El mensaje llegó después de meses de debate interno sobre qué hacer frente a Javier Milei: acompañar algunas de sus políticas, negociar desde los gobiernos provinciales o construir una alternativa propia que dispute el centro del escenario.
La definición tuvo además una frase que buscó marcar distancia de los dos polos que dominaron la política argentina durante los últimos años. Nicoletti sostuvo que “el kirchnerismo fracasó y Milei no le da respuestas a la mayoría de los argentinos” y planteó como alternativa una combinación de “orden fiscal, sensibilidad social y decencia en el manejo de lo público”. No se trata solamente de una crítica discursiva: el radicalismo intenta recuperar una identidad propia después de un período en el que una parte importante de sus dirigentes quedó atravesada por la discusión sobre cuánto acompañar al Gobierno libertario y cuánto diferenciarse.
El mensaje no salió de una oficina: salió al territorio
La escena elegida tampoco fue casual. La jornada comenzó en la Sociedad Rural de 9 de Julio, donde los dirigentes radicales se reunieron con productores, y continuó en el comité partidario con militantes, autoridades y dirigentes locales. En paralelo, la conducción de la UCR venía desarrollando una recorrida por distintos municipios bonaerenses, con paradas anteriores en Morón y Ramallo, en una estrategia que busca reconstruir presencia territorial antes de que comiencen formalmente las definiciones electorales.
Chiarella viene insistiendo desde que asumió la conducción nacional en una idea que ahora adquiere mayor contenido electoral: el radicalismo no quiere limitarse a administrar el pasado ni convertirse en socio menor de otro espacio. En su discurso de asunción había planteado que el equilibrio fiscal debía servir para financiar seguridad, salud, educación y obra pública, mientras que en el Coloquio de IDEA volvió a reclamar acuerdos de largo plazo y una política capaz de superar la grieta. Días después, desde la propia UCR, volvió a definir el desafío en términos de construir “una alternativa”.
El campo, la Ruta 5 y una crítica concreta al Gobierno
El desembarco radical en 9 de Julio tuvo además una segunda dimensión que excede la interna partidaria. La conducción nacional y bonaerense llegó a la ciudad para reclamar por la Ruta Nacional 5, un corredor estratégico para la producción y el transporte, y anunció la presentación de un amparo judicial para exigir respuestas y avanzar con su transformación en autovía. Chiarella apuntó directamente contra el Gobierno nacional al contrastar las obras inconclusas de administraciones anteriores con lo que definió como rutas “abandonadas” durante la gestión de Milei.
La discusión vial funciona, así, como una muestra concreta de la identidad que la conducción radical intenta construir: equilibrio fiscal sí, pero con un Estado que también haga obras, garantice infraestructura y sostenga servicios. El argumento aparece repetidamente en los discursos de Chiarella: el problema no sería solamente cuánto gasta el Estado, sino qué hace con los recursos que administra. Esa diferencia conceptual es importante porque permite entender por qué la UCR intenta disputar un espacio propio sin abandonar una de las banderas que también reivindica el oficialismo nacional, como el orden de las cuentas públicas.
La palabra clave: alternativa
La palabra “alternativa” viene apareciendo con insistencia en el discurso de Chiarella. En septiembre, el titular de la UCR nacional ya había planteado que el partido quería construir un Estado “eficiente y humano” y había marcado diferencias con el Gobierno en educación pública, salud, infraestructura, derechos laborales y seguridad. En junio, además, había dicho que la UCR trabajaría para tener una propuesta propia para 2027, aunque entonces consideraba prematuro hablar de una candidatura presidencial concreta. La diferencia con octubre es que ahora la conducción radical decidió avanzar un paso más y hacer pública la intención de competir con candidatos propios.
Eso no significa que todas las discusiones internas estén resueltas. De hecho, el radicalismo llega a esta definición después de meses de fuertes diferencias sobre su relación con Milei. En mayo, los gobernadores radicales se reunieron con Chiarella y acordaron fortalecer el partido rumbo a 2027, pero dejaron abierta la posibilidad de alianzas. En agosto, el Gobierno nacional continuaba negociando con gobernadores radicales para obtener respaldo legislativo a distintas iniciativas. Y todavía hoy conviven dentro del partido dirigentes que consideran posible una convergencia con La Libertad Avanza con otros que pretenden construir una tercera alternativa.
El problema de fondo: Cornejo y Pullaro no miran exactamente hacia el mismo lugar
Ahí aparece una de las principales tensiones que deberá resolver Chiarella. El radicalismo tiene gobernadores con estrategias diferentes frente a Milei. Alfredo Cornejo, en Mendoza, defendió tempranamente la posibilidad de confluir con La Libertad Avanza, mientras que Maximiliano Pullaro, en Santa Fe, impulsó una construcción de centro y buscó evitar que la UCR quedara absorbida por la polarización libertaria. También existen matices entre los demás mandatarios provinciales.
