POLÍTICA
17 de marzo de 2026
El presidente más sionista del mundo metió a Argentina en una guerra que no es suya y que no puede pelear

El 9 de marzo, ante un auditorio de la Universidad Yeshiva en Nueva York, Javier Milei declaró a Irán enemigo de Argentina, se proclamó el mandatario más sionista del planeta y vaticinó que "vamos a ganar la guerra". Esta semana, el diario oficialista Tehran Times respondió con una amenaza explícita y una advertencia que ningún gobierno argentino había recibido en décadas: Milei cruzó una línea roja imperdonable y Teherán diseñará una respuesta proporcional. El problema es que Argentina hoy no tiene submarinos operativos, su propio gobierno eliminó por ley la obligación de financiar el reequipamiento militar y su tradición diplomática de más de un siglo se construyó exactamente sobre lo contrario de lo que hace Milei.
El 9 de marzo de 2026, en el auditorio de la Universidad Yeshiva de Nueva York, Javier Milei dijo lo que llevaba meses insinuando con sus gestos, sus viajes y sus alianzas: "Nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel. Por lo tanto, son nuestros enemigos. Además, tengo una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel." Y remató con una frase que arrancó una ovación de pie del auditorio judío ortodoxo: "Vamos a ganar la guerra." No habló como un presidente que pondera el interés nacional de un país sudamericano de 47 millones de habitantes. Habló como un militante de la causa.
Esta semana, Teherán respondió. El diario Tehran Times —que no es un tabloide de opinión sino la voz oficial del régimen iraní hacia el mundo diplomático— publicó un editorial firmado por Saleh Abidi Maleki con un título que suena a ultimátum: "Milei, Quo Vadis?" El texto es una amenaza en toda regla: "Irán no puede permanecer indiferente ante las posiciones hostiles del actual gobierno argentino. Deberá diseñar una respuesta proporcionada a esta enemistad. Argentina se presentó oficialmente como enemiga de Irán y se ha alineado con Estados Unidos y el régimen sionista en la agresión militar contra nuestra nación. Esta es una línea roja imperdonable que ha sido cruzada." El editorial agrega además, sin presentar prueba alguna, que empresas argentinas con fachada comercial estarían realizando tareas de monitoreo e inteligencia cerca de las fronteras iraníes, y acusa a la Argentina de haberse convertido en "el Israel de América Latina". Niega, como lo ha hecho sistemáticamente desde 1994, cualquier responsabilidad en los atentados de la AMIA y la Embajada de Israel.
El timing de la amenaza no es menor. El editorial apareció en medio del contraataque militar iraní a los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre sus instalaciones nucleares, iniciados el 28 de febrero pasado. Argentina cerró su embajada en Teherán en junio de 2025, después de los primeros ataques. Hoy el mundo árabe y persa está en pie de guerra, el precio del petróleo escala por semanas y los misiles iraníes ya llegaron a las cercanías de Chipre. En ese contexto, Milei eligió pararse en un escenario universitario en Nueva York, ante una audiencia de simpatizantes ideológicos, y declarar enemigo a un régimen que tiene capacidad demostrada de operar en suelo latinoamericano y que ya lo hizo dos veces en Buenos Aires.
El problema de fondo no es solo diplomático. Es estratégico y tiene números concretos que incomodan. El presupuesto de defensa de Argentina para 2026 representa el 0,28% del PBI, el nivel más bajo de los últimos cuatro años. El 78% de ese presupuesto se destina a gastos de personal, lo que deja un margen mínimo para inversión operativa real. Pero hay un dato que agrava el cuadro de manera sustancial y que pasó casi inadvertido: el Presupuesto 2026 derogó la obligación legal de destinar el 0,8% del PBI al reequipamiento de las Fuerzas Armadas, eliminando el piso del FONDEF. En otras palabras, el mismo gobierno que declara guerras desde auditorios universitarios eliminó por ley la obligación de financiar la capacidad militar para sostenerlas.
El resto del inventario no mejora el panorama. La Armada Argentina no tiene submarinos en funcionamiento desde el hundimiento del ARA San Juan en 2017: el ARA Salta lleva años fuera de servicio y las negociaciones para adquirir submarinos clase Scorpène franceses aún no tienen contratos firmados ni plazos definidos. El Ejército tiene apenas 13 días de adiestramiento en campaña previstos para 2026. La Fuerza Aérea acaba de recibir los primeros seis F-16 comprados a Dinamarca —un avance real— pero son seis cazas sobre un total de 24 que llegarán en años, en un país que no tiene satélites de defensa ni capacidad de proyección fuera de su territorio. El analista especializado en defensa lo sintetizó sin eufemismos: "En este contexto puede aumentar exponencialmente la vulnerabilidad que tenemos por la natural debilidad de nuestras fronteras, defensa, seguridad e inteligencia."
Las consecuencias de esa vulnerabilidad tienen historia propia. Los atentados de 1992 y 1994 demostraron que la distancia geográfica no es garantía de nada. Argentina tiene miles de kilómetros de frontera terrestre con un control limitado. Tiene comunidades de distintas colectividades distribuidas por todo el territorio. Tiene una inteligencia que acaba de salir de años de desfinanciamiento. Y tiene, en territorio nacional, la propia embajada iraní funcionando, mientras sectores libertarios reclaman su cierre y especialistas advierten que expulsarlos sería un error estratégico de consecuencias impredecibles.
La política exterior argentina atravesó todo el siglo XX y lo que va del XXI con un núcleo que se mantuvo estable a través de gobiernos radicalmente distintos entre sí: evitar la alineación automática con cualquiera de las grandes potencias en conflicto, promover soluciones multilaterales y no involucrarse en disputas que no afectaban directamente los intereses nacionales. Esa orientación respondía a una lógica pragmática elemental que cualquier canciller podía explicar sin necesidad de citar tratados: un país sin poder de fuego real no gana nada poniéndose al frente de conflictos con actores de capacidad global. No era cobardía ni complicidad. Era un cálculo de supervivencia que Argentina practicó con más consistencia que la mayoría de los países de la región.
Milei declaró el fin de esa tradición ante la Asamblea General de la ONU en su primer año de gestión. Era su derecho y su decisión soberana como presidente electo. Pero nadie lo obligó a ir más lejos. Nadie lo obligó a pararse en Nueva York, con una guerra activa en Medio Oriente, y declarar enemigo a un régimen que tiene tentáculos en América Latina, antecedentes de atentados en suelo argentino y ahora, por primera vez en la historia, una amenaza explícita y firmada contra un presidente de la República Argentina.
Hoy se cumplen 34 años del atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires. Milei participó del acto conmemorativo junto a Karina Milei, Adorni, Santilli y Bullrich. La fecha tiene su propia carga simbólica. Y la pregunta que queda flotando después de todo lo que pasó esta semana es una sola: ¿quién protege a la Argentina de las consecuencias de las guerras que Milei declara desde los escenarios más aplaudidos del mundo?
