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POLÍTICA

3 de octubre de 2026 · 18:05

Bullrich a la caza de Milei: si el Presidente llega debilitado, quiere jugar por la Casa Rosada

Patricia Bullrich volvió a poner la sucesión presidencial sobre la mesa. Admitió que esperará a comprobar qué escenario encuentra Javier Milei dentro de un año antes de resolver si vuelve a competir por la Casa Rosada. La senadora ya no habla solamente de la continuidad del Gobierno: también reivindica su propio proyecto presidencial.

Bullrich a la caza de Milei: si el Presidente llega debilitado, quiere jugar por la Casa Rosada

Patricia Bullrich eligió una respuesta que puede tener consecuencias mucho más grandes que la pregunta que le hicieron. Consultada sobre una eventual candidatura presidencial en 2027, la senadora no confirmó un lanzamiento, pero tampoco se refugió en el respaldo automático a Javier Milei. Dijo que primero observará “cómo se desarrollan los acontecimientos en el país” y remató: “No me voy a apurar. Tampoco tengo tanto tiempo”.


La frase instala una condición política bastante clara: el futuro electoral de Bullrich dependerá, en buena medida, de la posición en la que llegue Milei a la carrera por un segundo mandato. No es lo mismo una Casa Rosada con un Presidente fortalecido y una candidatura encaminada que un oficialismo obligado a buscar alternativas para sostener la continuidad del programa. Bullrich no afirmó que vaya a competir contra Milei, pero tampoco cerró esa posibilidad.

Y hubo una segunda definición todavía más explícita. Cuando Robertito Funes Ugarte le preguntó si aquel sueño presidencial que la llevó a competir en 2023 seguía vigente, Bullrich respondió afirmativamente. Dijo que tiene “la idea de cómo transformar muchísimas cosas en el país y de cómo llegar al bienestar de todos”. La candidatura, entonces, no aparece solamente como una especulación de terceros: es una posibilidad que la propia senadora reconoce que mantiene sobre la mesa.

La novedad adquiere otra dimensión si se la coloca junto a lo que Bullrich venía diciendo durante septiembre. En una intervención anterior había evitado identificar personalmente a Milei como el destinatario de la reelección y prefirió hablar del “proyecto”. Su argumento fue que el objetivo estratégico debía ser que el espacio político consiguiera atravesar por primera vez el obstáculo de la continuidad presidencial.

Ese cambio de palabras fue advertido inmediatamente en el oficialismo y fuera de él. Decir “Milei” y decir “el proyecto” no necesariamente significa lo mismo cuando se está discutiendo quién encabezará una boleta presidencial. Bullrich todavía respalda la continuidad del rumbo iniciado en 2023, pero sus últimas declaraciones permiten separar dos cuestiones: la supervivencia electoral del programa y la identidad de quien lo conduzca.

La propia Casa Rosada reaccionó ante esa lectura. Milei afirmó que la relación con Bullrich es “excelente”, sostuvo que dentro del espacio pueden convivir distintas miradas y rechazó la idea de que ella esté armando una candidatura enfrentada a la suya.Sin embargo Karina ya la mira de reojo por que tiene claro que Bullrich no tiene problema alguno en dar saltos pragmáticos y dejar atrás personas para alcanzar objetivos políticos propio. También señaló que Bullrich había hablado de la reelección del proyecto y la vinculó con su propia figura.

El dato político, sin embargo, es que Milei tuvo que referirse públicamente a una eventual candidatura presidencial de su principal referente en el Senado. No anunció una interna ni existe hoy una competencia formal dentro de La Libertad Avanza, pero la posibilidad comenzó a ocupar espacio en la conversación política antes de que se abra oficialmente el proceso electoral de 2027.

Bullrich, además, viene construyendo una posición que no depende exclusivamente de repetir el discurso de la Casa Rosada. En el Coloquio de IDEA reclamó que el programa económico avance con mayor velocidad y habló de la necesidad de que la transformación llegue efectivamente a la vida cotidiana. En aquella oportunidad volvió a insistir con que debe continuar el “proyecto”, pero evitó definir qué papel jugará ella.

