POLÃTICA
6 de mayo de 2026
El ocaso de los ídolos: Milei y Caputo rompen el espejo de Cavallo para negar el fantasma del corralito
En una fractura que redefine la genealogía liberal en Argentina, el Gobierno lanzó una contraofensiva feroz contra el "padre de la convertibilidad". Entre acusaciones de "resentimiento" y reproches por la confiscación de depósitos en 2001, la gestión libertaria busca despegarse de las críticas técnicas de Domingo Cavallo, calificándolo de "expropiador serial" para blindar el actual esquema de ajuste ante la mirada de los mercados.
El ecosistema de la ortodoxia económica argentina acaba de detonar desde sus cimientos. Lo que durante la campaña electoral se presentaba como un vínculo de respeto —e incluso de admiración explícita por parte de Javier Milei hacia la figura de Domingo Cavallo— se transformó en las últimas horas en una guerra abierta de descalificaciones personales y revisionismo histórico. El detonante no fue una crítica de la oposición, sino la advertencia técnica de quien fuera el máximo referente del liberalismo en los años 90.
Cavallo, cuya palabra suele ser ley en los círculos financieros, puso el dedo en la llaga de la gestión actual al calificar a Luis Caputo como un "trader". Según el exministro, el titular del Palacio de Hacienda carece de una teoría económica sólida y se mueve con el pulso errático de un operador de mercado: "Enfoca por un lado y, si no sale, va por el otro", sentenció. La crítica apunta al corazón de la credibilidad oficialista: la supuesta falta de un plan de estabilización integral y la dependencia de maniobras financieras cortoplacistas.
La furia de Caputo y el "archivo" como arma de defensa
La reacción de Luis Caputo abandonó cualquier protocolo diplomático. El ministro apeló al golpe emocional y al pasado reciente para anular la validez de los argumentos de su antecesor. "Si hay resentimiento, tratá de que no se note", disparó a través de sus redes, para luego recordarle el episodio más traumático de la historia económica moderna del país: el corralito de 2001.
Caputo acusó a Cavallo de haber hecho un "culto de violar la propiedad privada", comparando la complejidad de la herencia recibida por la actual gestión con la que enfrentó el exministro de la Alianza. El argumento del Gobierno es claro: Cavallo no tiene autoridad moral para criticar "maniobras" cuando su gestión terminó con la confiscación de los ahorros y la creación de impuestos distorsivos, como el gravamen al cheque, que aún hoy asfixia la economía argentina.
Milei y el parricidio político en las redes
El cierre de la descarga de artillería llegó por parte del propio Javier Milei. En un ejercicio de equilibrio discursivo, el Presidente se sumó a los ataques para marcar una frontera definitiva con el modelo de los 90, a pesar de que gran parte de su gabinete son herederos directos de aquella escuela. Al citar críticas del economista Felipe Núñez, Milei listó lo que llamó los "pecados" de Cavallo: el Plan Bonex, la nacionalización de deuda privada y la presión impositiva asfixiante.
Para Milei, el modelo de Cavallo —a quien antes consideraba el mejor ministro de la historia— representa ahora "décadas de violación sistemática a la propiedad privada". Esta ruptura no es solo semántica; es una necesidad política. En un contexto de crisis social y tensión financiera, el Gobierno necesita convencer a su audiencia de que este ajuste, a diferencia del de 2001, tiene un norte distinto. Sin embargo, la virulencia de la respuesta oficial deja traslucir una inquietud de fondo: el miedo a que las advertencias del "padre de la criatura" terminen erosionando la confianza de los inversores en el corto plazo.
