MUNDO
8 de marzo de 2026
El “Escudo de las Américas”: la peligrosa arquitectura militar que busca subordinar la región a Washington

La alianza estratégica entre Javier Milei y Donald Trump se materializa en una nueva coalición militar regional. Bajo la premisa de combatir el narcotráfico y las influencias extranjeras, el “Escudo de las Américas” se perfila como una estructura de intervención diseñada para asegurar la hegemonía estadounidense, relegando la soberanía de los países latinoamericanos a un segundo plano.
El reciente anuncio del llamado “Escudo de las Américas”, presentado en Miami por el gobierno de Donald Trump, no es solo un acuerdo diplomático más; es el diseño de una nueva arquitectura militar diseñada desde Washington para reorganizar la seguridad de todo el hemisferio. En una alineación absoluta con este proyecto, el presidente Javier Milei, durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso el pasado 1 de marzo, calificó esta relación como una “alianza estratégica duradera”, subrayando una supuesta afinidad cultural y de objetivos que, casualmente, resuena palabra por palabra con los discursos de los funcionarios del ala dura de la Casa Blanca.
¿Seguridad regional o brazos ejecutores?
La propuesta, definida por Trump como una coalición para erradicar cárteles, pandillas e “influencias extranjeras hostiles” —un claro eufemismo para apuntar a China—, presenta contradicciones flagrantes desde su génesis. A pesar de hablar en nombre de “todo el hemisferio”, a la reunión solo asistieron 12 de los 34 países de la región. La ausencia de potencias regionales y vecinos clave como México, Colombia o Brasil no es un dato menor: los invitados fueron seleccionados bajo un criterio de estricta afinidad ideológica con la derecha y extrema derecha.
Más allá de la retórica de lucha contra el crimen organizado, las declaraciones de Trump dejan entrever objetivos mucho más ambiciosos y preocupantes:
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Intervencionismo: El uso de comparaciones difusas, como equiparar a cárteles con el Estado Islámico, abre la puerta a que los ejércitos nacionales sean utilizados para perseguir organizaciones políticas opositoras bajo el rótulo de “terroristas”.
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Aventuras militares: La mención explícita sobre encargarse de Cuba y Venezuela, bajo el aval de los mandatarios presentes, plantea un escenario de injerencia directa en la política interna de naciones soberanas.
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Trabajo sucio: En la práctica, Estados Unidos busca que las Fuerzas Armadas locales realicen las tareas que Washington considera necesarias para sus intereses estratégicos, desde la gestión de la migración hasta el control de recursos y puntos geográficos vitales, como el Canal de Panamá o, implícitamente, zonas de interés en el sur del continente.
Un déjà vu histórico: la sombra de la JID
El “Escudo de las Américas” no es una invención original, sino un eco modernizado de la Junta Interamericana de Defensa (JID) creada en 1942. En aquel entonces, bajo la excusa de la seguridad continental tras Pearl Harbor, el Pentágono consolidó una cadena de mando donde las FFAA latinoamericanas debían subordinarse a los objetivos políticos de Washington.
Para la Argentina, esto evoca la etapa más oscura de sumisión militar, donde incluso se permitieron misiones permanentes de militares estadounidenses dentro del Ministerio de Defensa, una estructura que fue desmantelada décadas después. Hoy, el riesgo es volver a esa lógica de “total identificación” con los intereses imperiales, incluso cuando estos operan en detrimento del beneficio nacional y sin el debido debate en los congresos nacionales.
La dirección del proyecto ha quedado en manos de Kristi Noem, conocida por su postura radical en seguridad, lo que termina de configurar un mapa donde la cooperación regional soberana, que supo consolidarse durante las primeras décadas del siglo XXI bajo modelos como UNASUR, es reemplazada por una arquitectura diseñada para blindar la hegemonía estadounidense ante su declive global.
