanual. Mientras los ingresos pierden capacidad de compra, millones de argentinos recurren al crédito para cubrir alimentos, salud y servicios básicos. Los números exponen una economía doméstica cada vez más ajustada bajo el gobierno de Javier Milei.

El consumo no levanta: nueve meses de caída y cada vez más familias endeudadas para comer

La crisis del consumo cotidiano sigue profundizándose en la Argentina. Las familias compran menos, recortan gastos y, cada vez con mayor frecuencia, recurren al endeudamiento para cubrir necesidades que antes podían afrontar con sus ingresos. En septiembre, el consumo masivo registró una nueva caída interanual y completó nueve meses consecutivos en terreno negativo, una tendencia que vuelve a poner bajo la lupa el impacto del programa económico de Javier Milei sobre los hogares.


De acuerdo con los datos de la consultora Scentia difundidos el 22 de octubre, las ventas de productos de consumo masivo retrocedieron un 1,2% interanual durante septiembre. El balance de los primeros nueve meses de 2026 también fue negativo, con una contracción acumulada del 2,7%. El deterioro no se limita a un rubro específico: alcanza alimentos, bebidas, productos de higiene y artículos de limpieza, es decir, bienes vinculados con la vida cotidiana.

El relevamiento de Scentia se construye a partir de información de unos 9.000 puntos de venta, entre supermercados, autoservicios, mayoristas, farmacias, comercios tradicionales y plataformas digitales. Esa amplitud permite observar una tendencia que atraviesa distintos canales comerciales y que encuentra su expresión más preocupante en los negocios de cercanía, donde las compras de menor volumen forman parte de la rutina de miles de hogares.

Supermercados, mayoristas y comercios de barrio, en retroceso

Los números de septiembre muestran que los autoservicios independientes registraron una caída interanual del 3,7%, mientras que los mayoristas retrocedieron un 3,4% y los supermercados, un 2,6%. El comercio electrónico fue la excepción, con una suba del 30,5%, aunque ese crecimiento no alcanzó para compensar la retracción general del consumo.

La comparación mensual tampoco ofrece señales de recuperación. Frente a agosto, las ventas descendieron un 1%, con caídas del 6,7% en mayoristas, del 5,3% en supermercados, del 3,9% en el comercio electrónico y del 1,8% en los autoservicios independientes.

La persistencia de estos resultados refleja una dificultad que va más allá de las decisiones individuales de compra: cuando los ingresos no alcanzan para sostener el nivel de consumo habitual, los hogares modifican sus prioridades, reducen cantidades y postergan adquisiciones. El resultado es una rueda que afecta tanto a las familias como a los comercios que dependen de sus gastos cotidianos.

Los alimentos y las bebidas también sienten el ajuste

La caída del consumo tiene una distribución desigual según el tipo de producto. Durante septiembre, los alimentos perecederos registraron una contracción interanual del 10,2%, mientras que las bebidas sin alcohol retrocedieron un 8%. Los productos vinculados al desayuno y la merienda cayeron un 5,2%, las bebidas alcohólicas un 4,2%, los artículos de higiene personal un 3,1% y los productos de limpieza un 1,6%.

En el acumulado de enero a septiembre, los alimentos perecederos encabezaron las bajas, con un retroceso del 10,5%. Les siguieron las bebidas sin alcohol, con una disminución del 7,7%, y los productos para desayuno y merienda, con una caída del 5,2%. También retrocedieron los artículos de limpieza para ropa y hogar, los productos de higiene y cosmética y las bebidas alcohólicas.

Dentro de ese panorama, el rubro de alimentación mostró una suba interanual del 1,7% en septiembre y un avance acumulado del 1,2%. Sin embargo, ese resultado puntual no modifica el diagnóstico general: el consumo masivo continúa en retroceso y varias categorías vinculadas con la mesa familiar presentan contracciones pronunciadas.

La diferencia entre rubros también obliga a mirar más allá de los porcentajes generales. En una economía doméstica ajustada, sostener una compra puede implicar resignar otra. Que una categoría registre una mejora no significa necesariamente que las familias hayan recuperado su capacidad de consumo, especialmente cuando otros productos esenciales continúan mostrando fuertes caídas.

Cuando el sueldo se termina antes de fin de mes, aparece la deuda

La retracción de las ventas coincide con otro fenómeno que enciende las alarmas: el endeudamiento de los hogares para cubrir gastos básicos. Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) citado en la publicación original, la cantidad de personas morosas asciende a 5,7 millones, equivalentes al 12% de la población.

