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19 de octubre de 2026 · 16:08

¿No eran amigos? Trump quiere cerrar el comité de la ONU donde la Argentina reclama por Malvinas

Estados Unidos pidió terminar con el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas, uno de los ámbitos centrales donde la Argentina sostiene su reclamo de soberanía. La iniciativa llega después de que Javier Milei celebrara las señales de Donald Trump sobre Malvinas y presentara su alineamiento con Washington como una ventaja estratégica. Cuando los intereses estadounidenses entran en juego, la amistad proclamada por la Casa Rosada vuelve a mostrar sus límites.

¿No eran amigos? Trump quiere cerrar el comité de la ONU donde la Argentina reclama por Malvinas

La administración de Donald Trump pidió poner fin al mandato del Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, conocido como C-24, el organismo en el que la Argentina mantiene vivo cada año su reclamo por las Islas Malvinas. El planteo fue formulado el 15 de octubre ante la Cuarta Comisión de la Asamblea General y quedó registrado en la cobertura oficial de Naciones Unidas. La representante estadounidense sostuvo que el comité había superado su propósito original y calificó parte de sus actividades como un desperdicio de tiempo y recursos. Para la diplomacia argentina, el golpe es directo: Washington impulsa el cierre de un espacio que respalda la continuidad del reclamo y llama a negociar la soberanía con el Reino Unido.


La contradicción política es evidente. Milei convirtió su relación personal con Trump en una de las banderas de su política exterior. El Presidente presentó el vínculo con la Casa Blanca como una oportunidad para fortalecer la posición argentina y llegó a relacionar el endurecimiento de su estrategia por Malvinas con los dichos del mandatario estadounidense sobre una posible revisión de la postura de Washington frente al Reino Unido. Ahora, el mismo gobierno al que Milei exhibe como aliado impulsa el cierre del comité que la Argentina utiliza para sostener esa causa histórica. La pregunta cae por su propio peso: ¿de qué sirve la cercanía personal con Trump si no se traduce en respaldo concreto a un interés estratégico argentino?

El episodio deja expuesto el problema de una diplomacia construida alrededor de la subordinación política a una potencia. Milei apuesta a que la afinidad ideológica, los elogios y la alineación internacional le abrirán puertas que otros gobiernos no pudieron abrir. Pero la política exterior de Estados Unidos no se organiza para premiar la lealtad personal del presidente argentino: se organiza para defender los intereses de Estados Unidos. Cuando Washington considera que un organismo multilateral debe desaparecer, su administración avanza con esa posición aunque el resultado perjudique a uno de sus socios más entusiastas. La Casa Rosada puede celebrar fotografías, reuniones y declaraciones; no puede convertirlas, por sí solas, en garantías diplomáticas.

El comité que Washington quiere cerrar es clave para la causa Malvinas

El C-24 fue creado para impulsar el proceso de descolonización y examina la situación de territorios que todavía no alcanzaron el autogobierno pleno. En el caso de Malvinas, constituye uno de los principales escenarios multilaterales donde la Argentina denuncia la ocupación británica y reclama que Londres retome las negociaciones. La disputa fue reconocida por la Asamblea General en la Resolución 2065, de 1965, que instó a ambos países a buscar una solución pacífica mediante negociaciones. Desde entonces, la ONU ha reiterado el llamado al diálogo, una herramienta diplomática que la Argentina considera fundamental para sostener su reclamo de soberanía.

La propuesta estadounidense no mencionó expresamente a Malvinas. Washington cuestionó el funcionamiento general del comité, su costo y la reiteración de debates y resoluciones. Sin embargo, el efecto para la Argentina es concreto: si el mandato del C-24 desapareciera, se perdería uno de los espacios específicos en los que el país expone su posición ante la comunidad internacional y consigue pronunciamientos favorables a la reanudación de las negociaciones. No es un detalle burocrático ni una discusión administrativa sin consecuencias. Es una disputa sobre la continuidad de un instrumento diplomático que lleva décadas formando parte de la estrategia argentina.

Hay, además, una diferencia que la Casa Rosada no debería pasar por alto: una cosa es que Trump haga declaraciones que Milei interprete como una oportunidad, y otra muy distinta es que Estados Unidos sostenga institucionalmente la posición argentina. El primer gesto puede servir para alimentar expectativas políticas; el segundo requiere decisiones concretas en los organismos internacionales. Hasta ahora, el planteo de Washington ante la Cuarta Comisión va en la dirección contraria a la que esperaría un país que considera prioritario preservar el ámbito donde reclama la soberanía de las islas.

