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31 de mayo de 2026

La obra que pudo aliviar la crisis cloacal en Mendoza quedó atrapada en los recortes nacionales

La demora de un colector estratégico para el noreste del Gran Mendoza volvió al centro del debate tras los desbordes cloacales registrados en Los Corralitos. La reestructuración de organismos nacionales y los cambios en el financiamiento de infraestructura sanitaria aparecen como parte del contexto que postergó una obra considerada clave para ampliar la capacidad del sistema.

La crisis cloacal que afecta a sectores de Guaymallén, especialmente en Los Corralitos, no se explica solamente por problemas técnicos o fallas recientes. Detrás de los desbordes, las acequias contaminadas y las calles anegadas por líquidos servidos aparece también una historia de obras demoradas, financiamiento interrumpido y cambios profundos en la política nacional de infraestructura.


Uno de los casos más relevantes es el del colector cloacal vinculado al sistema Colonia Segovia–El Paramillo, considerado una de las obras más importantes para evitar el colapso sanitario en gran parte del área metropolitana mendocina.

La infraestructura fue diseñada para ampliar la capacidad del sistema cloacal en una de las zonas que más creció demográficamente durante los últimos años. Según antecedentes técnicos y documentación oficial, parte de las obras de saneamiento proyectadas para el Gran Mendoza contaban originalmente con participación y financiamiento del entonces Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA), organismo que durante años concentró buena parte de los programas nacionales de agua potable y cloacas.

Sin embargo, la reestructuración del Estado impulsada por el gobierno de Javier Milei modificó ese esquema. La eliminación y reorganización de organismos nacionales vinculados a la obra pública y el saneamiento derivó en la revisión, reformulación o ralentización de numerosos proyectos en distintas provincias, entre ellas Mendoza.

Distintos sectores técnicos sostienen que esta situación terminó extendiendo los plazos de ejecución de obras consideradas estratégicas para evitar el colapso de redes cloacales que ya funcionaban cerca de su límite operativo.

Los Corralitos, un punto crítico

Durante los últimos meses, Los Corralitos se transformó en uno de los principales focos de conflicto sanitario del Gran Mendoza.

Vecinos denunciaron reiterados desbordes cloacales, contaminación de acequias, acumulación de líquidos servidos, malos olores permanentes y problemas ambientales que incluso derivaron en una investigación judicial.

La situación escaló al punto de que la Justicia provincial imputó a directivos de Aguas Mendocinas en una causa que busca determinar responsabilidades por presuntos vuelcos contaminantes.

Mientras tanto, especialistas en infraestructura sanitaria advierten que gran parte del problema responde a limitaciones estructurales del sistema, que fue quedando rezagado frente al crecimiento urbano experimentado en las últimas décadas.

La obra pensada para evitar la saturación

El colector Colonia Segovia–El Paramillo aparece precisamente como una de las respuestas estructurales a ese escenario.

La obra busca aumentar la capacidad de transporte de efluentes cloacales, reducir la presión sobre colectoras saturadas, incorporar nuevos usuarios a la red y disminuir riesgos de desbordes en sectores críticos del Gran Mendoza.

De acuerdo con estimaciones oficiales, más de 350 mil personas podrían beneficiarse directa o indirectamente de la ampliación del sistema sanitario.

Sin embargo, los cambios en el esquema nacional de financiamiento obligaron a redefinir prioridades, readecuar presupuestos y buscar nuevas fuentes de recursos para sostener proyectos que originalmente estaban vinculados a programas nacionales de saneamiento.

Cómo impactó una decisión nacional en Mendoza

La explicación puede resumirse de manera sencilla. Durante años, muchas obras de agua y cloacas en las provincias se financiaban mediante organismos nacionales especializados. Cuando esos programas fueron recortados, absorbidos o reformulados dentro del proceso de reducción del gasto público, varias jurisdicciones tuvieron que renegociar proyectos, redefinir presupuestos o buscar financiamiento alternativo para continuar obras consideradas esenciales.

En Mendoza, parte de los proyectos vinculados al saneamiento terminaron dependiendo de recursos provinciales, lo que implicó nuevos plazos administrativos y financieros para su ejecución.

El resultado fue que obras estratégicas para acompañar el crecimiento poblacional llegaron más tarde de lo previsto, mientras la demanda sobre la infraestructura existente continuaba aumentando.

El debate de fondo

La situación reabrió una discusión más amplia sobre el impacto de los recortes nacionales en áreas vinculadas a servicios esenciales.

Mientras el Gobierno nacional sostiene que la reducción del gasto público era necesaria para alcanzar el equilibrio fiscal, gobernadores, municipios y especialistas advierten que ciertas inversiones en infraestructura sanitaria tienen efectos directos sobre la salud pública, el ambiente y la calidad de vida de miles de personas.

El caso de Los Corralitos se convirtió así en un ejemplo concreto de cómo una decisión administrativa tomada a nivel nacional puede terminar teniendo consecuencias visibles en la vida cotidiana de una comunidad.

Hoy, mientras continúan las obras y avanzan las investigaciones judiciales por los desbordes cloacales, el debate ya excede a Aguas Mendocinas o a Guaymallén. La discusión de fondo gira alrededor de cuánto impactan los recortes en infraestructura básica y qué ocurre cuando las inversiones necesarias llegan después de que los problemas ya comenzaron a manifestarse.

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