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POLÍTICA

17 de mayo de 2026

Villarruel fue contra Petri

Villarruel llamó "playmobil" a Petri, "fantochada" a la DFI de Bullrich y expuso una interna que ya no cabe en los subtextos. Detrás de las palabras hay una crisis real en las Fuerzas Armadas, una obra social destruida y un presupuesto de Defensa que acaba de recibir otro tajo de $59.600 millones.

La interna del gobierno de Javier Milei lleva meses escalando por las redes sociales, pero el fin de semana del 15 y 16 de mayo tuvo un nuevo episodio que difícilmente se pueda catalogar como escaramuza menor. La vicepresidenta Victoria Villarruel publicó en X una serie de mensajes que apuntaban, con nombre y apellido, contra dos de las figuras más importantes del ala PRO que desembarcó en el Gobierno: el diputado y exministro de Defensa Luis Petri y la senadora y exministra de Seguridad Patricia Bullrich.


El detonante fue, como suele ocurrir, una publicación ajena. El nuevo capítulo de la disputa comenzó cuando Villarruel respondió en X a una publicación de una cuenta especializada en temas militares que denunciaba recortes presupuestarios en las Fuerzas Armadas. El mensaje era una pregunta retórica con datos concretos: Fuerza Aérea: $16.500 millones recortados; Ejército: $12.600 millones; Armada: $11.820 millones.

Villarruel no dejó pasar la oportunidad.


PETRI: DEL MINISTERIO AL BANQUILLO

"Imposible pensar en soberanía si la Defensa no puede cumplir con sus funciones básicas. El exministro Petri debe justificar el desastre cometido en los últimos 2 años. Los K destruyeron nuestra Defensa Nacional y Petri continuó el mismo sendero con un relato de reivindicación que en los hechos fue también falso", escribió la vicepresidenta.

La comparación con el kirchnerismo no es retórica menor: viene de una figura que construyó toda su identidad política sobre la reivindicación de los militares y la crítica al gobierno que los juzgó. Poner a Petri en el mismo renglón que los Kirchner —en ese contexto y con esa pluma— es un golpe político calculado.

El siguiente mensaje fue más concreto y más grave. "El diputado debe responder por el paso fraudulento en el Ministerio de Defensa que ocasionó la caída del sueldo de los uniformados así como la paralización casi total de la Obra Social que atiende a los militares y sus familias. El exministro debe dejar de preocuparse en Twitter por un 'bozal mediático' que no pedí y hacerse cargo de su espantosa gestión."

La referencia al "bozal mediático" no es al azar. El miércoles previo, Petri había hecho referencia a Villarruel a través de un posteo en X: "No conforme con que la Justicia desestimara su denuncia penal contra mi persona, la Vicepresidente Villarruel va por más." Villarruel, en lugar de bajar el tono, lo subió.

El remate llegó cuando alguien recordó el debate de vicepresidentes de 2023, donde Petri había acompañado a Bullrich como candidata presidencial de Juntos por el Cambio. Ante eso, Villarruel recordó sin anestesia: "Era un playmobil en el debate."

Petri, desde su banca de diputado, respondió defendiendo su paso por el ministerio con un argumento que, según Perfil, cayó mal en el sector castrense: "El esfuerzo que se le pide a la familia militar es el mismo que se le pide a todos los argentinos para alcanzar el déficit cero."


LO QUE HAY DETRÁS: LA OSFA Y EL PRESUPUESTO MILITAR

Los intercambios de X son el síntoma. La enfermedad es más profunda y tiene cifras verificables.

La IOSFA —que desde febrero se llama OSFA— pasó de tener un superávit de $25.000 millones a acumular un rojo financiero superior a los $300.000 millones. Eso repercutió en la suspensión de prestaciones básicas, falta de insumos y demoras en la provisión de medicamentos oncológicos e insulina.

La descripción que hace Perfil del estado actual de las Fuerzas Armadas es la de una institución vaciada desde adentro mientras el gobierno exhibe F-16 como trofeos de campaña: la motosierra fiscal dejó unas Fuerzas Armadas en una situación límite en términos operativos, con salarios tan pulverizados por la inflación que muchos soldados dependen de la comida de los cuarteles para sobrevivir.

El recorte de esta semana afectó incluso las partidas de "bienes de consumo", que significa menos comida en los regimientos, menos combustible para que los tanques y camiones puedan moverse, aunque sea para entrenamiento básico.

Y el contexto presupuestario completa el cuadro: las Fuerzas Armadas no pudieron evitar un recorte presupuestario que en los primeros cálculos llega a $59.600 millones, que se desprende del ajuste dispuesto por el Poder Ejecutivo a través de la Decisión Administrativa 20/2026. La misma decisión que recortó $63.000 millones en Salud también rebanó casi $49.000 millones del Ministerio de Defensa en su totalidad.

