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29 de abril de 2026
Gestión de residuos en el Este: el desafío de proyectar la sostenibilidad regional para 2026
El COINES definió los pasos a seguir para 2026. Mientras se avanza en obras de infraestructura fundamentales para evitar el colapso del sistema, la gestión de residuos electrónicos y la sostenibilidad real siguen siendo el gran desafío de los intendentes de la región.
En un escenario donde la gestión ambiental ha dejado de ser una promesa de campaña para convertirse en una urgencia presupuestaria, el Consejo de Administración del COINES (Consorcio de Gestión Intermunicipal de Residuos Sólidos Urbanos de la Zona Este) mantuvo un encuentro clave. Este 29 de abril, en el corazón productivo de Mendoza, se definieron las obras que marcarán el pulso de la salubridad regional durante los próximos años.
El eje central de la jornada fue el avance del nuevo módulo del relleno sanitario. En términos de gestión pública, esto no es un simple pozo: es una obra de ingeniería indispensable para el tratamiento final de los residuos bajo normas de control ambiental estrictas. Sin esta ampliación, la Zona Este se asomaría a una crisis de disposición que obligaría a traslados logísticos costosos, impactando directamente en las arcas municipales y, por decantación, en las tasas que pagan los vecinos.
De la reunión participaron los jefes comunales de la región y sus equipos técnicos. Figuras como Ricardo Mansur (Rivadavia), Mario Abed (Junín), Raúl Rufeil (San Martín) y Flor Destéfanis (Santa Rosa), junto a las gestiones de La Paz y el apoyo técnico de San Carlos, entienden que el COINES es la única herramienta eficiente para evitar el regreso de los basurales a cielo abierto. Sin embargo, la unidad política del consorcio se pone a prueba cada vez que hay que discutir el mantenimiento de la maquinaria y las cuotas de vertido en un contexto económico complejo.
Otro de los anuncios destacados fue la profundización del programa RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos). Para 2026, el objetivo es ambicioso: retirar de la circulación hogareña toneladas de componentes tóxicos como plomo y mercurio, reinsertándolos en la economía circular. No es solo ecología; es evitar que la tecnología obsoleta termine contaminando las napas de una zona esencialmente agrícola.
Pero la mirada crítica es obligatoria: ¿Es suficiente construir más módulos si no se logra reducir la generación de basura en origen? El diferencial de esta gestión de cara al futuro será su capacidad para transformar el residuo en recurso, quizás mediante la generación de energía o biogás, un tema que sobrevoló la reunión pero que aún requiere de inversiones que exceden lo municipal.
La Zona Este tiene hoy una ventaja estructural sobre otras regiones de Mendoza, pero la sostenibilidad del sistema no depende solo de la ingeniería, sino de que la política entienda que la basura no se esconde, se gestiona con recursos y visión de largo plazo.
