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31 de agosto de 2026

Messi se despide de la Selección y deja un vacío imposible de llenar

A los 39 años, Lionel Messi confirmó que no volverá a vestir la camiseta argentina. Se va después de 21 años, seis Mundiales, 207 partidos, 125 goles y una generación de títulos que transformó para siempre su relación con la Albiceleste. La despedida duele porque no se retira solamente un futbolista: termina una de las historias más profundas entre un argentino y su Selección.

Hay noticias que se leen como información y otras que se sienten como una pérdida. La de este lunes pertenece a la segunda categoría.

Lionel Messi anunció oficialmente su retiro de la Selección Argentina. El capitán, el número 10, el hombre que durante dos décadas llevó sobre sus hombros buena parte de las esperanzas futbolísticas de un país, decidió cerrar su ciclo con la camiseta que defendió desde 2005.


Lo hizo a los 39 años y después de haber disputado su sexto Mundial.

La decisión no fue impulsiva. Según explicó el propio Messi, había escrito su despedida el 21 de julio, apenas dos días después de la derrota ante España en la final del Mundial 2026. Sin embargo, decidió esperar para hacerla pública y, tras el fallecimiento de su padre, Jorge Messi, el 8 de agosto, terminó de convencerse de que era el momento.

La frase que resume su decisión es tan sencilla como dolorosa: Messi aseguró que se siente vacío después de haberlo dado todo y entendió que llegó el momento de dejar lugar a los futbolistas que vienen detrás.

No hay una pelea con la AFA. No hay una lesión puntual que explique el anuncio. No hay una sanción ni una ruptura. Hay, simplemente, un futbolista que entendió que su historia con la Selección llegó al final.

El último capítulo no fue el que Argentina soñaba

El destino quiso que el último partido de Messi con la camiseta argentina fuera una final del mundo. No terminó con otra copa. Argentina perdió 1-0 ante España en la definición del Mundial 2026 y quedó a las puertas de repetir la consagración de Qatar. Messi se despidió así de la competencia más importante del fútbol después de haber disputado seis Mundiales y tres finales. La imagen resulta inevitablemente simbólica.

El mismo jugador que durante años cargó con el peso de las derrotas terminó su recorrido internacional como capitán de un equipo que volvió a disputar una final mundialista. No fue el cierre perfecto. Pero tampoco necesitaba serlo. La historia de Messi con Argentina nunca se construyó únicamente sobre las victorias.

También estuvo hecha de derrotas. De finales perdidas. De críticas. De cuestionamientos. De momentos en los que parecía que la camiseta argentina pesaba demasiado. Y justamente por eso el recorrido terminó adquiriendo una dimensión mucho mayor.

De la crítica al amor incondicional

Cuando Messi comenzó su aventura con la Selección mayor, el país todavía buscaba al sucesor de Diego Maradona. El rosarino fue señalado desde el principio como el elegido para ocupar ese lugar imposible. Y durante años la comparación terminó funcionando más como una condena que como un reconocimiento. Argentina perdió la final del Mundial 2014 ante Alemania. Después llegaron las finales de las Copas América 2015 y 2016. La frustración fue enorme y Messi quedó en el centro de todas las discusiones. En 2016 llegó incluso a anunciar su retiro de la Selección después de perder la final de la Copa América Centenario. Pero volvió. Y esa vuelta cambió todo.

Porque después de aquel momento llegó la transformación definitiva de su relación con la camiseta argentina. Primero fue la Copa América 2021. Después la Finalissima 2022. Y finalmente Qatar. El Mundial que durante años parecía destinado a ser una deuda terminó en sus manos. La Selección también ganó la Copa América 2024 y completó una etapa extraordinaria bajo la conducción de Lionel Scaloni. Messi pasó entonces de ser el futbolista al que se le exigía ganar para demostrar algo a convertirse en el capitán de una generación que consiguió prácticamente todo.

Los números que explican una parte de la dimensión

Las estadísticas son frías, pero en este caso ayudan a comprender la magnitud de lo que termina.

Messi se retira de la Selección con:

  • 207 partidos.

  • 125 goles.

  • Máximo goleador histórico de Argentina.

  • Máximo jugador en cantidad de presencias.

  • Seis Mundiales disputados.

  • Cuatro títulos con la Selección mayor.

  • Mundial de Qatar 2022.

  • Copa América 2021.

  • Copa América 2024.

  • Finalissima 2022.

  • Mundial Sub-20 2005.

  • Medalla de oro olímpica en Beijing 2008.

También cerró su carrera mundialista con 34 partidos y 21 goles, además de convertirse en uno de los futbolistas con mayor cantidad de asistencias en la historia de los Mundiales.

Su debut había ocurrido el 17 de agosto de 2005, frente a Hungría.

Más de dos décadas después, el círculo se cerró.

