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POLÍTICA

15 de marzo de 2026

Milei regresa hoy de España con 36 viajes, 111 días afuera y una política exterior que huele más a turismo ideológico que a diplomacia

Mientras los argentinos ajustan el cinturón, Javier Milei acumula un viaje cada 23 días desde que asumió. Hoy aterriza en Buenos Aires tras su quinta visita a España, donde no se reunió con ningún funcionario del gobierno español pero sí con el líder de Vox, recibió un premio y cerró un foro organizado por youtubers radicados en Andorra. El balance de más de dos años de gestión internacional es difícil de ignorar: 36 viajes, 15 países visitados, 16 de esas salidas a Estados Unidos y una política exterior que gira en torno a Trump, la batalla cultural y los foros de la ultraderecha global.

El presidente Javier Milei aterrizó este domingo en Buenos Aires luego de una semana que resumió mejor que cualquier análisis el modelo de política exterior que eligió para la Argentina. En siete días recorrió Miami, Nueva York, Santiago de Chile y Madrid. Pasó por el país el tiempo justo para recibir el dato de inflación de febrero, volvió a subir al avión presidencial y cerró la semana en España, donde no se reunió con el presidente Pedro Sánchez ni con ningún representante del gobierno español, pero sí tuvo tiempo para cenar con Santiago Abascal, el líder de Vox, asistir al Madrid Economic Forum organizado por youtubers radicados en Andorra por razones impositivas, y recibir un premio en honor al economista Ludwig von Mises. Su quinta visita al país ibérico desde que asumió en diciembre de 2023 terminó exactamente igual que las cuatro anteriores: sin ningún contacto con las autoridades gubernamentales del país anfitrión.

El número que más incomoda al oficialismo es uno muy preciso. Según el relevamiento del politólogo Pablo Salinas, en sus primeros 822 días de gestión Milei pasó 111 de ellos fuera del territorio nacional. Es decir, uno de cada siete días de gobierno transcurrió en el exterior. El ritmo promedia un viaje cada 23 días, lo que lo convierte, por lejos, en el presidente argentino con mayor actividad internacional de la historia reciente. El detalle que vuelve ese dato más difícil de justificar es el mapa de esos destinos: de sus 36 viajes, 16 fueron a Estados Unidos. Los socios del Mercosur, en cambio, recibieron visitas exprés que en muchos casos no llegaron a computar siquiera un día completo de estadía.

El costo de esa hiperactividad tampoco es menor. Solo en 2024, el gobierno nacional registró 645 viajes entre el presidente y su gabinete, con un gasto total estimado en 1.763 millones de pesos entre pasajes, hospedajes y viáticos. Los tres desembolsos más abultados fueron vuelos privados contratados por Milei: el traslado a Sun Valley para la llamada "conferencia de los multimillonarios" costó 344 millones de pesos, el vuelo a París para la inauguración de los Juegos Olímpicos insumió 314 millones, y el traslado a Nueva York para la Asamblea General de la ONU sumó otros 302 millones. Todo esto en el mismo año en que el ajuste libertario recortaba jubilaciones, salarios estatales y transferencias a las provincias.

Pero más allá del gasto, el patrón de los viajes dice algo sobre la orientación real de la política exterior argentina. De los diez principales socios comerciales del país según el INDEC, Milei visitó apenas cinco, y en la mayoría de esos casos la motivación no fue comercial. Las cinco visitas a España no incluyeron ninguna reunión con empresarios de primer nivel ni acuerdos bilaterales de peso. Las dieciséis visitas a Estados Unidos tienen su propia lógica: varias respondieron a negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, pero otras tantas fueron a la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), al evento Escudo de las Américas convocado por Trump o a reuniones con Elon Musk. En lo que va de 2026, ya viajó dos veces al país norteamericano antes de esta semana.

El fenómeno tiene nombre y es difícil disimularlo: la política exterior de Milei está construida sobre una lógica ideológica antes que institucional. Los destinos no responden a una agenda de inserción comercial o diplomática sino a una red de afinidades políticas que cruza el Atlántico. Trump en Washington, Bolsonaro en Brasil, Meloni en Roma, Abascal en Madrid, Netanyahu en Jerusalén. El canciller, Pablo Quirno, ocupa un lugar llamativamente marginal en la dinámica: los datos oficiales revelan que los propios ministros de Relaciones Exteriores figuran muy abajo en el listado de funcionarios que viajan con el Presidente, muy por detrás de Karina Milei, quien participó de más de 60 vuelos junto a su hermano desde que asumió.

Esta semana la agenda tuvo además un ruido extra: el viaje de Manuel Adorni, jefe de Gabinete, junto a su esposa en la comitiva presidencial generó una controversia que el oficialismo intentó apagar rápidamente y con escaso éxito. En un gobierno que hizo del gasto público el enemigo central de su discurso, cada detalle de esa naturaleza amplifica la contradicción.

Milei volvió hoy a la Argentina. La semana que viene habrá agenda doméstica, sesiones en el Congreso y el escándalo de la criptomoneda $LIBRA que no da tregua. Pero si la estadística de los últimos dos años sirve de guía, el próximo viaje al exterior no tardará más de tres semanas en llegar.

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