POLÍTICA
18 de marzo de 2026
Mansur a Montero: "un ministro que de esto no entiende nada"

Horas después de que el ministro de Salud Rodolfo Montero anunciara el cierre inminente de la maternidad del hospital Saporiti de Rivadavia, el intendente Ricardo Mansur convocó una reunión de urgencia con las autoridades del hospital y salió a desmentirlo públicamente con un comunicado directo a los vecinos. La maternidad no se cierra, dijo. Y aprovechó para cruzar al ministro con una frase que resume el conflicto político detrás del debate sanitario: "Un ministro que de esto no entiende nada porque es un economista." Lo dijo un intendente que acaba de perder las elecciones de febrero y que sabe que esta batalla vale mucho más que una maternidad.
El anuncio de Rodolfo Montero del martes no tardó ni veinticuatro horas en generar una respuesta institucional desde el propio departamento. El intendente de Rivadavia, Ricardo Mansur, convocó de urgencia al director del hospital Carlos Saporiti, el doctor Francisco Boato, a la subdirectora Magali Cozzari y al médico Julio Puglio Sánchez, y después de esa reunión salió con un comunicado dirigido directamente a los vecinos del departamento. La maternidad del Saporiti no se cierra. Lo dijo así, sin matices ni eufemismos. Y agregó algo que en el contexto político de la Zona Este tiene un peso específico muy particular: "Lamento que un ministro que de esto no entiende nada porque es un economista."
Para entender por qué Mansur salió con tanta energía a defender la maternidad hay que leer el contexto político en el que lo hace. El intendente de Rivadavia acaba de sufrir una derrota electoral en las elecciones municipales de febrero, donde la alianza entre La Libertad Avanza y Cambia Mendoza se impuso con claridad. Como consecuencia de esa derrota, todo el gabinete municipal puso su renuncia a disposición. Mansur llega a este conflicto políticamente debilitado y necesita esta batalla para recuperar capital político frente a sus vecinos. La maternidad del Saporiti no es solo un servicio de salud para él: es la bandera con la que quiere demostrar que sigue siendo el que defiende a Rivadavia cuando el Gobierno provincial avanza sobre sus recursos.
La frase de Mansur condensa en pocas palabras la tensión que existe desde hace más de dos años entre el Ministerio de Salud provincial y el municipio de Rivadavia sobre el futuro de la maternidad del Saporiti. Montero tiene los números de su lado: un parto cada tres días, 10% de ocupación en maternidad y 90% en salud mental en el mismo hospital. Mansur tiene a los vecinos del departamento de su lado: un departamento que ya protagonizó una pueblada en abril de 2024 cuando el Gobierno intentó avanzar con la misma iniciativa y que hoy volvió a encenderse apenas el ministro volvió a hablar del tema. Y esa resistencia vecinal no es nueva ni está limitada a la maternidad: Rivadavia ya perdió en los últimos años la fiscalía local y el servicio de ambulancias en los distritos por recortes provinciales. El cierre de la maternidad no sería la primera vez. Y los vecinos lo saben.
Lo que acordaron en la reunión de urgencia tiene un diseño concreto. De lunes a viernes, en el turno mañana, el hospital continuará atendiendo a todas las vecinas que requieran el servicio de maternidad. Las cesáreas quedan programadas para los días lunes y martes, en cumplimiento de las normas CONE que el propio Ministerio exige para cualquier intervención obstétrica. Para los casos que excedan la capacidad del Saporiti, el esquema de derivación al hospital Perrupato de San Martín —ubicado a casi 20 kilómetros— continuará funcionando como hasta ahora. "Se van a mejorar las redes para cuando no tengamos los servicios para cumplir con quien lo necesita, sea trasladada al hospital Perrupato de San Martín, como se hace actualmente", explicó el intendente.
Hay un detalle de la reunión que agrega una capa política a este conflicto que va mucho más allá de lo estrictamente sanitario. Magali Cozzari, la subdirectora del Saporiti que participó de la mesa de urgencia convocada por Mansur, no es solo una funcionaria del hospital: fue la cabeza de lista de La Libertad Avanza y Cambia Mendoza en las elecciones municipales de febrero, la candidata que encabezó la alianza que derrotó electoralmente al propio Mansur hace apenas tres semanas. Es decir: la misma persona que lidera en términos electorales al bloque que venció al intendente participó de la reunión en la que ese mismo intendente anunció que frenó al Ministerio de ese mismo bloque. Una paradoja política que el municipio no comentó pero que en la política del Este mendocino no pasó desapercibida.
El conflicto entre Mansur y Montero no es nuevo. En abril de 2024, cuando el Gobierno provincial intentó avanzar con la primera reestructuración de la maternidad, fue el intendente quien convocó la mesa de diálogo que terminó frenando el proceso. El director del hospital Pagella dijo entonces "en el Saporiti nadie va a cerrar absolutamente nada" y la subsecretaria Copparini rechazó la citación del Concejo Deliberante para dar explicaciones. Dos años después, la historia se repite casi en los mismos términos, con los mismos protagonistas y con un dato que ninguno de los dos bandos puede ignorar: los números de la maternidad no cambiaron en absoluto desde aquella pueblada. Sigue siendo un parto cada tres días. Sigue siendo el 10% de ocupación. Y sigue siendo el 90% en salud mental.
Lo que cambió es el contexto político. Mansur llega a esta pelea con menos poder que en 2024 pero con la misma capacidad de movilizar a su comunidad. Montero tiene la lógica sanitaria de su lado pero no tiene los votos ni el capital político para imponerse sobre un intendente que ya demostró que sabe cómo detener una decisión provincial cuando sus vecinos se ponen detrás. El choque entre los dos no es solo un debate sobre maternidades: es una disputa de poder entre el gobierno provincial y el gobierno municipal en un departamento que en 2027 va a ser escenario de una elección que ninguno de los dos quiere perder.
La maternidad del Saporiti, por ahora, no se cierra. Mansur lo dijo hoy. Montero no respondió. Y Rivadavia escuchó, por segunda vez en dos años, que el servicio que le importa va a seguir funcionando. Hasta la próxima vez que alguien vuelva a ponerlo en duda.