La camiseta que alguna vez fue una deuda

Hay una parte de la historia de Messi que las estadísticas no pueden explicar. Durante años, para una parte del público argentino, Messi era extraordinario con Barcelona pero insuficiente con Argentina. Se le reclamaba que no cantara. Que no tuviera la misma personalidad que Maradona. Que no ganara. Que no apareciera en los partidos decisivos. Incluso se cuestionaba su vínculo emocional con el país. Todo eso cambió. Y cambió de una manera particularmente argentina: no por una campaña de marketing ni por una estrategia comunicacional, sino porque el equipo empezó a ganar. La Copa América de 2021 rompió una barrera psicológica. La Finalissima confirmó que aquel equipo tenía una identidad. Qatar 2022 terminó de convertir la relación entre Messi y la Selección en algo que ya excedía al fútbol. El hombre que durante años había sido cuestionado terminó levantando la Copa del Mundo.

Y el país que tantas veces le había pedido explicaciones terminó diciéndole gracias.

Messi ya se había retirado una vez

La despedida de este lunes tiene un antecedente. Después de perder la final de la Copa América Centenario en 2016, Messi anunció su retiro de la Selección. Tenía 29 años. El anuncio generó una conmoción enorme y desencadenó una presión popular para que regresara. Finalmente volvió.

Esa decisión permitió que el futbolista pudiera completar la etapa más exitosa de la historia reciente de la Selección argentina. Por eso esta vez la situación es diferente. Messi no tiene 29 años. Tiene 39. Ya disputó seis Mundiales. Ya ganó la Copa del Mundo. Ya ganó dos Copas América. Ya dejó todos los récords importantes de la Selección a su nombre. Y, fundamentalmente, ya no habla de una pausa. Habla de un final.

La muerte de su padre también pesó

La despedida llega además en un momento personal particularmente sensible. Jorge Messi, padre y representante del futbolista durante buena parte de su carrera, murió el 8 de agosto. El propio Messi explicó que después de esa pérdida quedó todavía más convencido de la decisión que había tomado semanas antes.

La coincidencia temporal agrega una dimensión íntima a un anuncio que ya era emocional. Messi no solamente está cerrando una etapa deportiva. Está atravesando también un momento personal de cambios profundos. Su carta fue escrita después de la final del Mundial y permaneció guardada durante semanas. Finalmente decidió hacerla pública este lunes.

Ahora empieza otra Selección

La salida de Messi obliga también a mirar hacia adelante. La Selección tendrá que aprender a jugar sin su capitán y sin un futbolista que durante más de una década fue el centro absoluto de su estructura ofensiva. Pero hay una diferencia respecto de otras transiciones. Argentina no recibe una camiseta vacía. Recibe una camiseta que Messi deja cargada de historia. Los nuevos referentes deberán construir su propia identidad alrededor de jugadores como Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y una generación que ya demostró que puede competir al máximo nivel.

La Selección seguirá existiendo. Habrá nuevos números 10. Habrá nuevos capitanes. Habrá nuevas derrotas y nuevas celebraciones. Pero ninguno podrá ocupar exactamente el lugar de Messi. Porque los grandes jugadores se reemplazan futbolísticamente. Los símbolos, no.

El último mensaje del capitán

Messi eligió despedirse agradeciendo. A su familia. A sus compañeros. A los entrenadores. A los dirigentes. Y, especialmente, a los hinchas. También dejó claro que seguirá alentando a la Selección desde afuera. Ya no será el hombre al que todos miren antes de un partido. Será uno más en la tribuna. Uno más frente al televisor. Uno más gritando un gol.

La diferencia es que ese hincha habrá sido, durante más de veinte años, el capitán que llevó la camiseta argentina hasta los lugares que varias generaciones habían esperado alcanzar.

No se va solamente Messi

Por eso este retiro duele. Porque para los argentinos Messi no fue solamente el mejor futbolista de una época. Fue parte de nuestra vida cotidiana. Crecieron chicos viéndolo jugar con la Selección.

Hay una generación que conoció las derrotas antes que las victorias. Otra que aprendió a esperar una Copa. Y otra que directamente creció con Messi levantando trofeos. Su historia atravesó cumpleaños, reuniones familiares, madrugadas, bares, plazas, escuelas, oficinas y millones de casas. Estuvo presente cuando Argentina sufrió. Y estuvo presente cuando Argentina volvió a creer.

El Mundial de 2022 hizo que millones de argentinos pudieran contarle a sus hijos cómo se sintió ver a la Selección levantar la Copa. Messi fue el capitán de ese momento. Ahora se va. Y quizás por eso cuesta tanto escribir la última línea. Porque durante veinte años siempre quedó la sensación de que habría otro partido. Otra convocatoria. Otra Copa América. Otro Mundial. Otra oportunidad. Esta vez no.

El propio Messi decidió cerrar la puerta. Se va como campeón del mundo, bicampeón de América y dueño de los principales récords de la historia de la Selección. Se va después de haber disputado 207 partidos y marcado 125 goles. Y se va diciendo que será uno más. Pero eso tampoco es cierto.

Porque aunque desde ahora mire a la Selección desde afuera, para los argentinos Lionel Messi ya no es solamente un jugador que vistió la camiseta número 10. Es parte de la memoria colectiva de un país que durante dos décadas aprendió a vivir el fútbol alrededor suyo.

El capitán deja la cancha. La camiseta queda. Y, por primera vez en mucho tiempo, Argentina tendrá que aprender a verla sin él.

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