El mendocino —Petri—, más preocupado por el perfil mediático y la proyección política, dejó una cartera en ebullición y un gasto en defensa que sigue estancado por debajo del 0,6% del PBI.


BULLRICH Y LA "FANTOCHADA" DEL DFI

Los ataques de Villarruel no se detuvieron en Petri. La otra destinataria fue Patricia Bullrich, hoy jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, mediante una crítica a su creación más ambiciosa en materia de seguridad.

En junio del año pasado, Bullrich junto al presidente Milei anunciaron la reconversión de la Policía Federal en una fuerza dedicada a la investigación criminal, el narcotráfico y el terrorismo, en reflejo a "los estándares del FBI" de Estados Unidos. El nuevo organismo se llamó Departamento Federal de Investigaciones (DFI).

"Crítica situación de la Policía Federal Argentina en el ámbito de la salud. El Hospital Churruca destruido, los sueldos por el piso, la creación de la DFI que es una fantochada", respondió la vicepresidenta ante una publicación sobre la obra social policial. Y cerró con una frase que abarca más que el DFI: "En síntesis, el Estado en distintos gobiernos intentando extinguir a nuestra Policía Federal."

La mención al Hospital Churruca tiene su propia historia de deterioro. El hospital de la Policía Federal, uno de los más importantes de la Ciudad de Buenos Aires en términos de complejidad, arrastra hace años una crisis de infraestructura y de recursos humanos que ninguna gestión resolvió. Villarruel la usó como argumento contra el modelo de seguridad de Bullrich: cambiar el nombre de la institución —de PFA a DFI— sin resolver los problemas estructurales de los agentes que la componen.


EL TRASFONDO POLÍTICO: DOS AÑOS DE TENSIÓN ACUMULADA

El trasfondo de la pelea remite a los primeros días de la gestión Milei. Villarruel aspiraba a tener mayor influencia sobre las áreas de Defensa y Seguridad, dos temas centrales en su construcción política. Sin embargo, ambos ministerios quedaron en manos de dirigentes alineados con Bullrich y el PRO tras el acuerdo electoral que selló el respaldo de Juntos por el Cambio a Milei para el balotaje de 2023.

Ese acuerdo, que le dio al gobierno la gobernabilidad que necesitaba para arrancar, dejó a Villarruel con la vicepresidencia pero sin los ministerios que le importaban. La tensión fue creciendo de manera inversamente proporcional a la influencia real de la vicepresidenta en las decisiones del Ejecutivo. Hoy se expresa en tweets nocturnos con adjetivos de diccionario político: "playmobil", "fantochada", "espantosa gestión", "fraudulento".

El ala que responde a Karina Milei y Lule Menem —donde se ubica Villarruel en términos de afinidad política interna— y el ala PRO que representa Bullrich-Petri llevan más de un año disputando terreno en los ministerios, en las listas electorales y en los bloques legislativos. La diferencia ahora es que la disputa ya no se canaliza por los mecanismos habituales de la política interna: se resuelve, o más bien se expone, en X, a la vista de todos, en tiempo real.


LA RESPUESTA QUE NO LLEGA

Ni Petri ni Bullrich respondieron con la misma dureza. Petri se limitó a defender su gestión con el argumento del "esfuerzo compartido" que le costó más de lo esperado. Bullrich no contestó públicamente sobre la caracterización del DFI como "fantochada".

El silencio oficial también es elocuente. El diputado nacional Agustín Rossi, que como exministro de Defensa conoce los recovecos del presupuesto militar, apuntó: "El ministro militar es responsable. No solo no frena los drásticos ajustes que Milei está haciendo, sino que es su brazo ejecutor." Y se lamentó por la destrucción del FONDEF, una herramienta de inversión y reequipamiento, "para pagar gastos corrientes o simplemente para recortar".

La oposición dice lo mismo que Villarruel pero desde el otro lado del espectro. Eso da la pauta de cuánto se deterioró la situación real de las Fuerzas Armadas: cuando la vicepresidenta del gobierno y la oposición diagnostican el mismo problema, el problema existe con independencia de quien lo señale.

Lo que el cruce del fin de semana dejó al descubierto no es solo una interna con adjetivos pintorescos. Es la factura política de haber prometido reivindicar a las Fuerzas Armadas y haberlas sometido a dos años de ajuste mientras se compraban F-16 para las fotos. Y también la factura de haber incorporado al gobierno a una aliada —Bullrich— y haberle dado los ministerios que otro sector del mismo oficialismo consideraba propios. Las palabras ya están dichas. El daño político, también.

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