POLÃTICA
19 de abril de 2026
Mendoza en el cuarto lugar del ranking de destrucción laboral: se perdieron más de 6.000 empleos privados y cerraron mil empresas
Un análisis detallado basado en datos de CEPA e INDEC revela la profundidad de la crisis en la provincia. Con una desocupación que ya superó el 7% en el Gran Mendoza y una tasa de "presión laboral" que roza el 19%, la provincia se consolida como uno de los distritos más castigados por la parálisis de la construcción y el desplome del consumo minorista.
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Los datos oficiales del primer cuatrimestre de 2026 han terminado por confirmar lo que la calle venía gritando: Mendoza atraviesa uno de sus peores ciclos de destrucción de empleo formal de la última década. Según los relevamientos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), basados en registros administrativos del sistema previsional (SIPA), nuestra provincia se ubica en el cuarto lugar entre las jurisdicciones con mayor caída neta de puestos de trabajo privados registrados, solo superada por provincias con una dependencia estructural de la obra pública nacional como Formosa, La Rioja y Tierra del Fuego.
La sangría de los 6.000 puestos y el cierre de empresas La precisión de los números es alarmante. En el periodo acumulado que va desde la profundización del ajuste nacional hasta abril de 2026, Mendoza ha borrado del mapa laboral más de 6.100 puestos de trabajo asalariados en el sector privado. Este no es un dato aislado: la caída del empleo es la consecuencia directa de una contracción en el tejido empresarial local.
De acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y la AFIP, en los últimos dos años desaparecieron 1.008 empleadores formales en Mendoza, lo que representa una caída del 4,99% del total de firmas activas. El impacto ha sido quirúrgico en sectores clave: el rubro de transporte y almacenamiento perdió 263 empleadores; la agricultura y ganadería, 244; y el comercio minorista, unos 140. Esto significa que no solo hay menos gente trabajando, sino que hay menos unidades productivas capaces de generar empleo a futuro.
Desocupación y la "trampa" del pluriempleo
El último informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC para el aglomerado Gran Mendoza arroja una tasa de desocupación del 7,1%. Si bien el número parece contenido, esconde una realidad mucho más cruda: el crecimiento exponencial de los "ocupados demandantes de empleo".
Hoy, aproximadamente 107.000 mendocinos que tienen un trabajo están buscando activamente otro. Esto eleva la tasa de presión sobre el mercado laboral a un histórico 18,9%. En términos llanos: casi 2 de cada 10 trabajadores mendocinos no logran cubrir sus necesidades básicas con un solo sueldo y se ven empujados al pluriempleo o a la búsqueda desesperada de mejores condiciones para no caer bajo la línea de la pobreza.
Los sectores en el fondo del pozo
La parálisis es total en la construcción, que aporta el grueso de las bajas tras el freno de las transferencias nacionales. Sin embargo, lo más preocupante para la gestión de Alfredo Cornejo es el derrumbe en sectores que se consideraban "motores" de la provincia:
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Industria Manufacturera: Ha perdido puestos de manera sostenida ante la caída del consumo interno.
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Servicios Inmobiliarios y Profesionales: Registran caídas de doble dígito en la cantidad de empleadores (-14,1%).
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Jóvenes, los más golpeados: En el segmento de menores de 29 años, la desocupación trepa al 23,1% en mujeres y al 27,9% en varones, una cifra que triplica la media general y pone en jaque el futuro del mercado laboral local.
El discurso oficial frente a la realidad estadística
Mientras desde la Casa de Gobierno se intenta instalar una narrativa de "Mendoza productiva" basada en nichos como la minería o el turismo de alta gama, los datos demuestran que estos sectores apenas representan el 9% del empleo total, insuficiente para compensar la hemorragia de las PyMEs urbanas y rurales que concentran el 50% del trabajo en la provincia.
Mendoza hoy se mira en un espejo incómodo: el de una provincia que expulsa trabajadores, cierra persianas y donde tener un empleo registrado ya no es garantía de estabilidad, sino apenas el inicio de una carrera contra la inflación y la falta de oportunidades.
