Argentina llega al inicio del ciclo lectivo 2026 fracturada. Por un lado, la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA) ratificó un paro nacional para este lunes 2 de marzo. El reclamo es claro: la restitución del FONID (Fondo Nacional de Incentivo Docente) y una paritaria nacional que saque a los maestros de la línea de pobreza. En el centro de la escena, el Gobierno nacional juega su carta más fuerte: declarar a la educación como "servicio esencial" para obligar a las escuelas a abrir, bajo amenaza de sanciones.
Sin embargo, al cruzar el Desaguadero, el panorama mendocino muestra una sintonía diferente, casi surrealista. Mientras el país se prepara para el conflicto, el Gobierno de Mendoza —alineado con la austeridad extrema— puso sobre la mesa una oferta del 10% de aumento para el primer semestre (7% en marzo y 3% en mayo). El SUTE, lejos de sumarse a la épica nacional de resistencia, ha decidido bajar la propuesta a los plenarios departamentales para que las bases decidan.
Las preguntas que incomodan al poder
¿Por qué el gremio docente de Mendoza no está en sintonía con la protesta federal? ¿Cómo es que la provincia se encamina a un arreglo de apenas un dígito mensual cuando la inflación proyectada sigue siendo el principal verdugo del bolsillo?
La respuesta oficial habla de "previsibilidad" y "cuentas ordenadas", pero los datos duros cuentan otra historia. Hoy, Mendoza ocupa uno de los lugares más bajos en el ranking salarial docente de Argentina. Según informes de disponibilidad salarial, un docente mendocino con 10 años de antigüedad percibe un sueldo bruto que promedia los $827.000, situándose en el último lugar de la tabla nacional si se compara con provincias como Neuquén (donde superan los $2.000.000) o incluso vecinas como San Luis y San Juan, que han logrado acuerdos más robustos.
El "ítem aula" y el flamante "ítem arraigo" son las herramientas con las que el Ejecutivo local intenta maquillar la realidad. Son adicionales que "inflan" el neto pero que no todos cobran y que no impactan en el básico de la misma manera que en otras jurisdicciones. Esto genera una trampa: el docente mendocino es el que más días está frente al curso (por presión del ítem aula), pero es el que menos cobra por cada hora trabajada en comparación con sus pares del resto del país.
¿Un acuerdo por cansancio?
La decisión del SUTE de consultar a las bases una oferta tan magra sugiere un gremio desgastado o, quizás, consciente de que el humor social en la provincia ha sido moldeado por años de un discurso oficialista que estigmatiza la protesta llevandolos a la resignación antes que la lucha.
El lunes, millones de familias argentinas dudarán si enviar a sus hijos a la escuela. En Mendoza, es probable que las puertas estén abiertas, pero el silencio en las aulas no será de paz, sino de un malestar profundo que se cocina a fuego lento entre pizarrones y sueldos de miseria.