POLÃTICA
10 de mayo de 2026
Macri y Bullrich agitan la interna libertaria y ya diseñan el escenario post-mileísta
Con el oficialismo erosionado por las encuestas y el escándalo patrimonial de Manuel Adorni, el PRO ensaya una autonomía inédita. La reaparición de la dupla "amarilla" no es solo una postal de unidad, sino el inicio de una ingeniería electoral que busca heredar el voto de una Libertad Avanza en crisis de gestión.
Hay momentos en política donde las rupturas todavía no ocurrieron en los papeles, pero el sistema entero empieza a actuar como si fueran inevitables. El microclima de la Casa Rosada atraviesa hoy esa atmósfera de fin de ciclo prematuro. Mientras Javier Milei intenta blindar a su vocero, Manuel Adorni, en medio de denuncias por enriquecimiento ilícito y gastos suntuosos imposibles de explicar con un sueldo público, Patricia Bullrich —hoy jefa de bloque en el Senado— rompió la verticalidad oficialista con un estiletazo quirúrgico: exigió la presentación inmediata de la declaración jurada del vocero.
El gesto no fue un arrebato de transparencia azaroso. Fue una señal de autonomía política que sacudió el tablero. En un gobierno que se autopercibe como un bloque monolítico bajo el mando de "el Jefe" Karina Milei, que Bullrich exponga públicamente a uno de los hombres más protegidos del núcleo duro equivale a una declaración de independencia. La reacción interna no se hizo esperar: ministros incómodos, reuniones tensas en Olivos y un Luis Caputo irritado ante las consultas de la prensa. Pero el ruido de fondo es más profundo: el PRO ya empezó a estudiar seriamente el "día después".
El techo de cristal de Milei
Los números que manejan hoy las principales consultoras, como Zuban Córdoba y Giacobbe, confirman que el blindaje emocional de Milei ha empezado a astillarse. A mediados de 2026, la desaprobación del gobierno nacional ya se mueve en un peligroso rango de entre el 60 % y el 64,5 %. El dato más alarmante para el triángulo de hierro es que cerca del 40 % de sus votantes originales de 2023 se declaran "defraudados".
En este contexto, la foto de Mauricio Macri y Patricia Bullrich no es una postal nostálgica. Es un mensaje directo al círculo rojo y a los gobernadores: si el proyecto libertario no logra estabilizarse, existe un puerto seguro para el electorado republicano.
Bullrich como puente y Macri como accionista
La ingeniería que se proyecta para 2027 ya no imagina a Bullrich rompiendo en soledad ni a Macri volviendo por la revancha personal. La hipótesis que hoy circula en los despachos del PRO y entre gobernadores como Ignacio Torres (Chubut) o Alfredo Cornejo (Mendoza) es la de una fórmula de unidad capaz de absorber tres mundos: los libertarios desencantados, el voto republicano histórico y los moderados que buscan orden sin el caos de la confrontación extrema.
Hoy aparecen dos variantes en la mesa de arena política:
1. Macri Presidente - Bullrich Vice: La fórmula de identidad pura. Conserva la estructura y el financiamiento del PRO, pero enfrenta el techo del rechazo estructural que aún arrastra el exmandatario.
2. Bullrich Presidenta - Macri Vice: La variante más competitiva. Bullrich conserva niveles de imagen positiva que superan al propio Milei en distritos clave como Santa Fe y Córdoba, actuando como una "heredera racional" capaz de dialogar con la estructura territorial de la UCR y los gobernadores dialoguistas.
La herida que no cierra
Sin embargo, el camino no está libre de espinas. Dentro del PRO, el malestar es palpable. Muchos cuadros medios y militantes "amarillos" aún procesan el salto de Bullrich a las filas libertarias como una claudicación. "Hay que suturar heridas abajo para que la unidad arriba sea real", confiesa un operador legislativo.
A este escenario se suma el factor Victoria Villarruel. La vicepresidenta, hoy marginada del círculo presidencial, mantiene un 23 % de "voto seguro" propio. Su figura flota como una incógnita: ¿será parte de esta nueva coalición o intentará un camino propio junto a sectores conservadores?
Lo cierto es que, mientras la economía sigue siendo el juez final, la política ya no espera. El operativo post-mileísta ha comenzado, y sus arquitectos no son otros que los que Milei alguna vez creyó haber domesticado.