Por eso, el anuncio de 9 de Julio debe leerse como una decisión de la conducción partidaria para fortalecer una marca radical propia, pero todavía no como el cierre definitivo de todas las discusiones electorales. La propia conducción había reconocido meses atrás que “solos no se puede” y que una alianza podía ser una opción, mientras que ahora Chiarella y Nicoletti hablan de candidatos propios. La diferencia puede parecer pequeña, pero políticamente es enorme: primero se construye la identidad y después se negocia desde una posición de mayor autonomía.
Nicoletti y una interna bonaerense que también mira a Kicillof
En Buenos Aires, el movimiento tiene una dimensión adicional. Nicoletti asumió en agosto la presidencia de la Convención Provincial, el órgano partidario que interviene en la estrategia electoral y las alianzas, después de una etapa de fuerte disputa interna. La conducción bonaerense busca ahora reconstruir estructura territorial en los 135 municipios, fortalecer los comités y preparar candidatos propios para disputar intendencias. El objetivo declarado por el Comité Provincia es llegar con músculo territorial y un programa de gobierno a 2027.
El radicalismo bonaerense también tiene otro problema: debe decidir si su principal objetivo será recuperar identidad partidaria, disputar el gobierno provincial o convertirse en una pieza de una coalición más amplia contra La Libertad Avanza. En los últimos meses aparecieron propuestas de alianzas muy diferentes. Mientras Martín Lousteau planteó incluso un frente amplísimo contra el oficialismo nacional, esa idea encontró resistencias dentro de la propia UCR bonaerense. La conducción de Chiarella y Nicoletti parece inclinarse, por ahora, por una secuencia diferente: primero reconstruir al radicalismo y después discutir alianzas desde una estructura propia.
Una vieja discusión que vuelve con otro nombre
La paradoja es que el radicalismo está intentando ocupar nuevamente un lugar que históricamente le resultó difícil conservar: ser una alternativa nacional sin quedar atrapado entre el peronismo y una fuerza de derecha con capacidad electoral propia. El problema no es solamente discursivo. La UCR conserva gobernadores, intendentes, legisladores y una extensa estructura territorial, pero desde hace años tiene dificultades para convertir ese poder territorial en una candidatura presidencial competitiva. Chiarella recibió justamente ese desafío cuando asumió la conducción nacional a fines de 2025.
En agosto, dirigentes históricos como Ernesto Sanz, Mario Negri y Jesús Rodríguez ya habían advertido sobre la necesidad de que el partido saliera de la “irrelevancia” y construyera una alternativa para 2027, incluso con un candidato presidencial propio. Aquella convocatoria no fue organizada formalmente por la conducción partidaria y tampoco reunió a todos los gobernadores radicales, pero mostró que la discusión estaba instalada en distintas capas de la estructura radical. Ahora, la diferencia es que la conducción nacional y la bonaerense asumieron públicamente esa bandera.
¿Ruptura con Milei o autonomía para negociar?
Por eso, hablar de una “ruptura de la UCR con Milei” sería más impactante que preciso. Lo que efectivamente ocurrió es que dos de las principales autoridades partidarias anunciaron que trabajarán para que el radicalismo tenga candidatos propios en todos los niveles en 2027 y cuestionaron de manera directa la capacidad del Gobierno nacional para ofrecer respuestas a la mayoría de los argentinos. Al mismo tiempo, existen gobernadores y dirigentes radicales que mantienen diálogo con la Casa Rosada y que incluso evalúan acuerdos electorales o legislativos.
La apuesta de Chiarella y Nicoletti parece apuntar, entonces, a algo más complejo que simplemente “romper” con Milei: recuperar capacidad de negociación construyendo primero una identidad electoral propia. El radicalismo quiere poder decir que defiende el equilibrio fiscal sin aceptar que eso implique resignar educación, salud, infraestructura o políticas productivas; quiere cuestionar al kirchnerismo sin quedar obligado a acompañar al oficialismo libertario y pretende presentarse como una fuerza capaz de administrar con cuentas ordenadas sin reducir la política exclusivamente al ajuste. Esa es, al menos, la identidad que sus autoridades están intentando instalar.
2027 ya empezó a discutirse
Todavía no existe candidato presidencial radical definido. Tampoco está resuelta la relación electoral con La Libertad Avanza ni está claro qué dirigentes terminarán encabezando las listas nacionales, bonaerenses y provinciales. Pero hay algo que sí cambió: la UCR dejó de hablar solamente de recuperar protagonismo y empezó a hablar explícitamente de competir.
Desde 9 de Julio, con el campo como primera parada, una ruta nacional como escenario de reclamo y los comités como lugar de militancia, Chiarella y Nicoletti buscaron mostrar que el radicalismo quiere volver a caminar con bandera propia. La pregunta que queda abierta es si esa estrategia logrará convertirse en una candidatura competitiva o si las diferencias entre sus gobernadores, legisladores y sectores internos volverán a empujar al partido hacia una nueva alianza. Por ahora, la señal política es clara: la UCR quiere llegar a 2027 sentada en la mesa como protagonista y no como acompañante de Milei ni del peronismo.