ECONOMÍA
11 de marzo de 2026
El cementerio de persianas bajas: el modelo Milei ya se cobró 21 mil empresas y 300 mil empleos

Detrás del relato oficial de la macroeconomía saneada, los datos del sector real exponen una hemorragia productiva sin precedentes. La industria y la construcción lideran un ranking de destrucción que sitúa a la Argentina entre los países con mayor retroceso fabril del mundo.
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Hay momentos en la historia económica de un país en los que las estadísticas dejan de ser simples números para convertirse en un espejo incómodo. Argentina atraviesa hoy uno de esos trances. Mientras el discurso oficial se regocija en el superávit fiscal y la "motosierra" como valores absolutos, el tejido productivo nacional —ese que sostiene el día a día de millones de personas— muestra signos de una parálisis que ya se traduce en cierre masivo de empresas y una destrucción de empleo formal que evoca los peores fantasmas de nuestra historia reciente.
Los datos, relevados por informes de la UBA, CEPA y diversas cámaras empresarias, son gritos en medio del silencio del ajuste: desde noviembre de 2023, la Argentina perdió 21.938 empleadores registrados. No es un reacomodamiento del mercado; es una amputación. Casi 291.000 puestos de trabajo formales se esfumaron en el mismo periodo. Cada persiana que baja es un taller, un comercio o una fábrica que deja de latir, arrastrando consigo el sustento de familias enteras.
La industria y la construcción: el epicentro del sismo
La parálisis de la obra pública no fue solo una decisión administrativa; fue un golpe al corazón de un motor intensivo en mano de obra. La actividad de la construcción se desplomó un 14,1% entre 2023 y 2025. El efecto dominó es total: sin obras, no hay demanda de cemento, de logística, ni de esos pequeños contratistas que dinamizan las economías locales.
Pero el dato que verdaderamente enciende las alarmas estructurales proviene de las fábricas. Según la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la industria perdió cerca de 100.000 empleos desde que comenzó la gestión actual. El ritmo es de una crueldad matemática: 160 puestos industriales menos por día. La participación del sector manufacturero en el PBI cayó del 16,5% al 13,7%, un retroceso que nos desdibuja como país con tradición industrial.
A nivel global, el desempeño argentino es tristemente destacado. Un análisis basado en datos de la ONU ubica a la producción manufacturera local con una caída del 7,9%, posicionándonos como el segundo peor desempeño industrial del mundo en este lapso, apenas superado por Hungría.
El mapa del frío: de las pymes a las provincias
El fenómeno no entiende de geografías, aunque las golpea a todas. En Santa Fe, por ejemplo, cierran un promedio de tres empresas por día. El cierre de firmas se concentra con especial saña en las pymes y en emprendimientos jóvenes, aquellos que no tienen la espalda financiera para resistir la combinación de caída de ventas y tarifazos.
Lo que el Gobierno presenta como una "transición necesaria hacia la eficiencia", para el pequeño empresario y el obrero calificado se siente como una película que ya vieron y cuyo final siempre es el mismo: apertura importadora indiscriminada, enfriamiento del consumo interno y una concentración económica donde solo sobreviven los más aptos... o los más grandes.
Cuando un país pierde sus empresas, pierde conocimiento acumulado y capacidad de respuesta futura. Detrás de la "libertad económica" que se pregona desde los atriles, la realidad de la calle muestra una Argentina que se apaga, local por local, fábrica por fábrica. La economía ha dejado de ser una teoría de pizarrón para convertirse en el drama cotidiano de miles de argentinos que hoy ven cómo su fuente de trabajo es, simplemente, una estadística más del ajuste.