El problema adquiere características particulares entre los más jóvenes. De acuerdo con ese relevamiento, el 19,4% de los deudores jóvenes registra al menos una deuda morosa con una empresa de tecnología financiera o fintech, frente al 7,9% que presenta una deuda morosa con bancos. La diferencia evidencia el peso que ganaron las plataformas digitales de crédito en un escenario en el que conseguir dinero para llegar a fin de mes se convirtió en una necesidad para una parte de la población.

El crédito, que en otras circunstancias puede utilizarse para financiar bienes durables o realizar inversiones, empieza a cumplir otra función cuando se destina a comprar alimentos, pagar medicamentos o afrontar las facturas del hogar. En esos casos, no representa necesariamente una mejora de la capacidad de compra, sino una forma de cubrir hoy un faltante que deberá pagarse más adelante.

Esa dinámica tiene un costo: los ingresos futuros quedan comprometidos por deudas anteriores y el margen disponible para afrontar nuevos gastos se reduce. Si el salario no mejora al ritmo necesario, la familia puede terminar recurriendo nuevamente al crédito para cubrir obligaciones que ya no puede resolver con sus recursos habituales.

Dos de cada tres argentinos se quedan sin dinero antes de terminar el mes

El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, correspondiente a septiembre, aporta otra dimensión del deterioro. Según el informe, dos de cada tres argentinos se quedan sin dinero a más tardar el día 20 de cada mes. La proporción llega al 72% entre los menores de 40 años y al 83,3% entre las personas de clase baja.

El estudio también señala que casi cuatro de cada diez encuestados no logran sostener sus ingresos más allá de la primera quincena. Apenas el 34% llega a fin de mes y solo el 9,8% declara tener capacidad de ahorro.

La situación cambia de manera marcada según el nivel socioeconómico. Entre los sectores populares, el 59,6% se queda sin dinero antes del día 15 y el 83,3% no supera el día 20. Apenas el 0,9% consigue ahorrar. En la clase alta, en cambio, el 61,9% declara capacidad de ahorro y solo el 20% se queda sin ingresos antes de terminar el mes.

Las diferencias también aparecen en el uso del crédito. El informe de Zentrix indica que se endeudó el 68,1% de las personas de clase baja, frente al 36,5% de las de clase alta. Pero el destino de esos préstamos es tan revelador como la proporción de quienes los toman: entre los sectores de menores ingresos, el 65,5% de los endeudados recurrió al crédito para afrontar gastos básicos, mientras que entre los de mayores ingresos el 63,4% lo hizo para comprar bienes durables.

La distancia muestra dos realidades económicas muy diferentes. Para algunos hogares, endeudarse permite anticipar una compra o acceder a un producto de mayor valor. Para otros, significa conseguir el dinero que falta para cubrir necesidades esenciales. En el primer caso, el crédito amplía las posibilidades de consumo; en el segundo, funciona como un recurso para evitar que la economía familiar se paralice antes de terminar el mes.

Una recuperación que todavía no aparece en el consumo cotidiano

Los datos de septiembre vuelven a poner en discusión uno de los principales desafíos económicos del Gobierno nacional: cómo trasladar cualquier mejora macroeconómica a los ingresos y al consumo de los hogares. La continuidad de las caídas interanuales muestra que, al menos en el comercio de productos masivos, no aparece todavía una recuperación sostenida.

La situación resulta especialmente delicada porque el consumo cotidiano tiene un vínculo directo con la capacidad de compra de los salarios y con la estabilidad de los ingresos. Cuando las familias reducen sus compras durante meses consecutivos, el impacto no queda encerrado en los hogares: también alcanza a supermercados, mayoristas, autoservicios y pequeños comercios que dependen de la demanda interna.

A esto se suma el endeudamiento para gastos esenciales, que compromete una parte de los ingresos futuros y puede prolongar las dificultades incluso si la inflación desacelera. Un hogar que necesita financiar alimentos o servicios básicos no está necesariamente en condiciones de recuperar sus compras habituales, porque una parte de su dinero ya está destinada a cancelar obligaciones anteriores.

Nueve meses consecutivos de caída del consumo masivo, millones de personas con deudas morosas y una mayoría que no logra llegar al día 20 con dinero disponible conforman una señal de alerta sobre la economía cotidiana. Detrás de cada porcentaje hay decisiones forzadas: qué comprar, qué dejar para después y cuánto endeudarse para cubrir lo indispensable.

El desafío para la política económica no se limita a mostrar indicadores generales, sino a conseguir que los ingresos permitan sostener una vida cotidiana sin depender del crédito para comer. Mientras esa mejora no se refleje en las compras de todos los días, la crisis del consumo seguirá siendo uno de los indicadores más concretos del deterioro que atraviesan numerosas familias argentinas.

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