MUNDO
22 de marzo de 2026
Trump no puede salir de esta guerra solo con discurso: sin estrategia, sin aliados y con un ultimátum que vence hoy
El sábado 21 de marzo, Trump le dio a Irán 48 horas para reabrir el estrecho de Ormuz o enfrentar ataques directos sobre su infraestructura energética. Ese ultimátum vence hoy domingo 22 de marzo. Irán respondió que si EE.UU. ataca sus centrales eléctricas el estrecho quedará cerrado de forma definitiva. El petróleo llegó a USD 119 el barril. Los aliados europeos dijeron que no. La Fed congeló los recortes de tasas. Goldman Sachs proyecta precios altos hasta 2027. Y el Parlamento iraní analiza cobrar peajes a los barcos que crucen Ormuz. Tres semanas de guerra y la única certeza es que nadie tiene una estrategia de salida.
El sábado 21 de marzo, a través de Truth Social, Donald Trump publicó lo que puede ser el mensaje más peligroso de su presidencia: "Si Irán no abre completamente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz, dentro de las 48 horas siguientes a este preciso momento, Estados Unidos atacará y aniquilará sus diversas plantas de energía." Ese plazo vence hoy domingo 22 de marzo. Irán no abrió el estrecho. Y la portavoz militar israelí fue directa: "Nos esperan más semanas de combates." El mundo espera.
Lo que está en juego con ese ultimátum excede los límites de una disputa militar. El estrecho de Ormuz, 54 kilómetros de ancho entre Irán y Omán, es el corredor por donde pasa el 20% del petróleo que se comercializa en el planeta. Lleva prácticamente cerrado desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. Más de 2.000 personas murieron en tres semanas de bombardeos. Y ahora Irán respondió la amenaza de Trump con una escalada propia: si Estados Unidos ataca sus centrales eléctricas, el estrecho quedará cerrado de forma completa e inmediata. No como medida táctica. Como respuesta definitiva. La paradoja es brutal: el ultimátum que Trump lanzó para reabrir Ormuz podría cerrarlo para siempre.
Hay además un movimiento iraní que los analistas empezaron a tomar muy en serio esta semana. El Parlamento de Irán analiza la posibilidad de imponer peajes a las embarcaciones que crucen el estrecho. Si esa iniciativa prospera, los países que dependen del petróleo del Golfo se verían forzados a negociar directamente con Teherán para garantizar el paso de sus barcos. Sería la conversión de una crisis militar en una fuente de poder político permanente: Irán como cobrador de peaje del 20% del petróleo mundial. El régimen que Trump quiso destruir podría terminar más poderoso que antes de la guerra.
Tres semanas después de iniciar la guerra, la administración Trump admite en privado que no tiene herramientas para bajar el precio del petróleo y que los precios altos podrían prolongarse durante meses. El petróleo Brent alcanzó picos de hasta USD 119 el barril antes de estabilizarse en torno a USD 108. Goldman Sachs proyectó que esos precios elevados podrían mantenerse hasta 2027. La gasolina en Estados Unidos subió un 29% en pocas semanas. Y la Reserva Federal congeló los recortes de tasas: el presidente Jerome Powell usó la palabra "incertidumbre" siete veces durante su conferencia de prensa. Los operadores calculan ahora una probabilidad de casi el 80% de que la Fed mantenga o suba las tasas para fin de año. Hace apenas un mes, esos mismos operadores veían una probabilidad del 74% de dos o más recortes. La guerra cambió el mapa monetario de Estados Unidos en tres semanas.
La lista de opciones que maneja la Casa Blanca es, según AP, cada vez más desesperada. Estados Unidos ya agotó sus herramientas habituales: liberó reservas estratégicas, flexibilizó sanciones sobre el petróleo ruso y aceleró los flujos de crudo doméstico. Cuando nada alcanzó, llegó la medida más paradójica de todas: la administración consideró levantar temporalmente las sanciones sobre los barriles de petróleo iraní que se encuentran en el mar, lo que permitiría a Irán beneficiarse económicamente mientras Washington intenta destruir militarmente a su régimen. Pagarle al enemigo para bajar el precio de la nafta. Entre las opciones que también circulan en privado están la captura de la isla iraní de Kharg —que gestiona el 90% de las exportaciones de crudo— y la destrucción total de la infraestructura petrolera iraní. El secretario de Estado Marco Rubio dijo que las tropas sobre el terreno podrían ser la única manera de capturar el uranio enriquecido. "Habrá que ir a buscarlo", dijo. Una semana después, Trump declaró: "No estamos enfocados en eso." Dos funcionarios del mismo gobierno, dos objetivos distintos, ninguna estrategia compartida.
El frente de aliados no está mejor. Siete países —Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Japón y Canadá— emitieron un comunicado conjunto condenando a Irán y prometiendo "disposición a contribuir", pero sin ofrecer ningún detalle concreto. El analista Collin Koh fue directo: "No veo la declaración conjunta como algo más que una postura retórica." El canciller austriaco dijo que Europa "no se dejará chantajear". La jefa de diplomacia de la UE dijo que no hay "apetito" para ampliar la presencia naval en el estrecho. Francia condicionó cualquier ayuda a que primero disminuya la intensidad de los combates. Trump los llamó "cobardes." El daño a la infraestructura energética en la región ya es concreto: el complejo de gas natural licuado de Ras Laffan en Qatar, en el que Exxon participa como socio, sufrió daños cuya reparación podría llevar hasta cinco años. La planta de Shell en el mismo complejo también resultó dañada.
Nate Swanson, director para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Biden, resumió el problema con precisión: "No creo que tengamos ni idea de cuál es nuestro objetivo en este momento. Parece cambiar día a día. No se previó que esto se convertiría en una guerra prolongada, cuando en realidad debería haberlo sido." Dan Yergin, vicepresidente de S&P Global, cerró el cuadro económico: "Habrá una prima de seguridad incorporada a los precios del petróleo una vez que termine la guerra en Irán. No creo que después de esto vayamos a volver a donde estábamos antes."
La ironía más brutal la señaló el Chicago Tribune: Trump construyó toda su política energética sobre los combustibles fósiles, bloqueó la energía renovable y apostó al dominio del petróleo. Al hacerlo, dejó a los estadounidenses más vulnerables a exactamente el tipo de shock de oferta que él mismo desencadenó. Los republicanos empiezan a pedir en voz alta lo que el representante Tim Burchett dijo sin filtros: "Creo que necesitamos encontrar una estrategia de salida lo antes posible."
Hoy vence el ultimátum. Trump puede tuitear, puede amenazar, puede llamar cobardes a sus aliados. Lo que no puede hacer es salir de esta guerra con retórica. El estrecho de Ormuz no se abre con palabras. El petróleo a USD 108 no baja con fanfarronería. Y si el Parlamento iraní convierte ese corredor en un peaje permanente, la guerra que Trump lanzó para debilitar a Irán podría terminar dándole al régimen una fuente de poder que no tenía antes del 28 de febrero.