La iniciativa tampoco significa que el comité ya haya sido disuelto. El planteo estadounidense se formuló durante una sesión de la Cuarta Comisión; no se trató de una decisión aprobada que elimine de inmediato al C-24. Para avanzar, el cambio de mandato debe atravesar los procedimientos correspondientes dentro de Naciones Unidas y contar con el respaldo necesario de los Estados miembros. Pero esa precisión institucional no reduce la gravedad política del hecho: el principal aliado internacional que Milei reivindica pidió formalmente, en el ámbito de debate, terminar con el organismo.

Milei hizo de los dichos de Trump una oportunidad para Malvinas

El antecedente vuelve todavía más incómodo el episodio. A fines de agosto, Trump dejó abierta la posibilidad de revisar la posición estadounidense sobre la soberanía de las islas, en medio de tensiones con el Reino Unido. Milei aprovechó esas declaraciones y presentó la eventual modificación como una consecuencia de la relación privilegiada entre ambos gobiernos. En septiembre, el Presidente reconoció públicamente que el cambio de tono de su administración respecto de Malvinas había sido impulsado por los comentarios de Trump. La Casa Rosada puso así parte de su estrategia soberana en manos de una señal proveniente de Washington.

Pero las palabras de Trump no constituyeron un compromiso formal de apoyar la soberanía argentina. El presidente estadounidense habló de revisar posiciones y se mostró dispuesto a intervenir como mediador si surgía un conflicto. Milei leyó esas declaraciones como una ventana de oportunidad y las incorporó a su relato de política exterior. Ahora, la propuesta de cerrar el C-24 exhibe la fragilidad de esa lectura: una frase presidencial puede cambiar de tono de un día para otro, mientras los intereses estratégicos de Estados Unidos siguen marcando el rumbo de sus decisiones.

La secuencia es especialmente delicada porque el Gobierno argentino acaba de intensificar su ofensiva diplomática contra la explotación petrolera británica en el Atlántico Sur. El 13 de octubre, la Argentina acudió al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para solicitar medidas que frenen las actividades vinculadas al proyecto Sea Lion. La iniciativa busca proteger los derechos soberanos que el país reivindica sobre su plataforma continental y sus recursos naturales. En ese contexto, la continuidad de los espacios diplomáticos internacionales resulta todavía más relevante: mientras Buenos Aires busca limitar el avance británico sobre los recursos del área en disputa, Washington cuestiona la permanencia de un comité que sostiene el reclamo argentino.

La contradicción no consiste en que Estados Unidos esté obligado a acompañar cada decisión argentina. Consiste en que Milei presentó el alineamiento con Trump como una herramienta para conseguir resultados nacionales, incluso en una causa que atraviesa generaciones y gobiernos. Si esa cercanía no consigue proteger ni siquiera el ámbito donde la Argentina reclama por Malvinas, el oficialismo debe explicar qué obtiene realmente de esa relación y qué está dispuesto a ceder a cambio de mantenerla.

Una política exterior que confunde alineamiento con soberanía

La Argentina necesita relaciones internacionales amplias, acuerdos económicos y cooperación con las grandes potencias. Pero una política exterior seria distingue entre tener socios y delegar expectativas estratégicas en ellos. Estados Unidos puede ser un aliado comercial o político en determinados asuntos y, al mismo tiempo, defender posiciones que chocan con los intereses argentinos. La tarea de un gobierno nacional consiste en identificar esas diferencias, negociar con firmeza y construir apoyos internacionales que no dependan exclusivamente de la voluntad de un presidente extranjero.

La estrategia de Milei, en cambio, se ha caracterizado por una identificación personal e ideológica con Trump que la Casa Rosada presenta como una ventaja automática. Ese enfoque reduce la autonomía argentina: cada gesto de Washington se convierte en una señal celebrada y cada expectativa frustrada obliga al Gobierno a minimizar sus consecuencias o a buscar otra explicación. En Malvinas, esa lógica resulta particularmente peligrosa porque la soberanía no puede depender de las preferencias circunstanciales de un mandatario estadounidense ni de la conveniencia de su relación con Londres.

El reclamo argentino tiene una base histórica, jurídica y diplomática que antecede a Milei y que debe sobrevivir a su gobierno. La Resolución 2065, las resoluciones posteriores de Naciones Unidas y el trabajo sostenido en los organismos multilaterales forman parte de esa continuidad. Debilitar los espacios que permiten sostener el reclamo, o confiar en que un aliado resolverá lo que la diplomacia argentina debe negociar, es una apuesta que puede terminar dejando al país con menos herramientas.

La propuesta de Trump no resuelve por sí misma la disputa ni elimina el C-24, pero sí obliga a revisar el relato oficial sobre la relación bilateral. Si la Argentina considera Malvinas una causa nacional, debe defender los instrumentos que le permiten sostenerla sin atar su estrategia a la simpatía de un presidente extranjero. La pregunta ya no es cuánto se elogian Milei y Trump, sino cuánto vale esa amistad cuando llega la hora de defender los intereses argentinos.

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