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POLÍTICA

25 de octubre de 2025

El Gobierno buscará acelerar las reformas tras las elecciones: la laboral y la previsional en la mira del ajuste

Aun sin resultados confirmados, el oficialismo ya prepara el envío al Congreso de un paquete de reformas que incluye cambios profundos en materia laboral y previsional. Detrás del discurso de “modernización”, los proyectos generan preocupación entre gremios y especialistas por el riesgo de pérdida de derechos adquiridos. El paquete responde también a exigencias del FMI y de los compromisos financieros asumidos este año.

El Gobierno de Javier Milei planea mover fichas rápidamente tras las elecciones legislativas del 26 de octubre. Mientras aún se esperan los resultados, en la Casa Rosada aseguran que el rumbo no cambiará: el lunes siguiente comenzará la cuenta regresiva para enviar al Congreso un paquete de reformas estructurales, con eje en el mercado laboral, el sistema previsional y la política tributaria.

El Ejecutivo busca presentarlo como un “paso hacia la modernización”, aunque distintos sectores advierten que, en los hechos, se trata de un ajuste profundo que podría desarmar buena parte de la estructura de protección laboral construida en décadas.

Una reforma que apunta a la flexibilización

En los últimos días, funcionarios del área económica y de Trabajo dejaron entrever los principales lineamientos del proyecto. La llamada “reforma laboral” incluiría la posibilidad de modificar convenios colectivos, establecer aumentos salariales atados a la productividad y limitar las indemnizaciones por despido, bajo el argumento de “fomentar la contratación formal”.

Sin embargo, detrás de ese discurso empresarial, sindicatos y especialistas en derecho laboral advierten que el objetivo real sería debilitar derechos básicos, desde la estabilidad en el empleo hasta los mecanismos de negociación colectiva. La promesa de “flexibilización” no aparece acompañada de medidas que garanticen nuevos puestos de trabajo, sino de un retroceso en conquistas históricas.

En paralelo, se habla de reducir los aportes patronales y recortar la intervención sindical en los acuerdos, lo que podría desequilibrar aún más la relación entre empleadores y trabajadores.

Presiones externas y compromisos con el FMI

La urgencia por avanzar con las reformas no responde únicamente a un objetivo interno. Según trascendió en distintos medios económicos, el envío del paquete laboral y previsional fue incluido como compromiso en los acuerdos firmados este año con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos de crédito.

El Gobierno se comprometió a mostrar “avances estructurales” en el mercado de trabajo y en el sistema previsional antes de fin de año, como condición para destrabar desembolsos y refinanciar parte de la deuda. Es decir, la agenda de reformas no surge de una demanda social o política, sino de una imposición externa que busca ajustar el gasto y mejorar los indicadores fiscales.

Este escenario profundiza las críticas de los sectores gremiales, que denuncian que se intenta utilizar el Congreso como “ventanilla” para cumplir exigencias financieras internacionales a costa de los trabajadores argentinos.

Una reforma previsional con foco en el recorte

Aunque menos difundida, la reforma previsional también forma parte del paquete que el Gobierno planea enviar en diciembre. Si bien no se conocen los detalles, funcionarios admiten que el objetivo es reducir el déficit del sistema previsional, lo que en la práctica podría traducirse en una nueva fórmula de movilidad o en un endurecimiento de los requisitos para acceder a la jubilación.

Distintos analistas advierten que esto afectaría directamente a miles de adultos mayores que ya enfrentan jubilaciones por debajo de la línea de pobreza y una pérdida acumulada de poder adquisitivo durante el último año.

Mendoza y el impacto regional

En una provincia como Mendoza, donde el empleo público y el trabajo temporario son pilares de la economía local, las reformas laborales podrían tener efectos inmediatos. La posibilidad de modificar convenios o reducir indemnizaciones impactaría especialmente en sectores como el vitivinícola, el comercio y los servicios, donde la informalidad y la precarización ya son problemas estructurales.

A esto se suma el riesgo de que la reforma previsional afecte a los sistemas provinciales y a los trabajadores jubilados que dependen de transferencias nacionales. Legisladores y gremios mendocinos ya anticiparon que no acompañarán una reforma “hecha a la medida del FMI”, y reclaman que cualquier cambio se discuta en el marco del consenso y la defensa de los derechos laborales.

El día después: más ajuste, menos derechos

El oficialismo sostiene que el paquete de reformas será enviado al nuevo Congreso el 15 de diciembre, sin importar el resultado electoral. Sin embargo, la composición legislativa y el clima social definirán si el Gobierno puede avanzar con un proyecto que promete ser resistido en las calles.

Para los trabajadores, el “día después” de las elecciones podría significar el inicio de una nueva etapa de tensión social. Con la inflación aún alta, el salario real deteriorado y un nivel de empleo frágil, la idea de “modernizar” el mercado laboral se percibe más como una amenaza que como una oportunidad.

Un rumbo condicionado

El paquete de reformas laborales y previsionales que el Gobierno impulsa no es sólo una apuesta política: es también una respuesta directa a los compromisos financieros asumidos durante el año. En nombre del equilibrio fiscal y la eficiencia, el Ejecutivo avanza en un plan que puede redefinir las reglas del trabajo y la jubilación en Argentina.

La pregunta que queda abierta es quién pagará el costo de esa transformación. Si las reformas prosperan en el Congreso, los trabajadores podrían ser los grandes perdedores de un ajuste que nació lejos del país y muy cerca de los despachos del Fondo Monetario Internacional.

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