Ahí aparece una de las claves de su estrategia. Bullrich no está rompiendo con Milei; está evitando quedar atada a una única salida electoral. Mantiene el respaldo al rumbo general del Gobierno, conserva su lugar como jefa del bloque oficialista en el Senado y, simultáneamente, preserva la posibilidad de convertirse en candidata si las circunstancias políticas cambian. En este punto Patricia ya había marcado diferencias ésta semana cuando dijo claramente que el presidente se apresuró en enviar la ley de inviolabilidad de la propiedad privada al congreso cuando aún estaba sin resolverse en la corte el tema DNU.

Las encuestas agregan combustible a esa discusión, aunque no permiten afirmar que exista hoy un empate electoral entre ambos. Una medición de Zuban Córdoba difundida en septiembre ubicó el potencial electoral de Milei en torno al 38% y el de Bullrich en 37,8%, cuando se suman quienes dicen que seguramente o probablemente los votarían. Pero esa metodología mide a cada dirigente por separado y no representa una elección presidencial entre ambos.

Por eso el dato relevante no es decir que Bullrich ya superó a Milei. No ocurrió eso. El dato relevante es que diferentes mediciones le reconocen un volumen político suficiente como para que su eventual candidatura sea tomada en serio y no como una aventura testimonial. Y cuanto más cerca aparezcan sus números de los del Presidente, mayor será la importancia de la decisión que deberá tomar el oficialismo sobre cómo ordenar su oferta electoral.

Bullrich tampoco llega a esta discusión sin antecedentes. En 2023 fue candidata presidencial de Juntos por el Cambio y quedó fuera del balotaje. Ahora, tres años después, ocupa una posición completamente diferente: forma parte del oficialismo, conduce la bancada libertaria en el Senado y tiene una relación política directa con el Presidente. Desde ese lugar, volver a competir por la Presidencia significaría intentar transformar su actual influencia dentro del Gobierno en liderazgo nacional.

El escenario tampoco obliga a Bullrich a resolverlo ahora. Su propia estrategia consiste justamente en ganar tiempo. Si Milei llega a 2027 con una candidatura consolidada, la discusión podría resolverse alrededor de la continuidad presidencial. Si el panorama fuera distinto, la senadora conservaría una carta propia. Esa es la razón por la que su frase sobre “no tener tanto tiempo” resulta políticamente más significativa que un simple comentario sobre su edad.

Mientras tanto, la agenda económica será parte del examen que determinará el escenario. El INDEC informó una desocupación de 7,9% para el segundo trimestre de 2026 y también registró retrocesos recientes en actividad e industria. Son datos que forman parte del contexto que Bullrich dice querer observar antes de tomar una decisión, aunque por sí solos no permiten anticipar qué ocurrirá electoralmente en 2027.

El oficialismo, entonces, enfrenta una discusión que todavía no tiene nombre de interna formal, pero que empieza a tener sus primeros movimientos. Milei necesita defender la posibilidad de un segundo mandato y Bullrich necesita mantener abierta la posibilidad de ser la alternativa que continúe el mismo rumbo bajo otro liderazgo.

Por ahora, ninguno de los dos rompió esa convivencia. Milei sostiene que Bullrich integra el proyecto y ella insiste en que quiere que ese proyecto continúe. Pero la senadora acaba de introducir una variable que hasta hace poco podía quedar escondida detrás de esa definición: el proyecto puede continuar y, llegado el caso, ella quiere estar en condiciones de conducirlo.

La definición no fue “voy a ser candidata”. Fue algo más calculado: esperar, mirar y decidir cuando el escenario esté más claro. Para Bullrich, el calendario juega en contra y a favor al mismo tiempo. Tiene poco tiempo para volver a intentar llegar a la Presidencia, pero todavía tiene suficiente para observar cuánto poder conservará Milei cuando llegue la hora de elegir quién encabeza el proyecto libertario en 2027.

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