POLÍTICA
23 de febrero de 2026
Macri la voz de los neoliberales: "el problema es que los pobres quieran más"

El expresidente generó un fuerte repudio al afirmar que un pobre vive "mejor que un rey de hace 100 años" y que el problema reside en la "locura" de aspirar a más. Un análisis sobre la visión neoliberal de la meritocracia y la resignación de clases.
Por: Que tal tu día
En una reciente intervención que ha sacudido el tablero político y social este febrero de 2026, Mauricio Macri ha dejado al desnudo el núcleo duro del pensamiento neoliberal contemporáneo. Con una narrativa que busca relativizar la urgencia de la crisis social, el exmandatario no solo minimizó la privación material, sino que señaló al deseo de progreso de las clases populares como una anomalía psicológica.
Los textuales del escándalo
Sin eufemismos, Macri trazó una comparación histórica que ignora las métricas modernas de desigualdad:
“El mundo está cada día mejor. Y un pobre de hoy vive igual o mejor que casi un rey de hace 100 años, porque tiene cloaca, tiene agua corriente, tiene acceso al transporte público y a la educación pública... en los lugares donde las cosas funcionan, ¿no?”
La frase, que remite a la teoría del "derrame tecnológico", intenta instalar la idea de que la existencia de servicios básicos —incluso cuando son precarios o inexistentes en vastas zonas del país— compensa la pérdida de poder adquisitivo y la exclusión del sistema de consumo.
La "locura" de querer progresar
Sin embargo, el punto más polémico de su discurso fue la condena a las expectativas de las clases bajas. Para Macri, la insatisfacción social no nace de la injusticia distributiva, sino de una supuesta falta de objetividad emocional de los sectores vulnerables:
“Es una locura correr detrás de lo que vos creés que deberías tener. Y no somos muy objetivos los seres humanos; siempre creemos que nos corresponde más y que nos deberían decir que somos más lindos, más inteligentes, más fuertes de lo que realmente somos”.
Desde esta perspectiva, el neoliberalismo no ve a la pobreza como una falla del sistema económico, sino como un estado que debería ser aceptado con gratitud. Al calificar de "locura" el deseo de ascenso social, se intenta disciplinar la ambición del trabajador, sugiriendo que cualquier reclamo por una vida mejor es, en realidad, un desvarío narcisista.
El ADN de la clase dominante
Analistas y portales de noticias han coincidido en que estos dichos no son un error de comunicación, sino una definición de principios. La lógica del "patrón" se hace presente: una sociedad dócil es aquella que no cuestiona la brecha entre su realidad y la opulencia de las élites, conformándose con estándares de vida que el progreso técnico ha vuelto básicos.
Mientras los indicadores de pobreza se mantienen en niveles críticos, este discurso busca desplazar la responsabilidad de la política hacia la psicología individual. No es el salario el que es bajo; es la expectativa la que es "demasiado alta".
