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POLÍTICA

26 de diciembre de 2025

El espejismo del "Diciembre en Paz": Milei celebra el orden mientras el consumo se desploma

Con un mensaje de tono mesiánico, el Presidente ignoró la parálisis económica y la pérdida del poder adquisitivo. Bajo la promesa de "abrocharse los cinturones", el Gobierno prepara un enero de ajuste ortodoxo que amenaza con tensar la cuerda social al límite.

Por Que tal tu Día 

Para Javier Milei, la realidad parece reducirse a una hoja de Excel donde el déficit cero justifica cualquier costo social. En su último mensaje del año, el mandatario se jactó de haber "domado" la calle y la inflación, pero omitió deliberadamente el precio que la clase media y los sectores vulnerables pagaron por esa paz de cementerio: una recesión que no encuentra piso y un consumo que, en esta Navidad, registró sus peores números en décadas.

El relato oficial vs. la góndola

Mientras el Presidente afirma haber sacado a millones de la pobreza, los datos de las cámaras de comercio (CAME) muestran una realidad paralela: las ventas minoristas cayeron un 7,5% respecto al año pasado. El "éxito" del programa económico se sostiene sobre un consumo interno aniquilado y tarifas de servicios públicos que en enero volverán a dar un salto, licuando cualquier intento de recuperación salarial.

¿Paz social o control coercitivo?

El Gobierno celebra la ausencia de piquetes como un triunfo cultural, pero la oposición y organismos de derechos humanos denuncian que se trata de una "paz forzada" por un despliegue policial sin precedentes y la criminalización de la protesta. "No hay conflicto porque la gente tiene miedo de perder lo poco que le queda, no porque esté mejor", señalaron desde el bloque de Diputados de la oposición.

Enero: El "Plan Motosierra" entra en fase 2

La advertencia de "abrocharse los cinturones" no es una metáfora. Para enero, el Ejecutivo enviará al Congreso una reforma laboral que busca eliminar de un plumazo derechos adquiridos bajo el eufemismo de la "modernización". Sin la mayoría automática que esperaba tras las legislativas, Milei se encamina a un choque de poderes que podría paralizar la gestión si no logra negociar con los gobernadores, hoy asfixiados por el recorte de transferencias federales.

El riesgo de gobernar por decreto y la fragilidad del consenso

La insistencia del Ejecutivo en avanzar "hasta el hueso" mediante decretos y leyes ómnibus no solo desgasta el sistema republicano, sino que revela una peligrosa incapacidad de construcción política. Al apostar todo a la polarización extrema, Milei convierte cada reforma en una batalla de "todo o nada", una estrategia que, si bien le fue útil para ganar elecciones, resulta precaria para sostener la gobernabilidad en un país con indicadores sociales al límite. El riesgo latente es que, ante el primer revés legislativo o judicial de importancia, el "clima de confianza" que el mercado celebra hoy se transforme en una fuga de capitales ante la evidencia de que el cambio propuesto no tiene raíces institucionales sólidas, sino apenas el impulso de una voluntad individual.

¿Estabilidad macro o desierto productivo?

Más allá de los laureles financieros que el equipo económico exhibe con orgullo, la pregunta que el oficialismo evita responder es qué tipo de país quedará en pie tras el ajuste. La obsesión por el equilibrio fiscal ha generado un "desierto productivo" donde las pequeñas y medianas empresas, principales generadoras de empleo en Argentina, se ven asfixiadas por la apertura indiscriminada de importaciones y una carga tributaria que, lejos de bajar como prometió la campaña libertaria, se ha mantenido para sostener la recaudación. Sin un plan que contemple la reactivación de la industria nacional y el fomento al consumo interno, el "vuelo" que Milei pide afrontar con los cinturones abrochados podría terminar en un aterrizaje forzoso si la economía real no encuentra un motor que reemplace la tijera del Estado.

 

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